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El sentido de las cosas que hacemos

Hoy es uno de estos días en que te das una palmada en la espalda y te decís que todo va a estar bien. A pesar de ver noticias en el diario, los videos en Youtube, los posts en Facebook en dónde dice que todo va a ir muy mal. 

Cada cual tira para su lado y hay gente que todavía piensa que todo va a mejorar si se divide, se mata, se acorrala, se obliga, se despide, se hecha, se pone mano dura sobre lo que consideran blando.

Yo no puedo dejar de ver los colmillos enormes detrás de sus sonrisas, y el signo monetario en sus pupilas dilatadas.

Hoy también me levanté preguntándome si lo que hago vale la pena. Si le importa a alguien. Si tiene sentido.

Ahora sé la respuesta. Sea feliz, no joda al prójimo. 

Día de la mujer. Por qué lo seguimos 'festejando'

Día de la mujer. Hoy iba en el tren leyendo el diario y salía la típica noticia de por qué es necesario que haya un día de la mujer, dando un brevísimo punteo de las situaciones de desigualdad que todavía siguen ocurriendo en el Reino Unido.

Es un tema que no da para debate, la diferencia es real.

Estaba recientemente hablando con mi hija acerca de esta situación y entonces pregunté en vos alta a manera de pensamiento: ¿Cuándo habrá comenzado esta situación en la que un sexo se puso por encima del otro?

Ahí ambas empezamos a responder. ¿Habrá sido en la época del hombre de Neanderthal? ¿En la del hombre de Cro-Magnon? Silencio.

¿Habrá comenzado con los monos? pregunté, a lo que ella me respondió: Nahhh, los monos no tienen esos problemas... dándome a entender que ni siquiera los monos son tan primitivos. Y las dos nos reímos.

Cocina terapéutica de Doña Petrona

 

Siempre me gustó cocinar pero descubrí su ayuda terapéutica hace poco.

Vísperas de días festivos y cumpleaños con mucho frío parecieran ser el día ideal para cocinar unos brownies. Últimamente se me dio por querer aprender a cocinar todo tipo de postres y delicias por lo que mi casa se convierte bastante seguido en un desfile de manjares –algunos buenos, otros no tanto. Entonces cuando quiero relajarme o sencillamente olvidarme de algún asunto pongo toda mi bronca en la receta que haya decidido concebir como si fuera mi muñequito de plastilina donde soltar esas angustias, temores, remordimientos, culpas y padeceres varios.

Entre la supervivencia y la felicidad

Siempre me llamó la atención la gente que recauda fondos para organizaciones de beneficencia en la calle. Funciona muy bien en Inglaterra. Se los ve muy motivados persiguiendo a quiénes pasan, les sonríen desde lejos y luego se aproximan. Saben cómo llamar la atención en pocas palabras.

En general, les huyo en cuanto los veo, no los entiendo mientras pienso para mí misma ¿a quien se le puede ocurrir donar dinero en la calle? Dejar los datos de su tarjeta de crédito a estos chicos divertidos que nos sacan una sonrisa en medio de marchas mundanas. Por otro lado apoyo –aunque sea mentalmente- a toda organización de beneficencia que haga cualquier esfuerzo por salvar el medio ambiente, los animales en peligro de extinción, los niños con hambre, mujeres maltratadas, etc.

Pero hoy fue mi turno, no lo pude evitar. Mientras esperaba en la puerta de un teatro en la zona de Leicester Square se me acercó un chico de remera naranja y carnet en la mano. Ya había huido avidamente un rato antes de otros dos que habían querido atraparme en la vereda de enfrente. Me preguntó que cómo estaba e inmediatamente me mostró una foto de un tigre de bengala. En extinción, me dijo, sólo quedan 3200 en el mundo. íEso es poco! pensé para mis adentros, lo sabía, pero no pensaba que eran tan pocos…

¿A vos también se te dio por escribir cuando emigraste? Tal vez, como yo, ya escribías desde antes, y recién cuando saltaste el charco te diste permiso para hacerlo con mayor libertad. O puede que seas de los que nunca había pensado en hacer un blog y con el boom de los medios sociales se dio la posibilidad casi sin pensarlo. O, sos de los que todavía no se anima pero se muere de ganas de hacerlo.

No importa cuál sea tu historia, lo importante es que hoy nos encontramos a través de esta página y eso es bueno.

Primero porque corroboro que volver a escribir (había dejado de hacerlo durante un tiempo por razones que no vienen al caso) tiene un sentido, y segundo porque escribir es una de las mejores formas de canalizar lo que nos ocurre.

Muchas veces al ver plasmadas en la computadora mis aventuras y desventuras les pierdo el miedo, me muero de risa o dejo de quejarme. Maravilloso es el efecto que produce esta costumbre y, si no lo intentaste todavía, te lo recomiendo. 

Todos vivimos situaciones que si las miramos desde afuera pueden ser mejores que una película de Fellini, e incluso objetos de inspiración que están ahí para ayudarnos a traducir en palabras lo que nos está pasando.  

Ya no sé ni cómo ni cuándo ni donde comencé este plasmar de sentimientos, sensaciones, sueños y esperanzas que, con el tiempo, se transformarían en canciones, escritos, cuentos y otras ocurrencias. 

Tal vez hayan sido mis primeros poemas dedicados al mas grandilocuente amor adolescente o mejor aún la canción para el niño Jesús que escribí mientras iba a catecismo. Pudo haber sido también esa novela con alma de folletín que di por llamar Rebecca de la cual me quedan unas hojitas muy pequeñas escritas a máquina que creí que se habían extraviado con el paso del tiempo y volví a encontrar hace unos dos años.  

Rebecca era una esclava negra que se enamoraba del hijo del patrón, quedaba embarazada de su amor prohibido y huían juntos. Aunque poco probable les escribí un final feliz. En mi fulgor adolescente no podía pensar todavía en finales tristes. Supongo que las novelas brasileras de la época me habrán inspirado también a mí, y bastante.

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