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Brexit: Siamo fuori

Ya te fuiste una vez. O varias. Es lógico que no quieras volver a repetirlo, sobre todo si todavía estás recuperándote de la primera, que suele ser la más difícil de cicatrizar.

BREXIT.

Hoy se cierra una puerta y, con ella, el capítulo que escribiste pensando que sin bordes la vida siempre era mejor.

Londres. 31 de enero de 2020. El día que no se dio como hubieras querido.

Y te duele, ¡claro que te duele! Como cuando te enteraste de los resultados de ese referéndum que confirmaba que vos creías en algo diferente de lo que anhelaba la mayoría: trazar bien fuerte los límites.

Se sucedieron meses de incertidumbre en los que no dejaste de pensar que todo había sido un mal sueño, que ya se iba a pasar, que la gente iba a recapacitar y, al final, entender que los bordes nunca son una buena idea. Pero no...

Hoy es el día en el que el muro se levanta. Una división, una zanja, alambrado, corte... ponele el nombre que quieras.

Y te preguntás si tenés derecho a opinar porque, después de todo no naciste ni te educaste acá. Sin embargo, hay algo que te late por dentro: la elección de este lugar en el mundo aunque sea a final abierto.

Hoy, mientras caminabas la ciudad, viste más banderas de lo habitual. ¿Casualidad?

Memoria destartalada en Londres

Encontré este banco en una caminata por el parque de mi barrio. Nunca lo había visto antes. Las muestras del paso del tiempo demuestran que estuvo allí por bastante más de lo que yo pueda imaginar. Destartalado, hace rato que no usaba esta palabra. ¿Seguirá existiendo?

Busco la traducción al inglés porque me da curiosidad. Dilapidated, shabby, ramshackle, clapped out. No forman parte de mi vocabulario...

Pienso en mi memoria destartalada. 

Memoria proviene del latín memor (el que recuerda) que también da origen al verbo memorare (recordar - almacenar en la mente). Según el lingüista Pokorny, el verbo memorare tiene la misma raíz indoeuropea que, a través del griego dio origen a la palabra mártir.

Vivo rodeada de este paisaje (otro día voy a escribir sobre los bancos porque merecen un capítulo aparte) desde hace más tiempo del que pueda recordar. Forman parte de mi geografía diaria. 

Aunque a veces aúlle de aburrimiento los detalles nuevos y viejos me siguen sorprendiendo. Supongo que pasa en todas partes. De vez en cuando, algo me llama la atención y ¡zas!

Otra de las curiosidades (o no) es que a pesar de los años que llevo viviendo en este otro planeta, de vez en cuando, sigo asociando cosas del allá con el acá, del acá con el allá. En una fracción de segundo veo al verdulero de mi barrio en Argentina caminando por las calles de Notting Hill o a la peluquera de la calle 9 de Julio como cajera de Tesco (y viceversa). En Italia o en España ¡ni hablar! Es incluso mucho peor, será por los rasgos de la gente...

Londres: Mi vida como no la planeé

Soy pura casualidad. Una escala no programada. Un flash. Y aquí estoy casi veinte años después, o incluso más. Mi vida en Londres no fue planeada. Soy como Madonna —sin los millones—. Cada vez que pensamos que está acabada, se reinventa.

Londres puede ser muy solitaria a veces...

El principio fue mucho menos planeado que el hoy. Fue deseado, eso sí, (porque ya había venido tiempo antes como turista huyendo del calor de Buenos Aires) pero, como la realidad suele diferir de nuestros sueños, a la hora de la largada se sucedieron horas de tristeza e incertidumbre.

Should I stay or should I go?

Así este blog nació. Antes que Facebook y en tiempos en los que al momento de hablar de comunicación me conformaba con bastante poco. Dos o tres cartas al año, tal vez. Escritas por alguien, sentidas... Y pensar que antes me molestaba mucho (mucho) que me dijeran que yo escribía un blog. ¿Cómo que un blog? 'Una Señora Web', les respondía. Me parecía que un blog no tenía crédito ni autoridad moral. Ahora lo admito, soy blogger desde el 2001. Moderna, como Madonna...

Pasó el tiempo y yo con él, por lo que tuve la oportunidad de reinventarme varias veces. ¿Qué es la migración sino una maestría en el arte de la reinvención?

Tuve la libertad —y la frescura si me permiten— de encabezar muchas causas, el honor de compartir mi vida con seres que me enseñaron la importancia de aceptar la diferencia y el poder de convicción suficiente como para motivarme e intentar cuanta empresa se me ocurriera.  

Hoy encontré el mundo en una esquina de Londres

Literalmente hablando. Estaba allí reinando entre un par de muebles viejos, una pantalla de velador desteñida y varias latas de galletitas vacías. Anoche hablaba con mi hija del movimiento de la tierra sobre su eje y alrededor del sol. Todas las noches me pregunta lo mismo: ¿para qué sirve la oscuridad? Entonces yo me desarmo en explicaciones, pero ayer, justamente ayer, le decía que se lo podría explicar mejor con un globo terráqueo. Y hoy, allí estaba el mío, simplemente esperando a que me lo llevara. Varios transeúntes pasaron antes que yo y a nadie se le ocurrió levantarlo.

Tal vez este mundo era demasiado poco para ellos.

O no veían lo que yo podía ver.

Eso me dejó pensando que siempre hay algo que algunos ven feo pero que otros ven hermoso, en todo aspecto de la vida.

Me gustan los objetos con historia, los que tuvieron dueños anteriores y aquellos abandonados a los que puedo darles una vida nueva.

Esta ciudad –Londres– tiene una historia innegable, pero a veces cuesta encontrar la historia más banal de la vida por llamarla de alguna forma. Más allá de los sitios históricos, placas conmemorativas y monumentos yo me refiero a la historia de las cosas simples, de aquellos objetos que no tienen un verdadero valor monetario y sin embargo tienen un valor no tangible.

Día de la mujer. Por qué lo seguimos 'festejando'

Día de la mujer. Hoy iba en el tren leyendo el diario y salía la típica noticia de por qué es necesario que haya un día de la mujer, dando un brevísimo punteo de las situaciones de desigualdad que todavía siguen ocurriendo en el Reino Unido.

Es un tema que no da para debate, la diferencia es real.

Estaba recientemente hablando con mi hija acerca de esta situación y entonces pregunté en vos alta a manera de pensamiento: ¿Cuándo habrá comenzado esta situación en la que un sexo se puso por encima del otro?

Ahí ambas empezamos a responder. ¿Habrá sido en la época del hombre de Neanderthal? ¿En la del hombre de Cro-Magnon? Silencio.

¿Habrá comenzado con los monos? pregunté, a lo que ella me respondió: Nahhh, los monos no tienen esos problemas... dándome a entender que ni siquiera los monos son tan primitivos. Y las dos nos reímos.

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