Sapoblog

Under Pressure en Londres

Mi primer — y único—, casete de Queen fue Hot Space. Venía con las caras de Freddy Mercury, Brian May, Roger Taylor y John Deacon dibujadas en distintos colores al mejor estilo Andy Wharhol y, aunque los fanáticos de la banda dicen que fue uno de sus peores discos, yo amé esas canciones. Sobre todo 'Under Pressure', el tema en el que Freddy Mercury canta con David Bowie, y al que la crítica describió como la canción que salvó al disco.

Escribe @sapodelondres
Dibuja: @archtattoo

(Escuchá Under Pressure mientras lees este artículo) 

   Cuando yo estuchaba 'Under Pressure' me inundaba el frenesí, una sensación inexplicable, como si muy dentro mío supiera o intuyera algo que no podía descifrar todavía, quién sabe. Sería la letra que tarareaba en un inglés inexistente. O, que la opresión no me sería ajena, como al resto del mundo. O, que años más tarde, iba a terminar viviendo en Londres. O que, un día de abril del 2020 iba a estar encerrada en una casa inglesa haciendo una cuarentena por un virus mientras que en la radio pasarían esa canción muchas veces, casi a manera de himno, algo así como el 'Resistiré', pero de los ingleses.

 

Pressure, pushing down on me,
pressing down on you, no man ask for.
Under pressure that burns a building down,
splits a family in two, puts people on streets.

 

   Mi casete de Queen no duró mucho. Se ve que de tanto pasarlo se gastó la cinta o que el radio grabador de doble casetera lo mordió cuando lo puse del lado que no funcionaba —siempre había un lado que andaba y otro que no—. Entonces empezó a trabarse, las rueditas no giraban y hubo que hacerle una operación de esas que se les hacía a los casetes: agarrar un destornillador diminuto, abrirlo, sacarle los carretes con mucho cuidado y pasarlos a la carcasa de un casete con menos suerte o que no nos interesara volver a escuchar. Creo que le había tocado el cuerpo de un TDK y con el tiempo terminó perdiéndose en el fondo de un cajón junto a otros casetes sin referencia cuando se le despegó la cinta Scotch donde había escrito Hot Space en fibra.

Crisis y corona

Crisis. De todos los colores. Al principio, podría resultar hasta pintoresca la cuarentena. Pero, con el correr de los días, la realidad se va apoderando de la fantasía.

 

Estar de este lado del mundo puede ser más cómodo, no lo podemos negar, más efectivo y menos trágico en algunos sentidos, aunque el número de personas fallecidas y el costo para la humanidad toda sea enorme.

Desde aquí podemos resolver convenientemente mayoritariamente nuestros temas pendientes online, acceder a nuestros pagos, impuestos, muchas personas pueden incluso trabajar y seguir operando con cierta normalidad.

Pero ¿qué pasa cuando tenés asuntos no resueltos del otro lado del mundo o cuando querés ayudar a gente que está viviendo en lugares donde la cosa online no funciona del todo bien o que no forma parte de su accesibilidad diaria?

Descubrí si tenés el gen migratorio

Cuando nuestros padres y abuelos emigraron se subían al barco, miraban el nuevo horizonte y cortaban inevitablemente porque no se concebía otra posibilidad. Se iban para no volver.

Demás está decir que, con suerte, la comunicación era por carta, y se mantenía así hasta que los más viejos se morían. Los que le seguían ya escribían con desgano y la cosa se iba perdiendo lentamente porque, sus hijos ya no sentían esa necesidad de enterarse de lo que había sido de las vidas de los hermanos y primos de sus padres o abuelos.

En nuestra realidad migrante, las distancias cambiaron tanto que es prácticamente imposible cortar con nuestro pasado y origen aunque así lo quisiéramos. Todos viajan de vez en cuando a ver sus familiares, reciben e-mails, hablan por Whats App, Skype, Messenger, y si no viajan se enteran igual cada vez que abren Facebook o Instagram.

Hoy buscamos a nuestra familia desconocida en las redes sociales, aparece gente con nuestro mismo apellido, nos hacemos sus amigos y, si tenemos suerte, puede que terminemos comiendo en su casa del otro lado del mundo. Es diferente… y si no lo hacemos nosotros por “equis” motivo, lo harán tal vez nuestros hijos porque siempre existe esa curiosidad de saber de “dónde somos”.

Tengo una teoría sobre el “gen migratorio” que brota en hijos de inmigrantes,  —aunque no necesariamente en todos—, pero siempre hay uno dentro de la camada que lo tiene. Lo veo permanentemente, lo hablé con mis primos australianos y sólo uno de ellos lo tiene, pero también lo tuvo su abuelo que emigró un poco después que mi padre. Lo tenía mi tía, aunque nunca pudo despegar sus pies de Argentina. Yo también lo tengo.

Coronavirus: Hoy nos quedamos en casa

Hoy nos quedamos en casa. Queremos y no queremos, pero resulta que si no lo hacemos podemos agravar la situación. Y sentimos que recluirnos es igual a quedarnos en una prisión.  

En este lado del mundo no vivimos nunca una experiencia similar. No es el fin del mundo, pero, por otro lado, nos invade una sensación rara de incertidumbre. Imaginemos por un momento a nuestros antepasados viviendo situaciones muchísimo más complejas, difíciles, peligrosas... Eso sí que sería incertidumbre de verdad. 

Mientras tanto no sabemos qué pensar ni cómo entretenernos...

Brexit: Siamo fuori

Ya te fuiste una vez. O varias. Es lógico que no quieras volver a repetirlo, sobre todo si todavía estás recuperándote de la primera, que suele ser la más difícil de cicatrizar.

BREXIT.

Hoy se cierra una puerta y, con ella, el capítulo que escribiste pensando que sin bordes la vida siempre era mejor.

Londres. 31 de enero de 2020. El día que no se dio como hubieras querido.

Y te duele, ¡claro que te duele! Como cuando te enteraste de los resultados de ese referéndum que confirmaba que vos creías en algo diferente de lo que anhelaba la mayoría: trazar bien fuerte los límites.

Se sucedieron meses de incertidumbre en los que no dejaste de pensar que todo había sido un mal sueño, que ya se iba a pasar, que la gente iba a recapacitar y, al final, entender que los bordes nunca son una buena idea. Pero no...

Hoy es el día en el que el muro se levanta. Una división, una zanja, alambrado, corte... ponele el nombre que quieras.

Y te preguntás si tenés derecho a opinar porque, después de todo no naciste ni te educaste acá. Sin embargo, hay algo que te late por dentro: la elección de este lugar en el mundo aunque sea a final abierto.

Hoy, mientras caminabas la ciudad, viste más banderas de lo habitual. ¿Casualidad?

Página 1 de 4

© 2020 Sapo de otro pozo. Todos los derechos reservados. Designed By oscarflores.uk