¿Y usted por qué no contesta?

En tiempos de encuentros virtuales de casi todo tipo y en donde las noticias y la comunicación se expanden casi con la misma velocidad con la que se pierden los pares de medias en el canasto de la ropa sucia, resulta casi incomprensible la lentitud con la que muchos y muchas responden –si lo hacen– sus correos electrónicos, saludos, mensajes...

     Si consideramos que hoy en día, en general, el e-mail reemplaza al malogrado correo tradicional excepto en Inglaterra donde la señora correspondencia sigue siendo del agrado de muchos y en especial a la hora de cobrar impuestos y servicios la pregunta sería: ¿como es posible que los e-mails y mensajes no sean tomados seriamente a la hora de responder? Y no me refiero a los e-mails cadena prometiéndonos la panacea de un deseo por minuto o una maldición si no los reenviamos. No estoy hablando de esos, sino de los e-mails “reales” en donde contamos nuestra vida y obra con lujo de detalles, o aquellos en los que simplemente preguntamos ¿cómo estas?, o invitamos a ver una foto de nuestros hijos mientras crecen, o vaya a saber qué, pero es importante para nosotros compartirlo. Reitero, compartirlo, es decir, no sólo enviarlo, sino recibir una respuesta del destinatario en el mejor de los casos.

Como aquel novio que no te llamaba, cuando la única forma posible de comunicarse era el teléfono, aparecen las excusas lógicas:

  • se va a tomar su tiempo para responder.
  • no tiene tiempo está muy ocupado/a. –¿y yo no?– Me grita una vocecita desde adentro.
  • seguro que le entró a la bandeja de Spam.

     ¡Mentiras! El e-mail y mensaje (cuando no te clava incluso un visto) probablemente fue recibido, leído y archivado. La ansiedad nos va obligando a conectarnos día y noche esperando esa respuesta, una respuesta que tal vez no llegue nunca. Obviamente no se puede obligar a nadie a responder de forma fehaciente, y tal vez pensándolo bien la “no respuesta” es una forma de respuesta también.

     Un e-mail o MSN es sencillamente una forma de comunicación, hay alguien que se tomó el tiempo de escribir esas líneas para nosotros, alguien que pensó en nosotros y que quiso decirnos algo, alguien que espera una respuesta. Claro, hay excepciones, pero digo en general…

     Digamos que atiendo el teléfono y un amigo me cuenta algo… seguramente respondo, hablo, digo, opino… Bueno, lo mismo debería ocurrir con estos mensajes. Y con esto ya me estoy pareciendo a Bucay en la forma de explicar el problema en cuestión, pero tal vez sea un buen inicio.

    Las redes sociales, tal vez, no ayuden demasiado ya que se va perdiendo la privacidad de nuestros actos en este territorio donde todo se comparte, o peor aun, si no lo compartimos no lo vivimos. Demasiadas fotos, videos, intimidades, comidas, gustos, tests absurdos programados por los mismos usuarios con resultados más absurdos que los tests. Nuestro mundo se va convirtiendo en una pantallita por la cual vemos pasar fotos de nuestros contactos, “amigos” y “amigos de mis amigos”, sus cumpleaños, viajes, parejas, divorcios, hijos, plantas, trabajos, proyectos, mascotas, fiestas e incluso borracheras. De lo que sí estoy segura es que estos círculos sociales no pueden reemplazar el gusto de escribir a alguien puntualmente, a alguien en quien nosotros confiamos y queremos contarle lo que “realmente” nos está pasando. Sirven para distraernos un rato y hacernos creer que tenemos un millón de amigos como Roberto Carlos. Es que la palabra amistad viene bastante devaluada últimamente y tal vez aunque tengamos muchos contactos no tengamos con quien pasar nuestro cumpleaños. 

    Por supuesto que todo lo que acabo de escribir puede ser utilizado en mi contra, porque nadie escapa a la regla… Mea culpa. O 'no me peguen, soy Giordano'. 

    Para ir cerrando me sorprende la rapidez con la que muchas personas se ofenden vía e-mail/ foro/ mensaje. Pareciera ser que ver las palabras escritas resultan mucho más fuertes que cuando las oímos, donde en el peor de los casos se puede hacer de cuenta que nunca fueron dichas o escuchadas. Las palabras escritas carecen de la expresividad del momento y del lenguaje gestual con lo cual a veces no se puede discernir si se dijo en serio o en broma, aunque haya casos en que para demostrar nuestro entusiasmo nos llenemos de signos de admiración o de letras mayúsculas. Dedico entonces esta simple reflexión a los que responden al patrón “no responde- ignora- tengo algo mejor que hacer- sencillamente no tengo ganas- mejor me hago desear-ma fangulo! Etc. Etc. Etc ”. Por otra parte, si sos de los que duerme tranquilo y estas palabras ni te rozan ¿te molestaría agregarme a tu lista de contactos?

¡Hasta la próxima!

 

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