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Día de los muertos: Recetas para sanar el dolor

En México existe una tradición que se dice pre hispánica, aunque algunos antropólogos no están tan de acuerdo, y que se transmite de generación en generación. El día de los muertos es una celebración de la vida y el legado de los antepasados. Con la llegada de los españoles la festividad se circunscribió al 1 y 2 de noviembre, coincidiendo con las celebraciones del calendario católico de los días de los difuntos y de los santos, pero, antiguamente se festejaba durante dos meses. En la actualidad es una mezcla de ambas creencias, aunque los elementos de la cultura originaria primaron por sobre la católica.

Esta celebración de la que también participan algunos pueblos originarios de Bolivia, Guatemala y América Central, es tan importante que en el año 2008 la Unesco la declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Yo no soy mexicana. Tampoco tengo ancestros que hayan pertenecido a los pueblos originarios de Latinoamérica sin embargo, desde hace tiempo que vengo pensando en celebrar el día de los muertos, el día de mis muertos. Esta decisión, no vayan a creer, me trajo una serie de dudas existenciales, producto tal vez de mi educación, herencia cultural, o como quieran llamarle.

Probablemente no sea la única persona que el 1 y 2 de noviembre se pregunte si tiene derecho a sanar el dolor de la partida de sus seres queridos con una fiesta con la que 'no me criaron y de la que siquiera supe de su existencia hasta hace bastante poco'.

2020 y el tiempo perdido

Dicen que el 2020 es un año perdido... O casi como pensar que no vivimos el pasado porque no completamos una agenda ¿Qué nos pasa cuando encontramos una agenda vieja? (si es que las conservamos...) Nos enfrentamos a lo que hicimos y a lo que no, a lo que pudimos o dejamos de hacer. El 2020 es una agenda que todavía no se termina. Hoy encontré algunas agendas viejas, de esas que ya ni me acordaba que conservaba, pero sí, estaban escondidas en una caja que no abría desde mi última mudanza. Cinco agendas de cinco años diferentes.


Cuando me enfrento a este tipo de hallazgos me ocurren dos cosas: la primera es que me causa cierta nostalgia y soy consciente del paso del tiempo, y la segunda es que, luego de sobreponerme al shock de la primera reacción me entusiasma empezar a hojearlas para descubrir quién era yo por aquellos años.

Las agendas difieren mucho unas de las otrasAlgunas son muy chiquitas y otras muy grandes, como mis expectativas. Varias tienen solapas para guardar notas, están llenas de señaladores, papelitos pegados, fotos, tickets del supermercado, flores secas, dibujitos de mi hija...

Nada me da mayor decepción que encontrar una agenda a medio llenar, con días vacíos, como si no los hubiera vivido: sin turnos, sin encuentros de trabajo, sin clases por tomar. ¿Qué me estaba pasando por esos días? ¿Estaba tan cansada como para no completar sus páginas? ¿Estaría tan ocupada o tan desocupada? Ahora no me acuerdo y hasta da lo mismo...

Amélie Poulain y la anécdota del dulce de membrillo

Ayer el cartero dejó en mi casa una notificación para retirar un envío en el correo. “Requiere firma y es muy grande para el letterbox”, decía. Siempre fantaseo cuando pasan este tipo de cosas. ¿Qué será? ¿Quién lo envía? Nunca dicen quién es el remitente así que sospecho también una sutil complicidad del Señor de los Correos…

Hoy fui a buscarlo. Ya desde lejos, cuando la persona de turno me acercaba el paquete pude ver flamear, o casi, la banderita. Mi banderita azul y blanca. Fueron dos ó tres segundos de duda… Pero ¿cómo? ¿Desde Argentina? ¿Qué me mandaron? Nadie me envía nada desde hace siglos...

Under Pressure en Londres

Mi primer — y único—, casete de Queen fue Hot Space. Venía con las caras de Freddy Mercury, Brian May, Roger Taylor y John Deacon dibujadas en distintos colores al mejor estilo Andy Wharhol y, aunque los fanáticos de la banda dicen que fue uno de sus peores discos, yo amé esas canciones. Sobre todo 'Under Pressure', el tema en el que Freddy Mercury canta con David Bowie, y al que la crítica describió como la canción que salvó al disco.

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(Escuchá Under Pressure mientras lees este artículo) 

   Cuando yo estuchaba 'Under Pressure' me inundaba el frenesí, una sensación inexplicable, como si muy dentro mío supiera o intuyera algo que no podía descifrar todavía, quién sabe. Sería la letra que tarareaba en un inglés inexistente. O, que la opresión no me sería ajena, como al resto del mundo. O, que años más tarde, iba a terminar viviendo en Londres. O que, un día de abril del 2020 iba a estar encerrada en una casa inglesa haciendo una cuarentena por un virus mientras que en la radio pasarían esa canción muchas veces, casi a manera de himno, algo así como el 'Resistiré', pero de los ingleses.

 

Pressure, pushing down on me,
pressing down on you, no man ask for.
Under pressure that burns a building down,
splits a family in two, puts people on streets.

 

   Mi casete de Queen no duró mucho. Se ve que de tanto pasarlo se gastó la cinta o que el radio grabador de doble casetera lo mordió cuando lo puse del lado que no funcionaba —siempre había un lado que andaba y otro que no—. Entonces empezó a trabarse, las rueditas no giraban y hubo que hacerle una operación de esas que se les hacía a los casetes: agarrar un destornillador diminuto, abrirlo, sacarle los carretes con mucho cuidado y pasarlos a la carcasa de un casete con menos suerte o que no nos interesara volver a escuchar. Creo que le había tocado el cuerpo de un TDK y con el tiempo terminó perdiéndose en el fondo de un cajón junto a otros casetes sin referencia cuando se le despegó la cinta Scotch donde había escrito Hot Space en fibra.

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