Mi argentinidad no pasa por las “y”

No sé si alguna vez les habrá ocurrido que cuando conocen a alguien y se entera que somos argentinos empiezan a hacerse los graciosos imitando la forma en la que hablamos. A mí me ocurrió en reiteradas ocasiones y sinceramente deja delante de mis ojos a una persona patética. Es como si yo me pusiera a imitar los sonidos del campo cada vez que veo un pajarito volar por mi jardín, o a rugir cuando veo al tigre en el zoológico. Me imagino lo que pensarán el pajarito y el tigre en cuestión y no me gusta el papel en el que me veo.

Es bien sabido que todos los países de habla hispana tenemos distintos acentos —entre tantas otras ricas diferencias— y eso a mi entender es un valor a rescatar y aquello que nos hace únicos.

Mi argentinidad de todos modos no pasa por las “Y” tajantes ni las “LL” que no suenan a “iuvia”. Y aunque en general conservo mi acento casi intacto luego de haber emigrado hace muchos años, a veces —y sólo para que mi interlocutor me interprete sin lugar a dudas— no me inmuto en pronunciar una “LL” como manda la Real Academia Española. ¿Soy menos argentina por eso? Yo creo que no.  Hace un tiempo participaba en un programa de radio dirigido a la comunidad latinoamericana en el Reino Unido y me podían escuchar diciendo Timanfaia en lugar de TimanfaYa.

Sé que por esto me crucificarían en Argentina. Escucho los: ¡Ah! Se te borró el acento de tanto vivir afuera.

¿Se acuerdan de la película 'Música en espera' con Natalia Oreiro y Diego Peretti?  

Allí se ve a una Norma Aleandro en el papel secundario de la madre de la protagonista (Oreiro), y quien regresa de visita a Buenos Aires luego de haber emigrado a España durante cuatro años.

La hija critica en forma permanente a su madre (que es bastante pedante de todos modos, pero eso no importa acá) quien usa palabras “españolas” en reemplazo de formas argentinas. Digamos: giripollas, coño —que se supone son groseras, de todos modos la crítica no viene por ese lado— sino también cuando usa palabras como maletas por ejemplo. Y es eso lo que sí me molesta de la película. ¿Que pretendemos? ¿Que la pobre Norma no se adapte al nuevo país al cual ha emigrado? ¿Cuál es el problema si dice maletas en lugar de valijas? Creo que todo el mundo sabe lo que la palabra maleta significa después de todo.

Me preocupa la falta de tolerancia para con el otro. Me incomoda el mensaje casi propagandista que dicta que la argentinidad —o la nacionalidad que fuera— se conserva o se pierde al salir de Ezeiza.

La diferencia nos hace valorar lo que somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Pero la diferencia no pasa por el uso de la palabra, del acento y la no pérdida de los modismos locales del país de donde provenimos. 

Pasa por la sinceridad de ser quienes somos, donde fuera que estemos. 

Hasta la próxima.

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