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Cocina terapéutica de Doña Petrona

 

Siempre me gustó cocinar pero descubrí su ayuda terapéutica hace poco.

Vísperas de días festivos y cumpleaños con mucho frío parecieran ser el día ideal para cocinar unos brownies. Últimamente se me dio por querer aprender a cocinar todo tipo de postres y delicias por lo que mi casa se convierte bastante seguido en un desfile de manjares –algunos buenos, otros no tanto. Entonces cuando quiero relajarme o sencillamente olvidarme de algún asunto pongo toda mi bronca en la receta que haya decidido concebir como si fuera mi muñequito de plastilina donde soltar esas angustias, temores, remordimientos, culpas y padeceres varios.

Por qué nunca estuve en St Paul's Cathedral

La primera vez que visité Londres llegamos a la Catedral de St Paul cuando estaba cerrada. El recuerdo es maravilloso... El detalle singular es que habiendo vivido muchos, muchos años en Londres, nunca la vi por dentro.

Era una noche de abril, probablemente había llovido antes y las luces le daban un aire místico. Al rato, quizás las nubes se habían corrido y aparecía una incipiente luna llena que le atribuía una majestuosidad mayor aún. Fue una noche singular, esas que quedarían para siempre en el recuerdo. Pero no pudimos entrar a la iglesia, si bien ese era el objetivo.

Con el paso del tiempo, y cual leyenda urbana, mi percepción de esa noche tal vez no sea exactamente igual a lo que haya ocurrido. Pero ya no hay forma de comprobarlo, y eso es lo mejor. 

Londres y sus luces en invierno

Descifrar los significados de la vida en otros escenarios es una rutina que con el tiempo quienes emigramos vamos dejando de lado...

Porque los momentos vienen y van. Y si no los asimilamos se escapan sin dejar huella alguna. 
Somos el resultado de cada paisaje que respiramos.

Con esto quiero decir que cada uno de los momentos que vivimos, los buenos y los malos, los tediosos y los maravillosos ocupan un espacio dentro de nuestro equipaje emocional.

Un espía en la gran ciudad

Estar y no estar al mismo tiempo. Creer y no creer. Querer y no querer. Sentir y no sentir. Encariñarse y no.

Ser un espía en la gran ciudad tiene sus privilegios. 

¿Me habrás amado Londres alguna vez?

Quiero viajar. Quiero volver a vivir eso que sentí la primera vez que pisé Londres.


Sorprenderme por sus detalles, mirar con cara de nena algo que no había visto antes, dejarme llevar por sus olores y colores soñando que un día viviría allí. Quisiera volver a embriagarme por el aire de circo ambulante de Camden Town y por la aparente hostilidad de Brixton hasta perderme nuevamente en alguna combinación del subte, o confundir una Street con una Road. O quizás correr por los parques verdes del verano sin temor a caer en el agujero negro de la nostalgia.

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