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Darte por vencido ni aún después de la fecha de vencimiento

¿Pero vos nunca te das por vencida?
Sí, a veces, como todos. Pero me reconozco una tozudez increíble y probablemente heredada de mis bisabuelos maternos vasco franceses.

Soy capaz de buscar una aguja en un pajar, y si no la encuentro —cosa probable— sentirme por lo menos orgullosa de haberlo intentado.

Claro que sí, que me decepciono si no encuentro. Que lloro, pataleo, y que muerdo el polvo como la canción de Queen.

La venganza del carrito

Vuelos baratos a casi cualquier destino de Europa viene siendo un asunto de regodeo casi paradisíaco para todos los viajeros. Corren los rumores que se puede viajar por la módica suma de una libra esterlina más impuestos, y a veces es cierto. Solamente hay que saber buscar y tener mucha –mucha- paciencia, no sólo para encontrar el vuelo, sino para viajar también.

La semana pasada emprendimos un viajecito con mi hija (3) de Londres a Barcelona Reus por Ryanair. Existe la opción de hacer check in online- creo que ahora todas las aerolíneas tienen “y obligan” a sus pasajeros a hacer el check in de esa manera- con lo cual además de ahorrarse el papel e impresión de tickets – porque uno debe imprimir el ticket en casa- se ahorra- supuestamente- tiempo. En mi caso puedo hacer el trámite en casa pero indefectiblemente tengo que ir al aeropuerto a facturar el carrito de mi hija.

En Londres Luton no hubo ningún problema, pude hacerlo rápidamente y luego de comer algo nos dirigimos a la puerta de embarque. No sé exactamente por qué motivo me demoré y llegué última para subir al avión. Tengo ese pequeño problema de llegar siempre temprano a todos lados y terminar siendo la ultima de la fila…

Votaciones en UK

Hoy se desarrollaron las votaciones en UK. Con total tranquilidad.
Parece un titulo de ficción a decir verdad pero nunca participé de elecciones tan tranquilas como las británicas (nótese que este post fue escrito pre-BREXIT).

Tal vez y a raíz del vestigio de mi memoria cuando clickeo en mi disco rígido la palabra elecciones automáticamente me digo a mi misma: salí con tiempo, puede ser que no estés en los padrones, la gente se desespera por entrar, seguramente habrá una cola de 200 metros, que el cuarto oscuro, pueden faltar boletas, patatín y patatán, entre otras tantas jugarretas que mi cerebro dispara sin piedad.

En síntesis mis suposiciones son vanos desgastes mentales que remiten a una época pasada y lejana. Aquí se entra tranquilamente —reitero—, tranquilamente. Yo saco mi pasaporte y lo ofrezco a los fiscales de mesa. No hace falta, con solo decir el nombre y dirección alcanza. ¿Cómo? Insisto, levanto mi pasaporte en alto para que no duden de mi identidad. ¡Que no! ¿Que alcanza con mi palabra? Con la mía o con la de todos? 

Prosigo, luego me dan una boleta (una y solo una) donde figuran todos (TODOS) los partidos por los que puedo optar. Entro a una cabinita parecida a las de teléfonos del interior de un bar, de madera, y que tiene por solo efecto tapar la mano y nada más que la mano cuando haga una crucecita en el candidato de mi preferencia. ¿Una crucecita? Si, una crucecita ¡en lápiz! Simple grafito borrable con goma escolar.

Con el auge de tantos partidos “nacionalistas” y pro salida de la EU mis opciones como extranjera no son muchas. Aún así siempre encuentro algo que me satisfaga.

Doblo la boleta —sin sobres, pegamentos, firmas ni nada que se le parezca— la meto en una caja cerrada y ¡listo!

Hasta me saludan al salir. Si parezco la marinerita…

En primer lugar elogio el ahorro de recursos, desde la cabinita telefónica hasta el uso del papel que se resume al uso de una sola boleta,  ¡cuantos árboles hemos salvado!

Esto es algo que me hizo pensar: ¿Tal vez yo siga siendo una de las pocas personas que aun creen en el valor del voto?

Una gran amiga en Argentina que participa activamente en política desde tiempos inmemorables me dice que no vota. Dice que no cree en las votaciones, y si ella lo dice…

En mi caso tengo que seguir creyendo en mi pequeño y gran derecho a elegir. Lamentablemente se puso de moda también en el Reino Unido la charlatanería, la corrupción y el pago de hipotecas personales con fondos públicos.

No quiero dejar pasar otra aclaración final y es que los días de votación no son días de asueto o feriados nacionales. Claro, ¿porque habrían de serlo si se puede votar cómodamente en tan solo cinco minutos? No hay grandes motivos para quedarse pensando dentro del cuarto oscuro tampoco, como ocurre generalmente en nuestros pagos, porque dudo que alguien decida su voto en los últimos dos minutos, si además recibimos las plataformas por correo en nuestra casa, con lo que las leo ‑sí, las leo, y pienso qué es lo que conviene—. Elijo y listo. ¿Fácil no?

Hasta la próxima.

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Mi argentinidad no pasa por las “y”

No sé si alguna vez les habrá ocurrido que cuando conocen a alguien y se entera que somos argentinos empiezan a hacerse los graciosos imitando la forma en la que hablamos. A mí me ocurrió en reiteradas ocasiones y sinceramente deja delante de mis ojos a una persona patética. Es como si yo me pusiera a imitar los sonidos del campo cada vez que veo un pajarito volar por mi jardín, o a rugir cuando veo al tigre en el zoológico. Me imagino lo que pensarán el pajarito y el tigre en cuestión y no me gusta el papel en el que me veo.

Es bien sabido que todos los países de habla hispana tenemos distintos acentos —entre tantas otras ricas diferencias— y eso a mi entender es un valor a rescatar y aquello que nos hace únicos.

Mi argentinidad de todos modos no pasa por las “Y” tajantes ni las “LL” que no suenan a “iuvia”. Y aunque en general conservo mi acento casi intacto luego de haber emigrado hace muchos años, a veces —y sólo para que mi interlocutor me interprete sin lugar a dudas— no me inmuto en pronunciar una “LL” como manda la Real Academia Española. ¿Soy menos argentina por eso? Yo creo que no.  Hace un tiempo participaba en un programa de radio dirigido a la comunidad latinoamericana en el Reino Unido y me podían escuchar diciendo Timanfaia en lugar de TimanfaYa.

Sé que por esto me crucificarían en Argentina. Escucho los: ¡Ah! Se te borró el acento de tanto vivir afuera.

¡Hola!

Te doy la bienvenida a Sapo de otro pozo - Argentinos en Londres, la WEB que armé en el año 2001, encendiendo la luz cuando todavía estaba apagada. 

Sapo de otro pozo es mi reflejo, el tuyo, y el de muchas personas que, por alguna u otra razón, emigramos —en principio a Londres, después al charco que hayamos decidido saltar—, que sueñan con emigrar, que se adaptaron (o no), que se quedaron, (o no), que se mueren por VOLVER, o no...   

En tiempos de Internet masiva y sálvese quien pueda, me gusta pensar que Sapo de otro pozo, como el tango de Discépolo, es un poco la Biblia y el calefón, pero de este lado del charco.

Emigrar es partir pero, también compartir y aprender un poco todos los días de nuestros aciertos y errores.

Contame tu experiencia, y yo, de paso, te voy contando la mía.

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