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2020 y el tiempo perdido

Hoy encontré algunas agendas viejas, de esas que ya ni me acordaba que conservaba, pero sí, estaban escondidas en una caja que no abría desde mi última mudanza. Cinco agendas de cinco años diferentes.

Cuando me enfrento a este tipo de hallazgos me pasan dos cosas: la primera es que me da una cierta nostalgia y soy consciente del paso del tiempo, y la segunda es que, luego de sobreponerme al shock de la primera reacción me entusiasma empezar a hojearlas para descubrir quién era yo por aquellos años.

Las agendas difieren mucho unas de las otras. Algunas son muy chiquitas y otras muy grandes, como mis expectativas. Varias tienen solapas para guardar notas, están llenas de señaladores, papelitos pegados, fotos, tickets del supermercado, flores secas, dibujitos de mi hija...

Nada me da mayor decepción que encontrar una agenda a medio llenar, con días vacíos, como si no los hubiera vivido: sin turnos, sin encuentros de trabajo, sin clases por tomar. ¿Qué me estaba pasando por esos días? ¿Estaba tan cansada como para no llenar sus páginas? ¿Estaría tan ocupada o tan desocupada? Ahora, ya no me acuerdo y hasta da lo mismo...

Pero qué placer me da recorrer agendas en las que me encuentro con mi letra ilegible en tinta azul de estilográfica.

Under Pressure en Londres

Mi primer — y único—, casete de Queen fue Hot Space. Venía con las caras de Freddy Mercury, Brian May, Roger Taylor y John Deacon dibujadas en distintos colores al mejor estilo Andy Wharhol y, aunque los fanáticos de la banda dicen que fue uno de sus peores discos, yo amé esas canciones. Sobre todo 'Under Pressure', el tema en el que Freddy Mercury canta con David Bowie, y al que la crítica describió como la canción que salvó al disco.

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(Escuchá Under Pressure mientras lees este artículo) 

   Cuando yo estuchaba 'Under Pressure' me inundaba el frenesí, una sensación inexplicable, como si muy dentro mío supiera o intuyera algo que no podía descifrar todavía, quién sabe. Sería la letra que tarareaba en un inglés inexistente. O, que la opresión no me sería ajena, como al resto del mundo. O, que años más tarde, iba a terminar viviendo en Londres. O que, un día de abril del 2020 iba a estar encerrada en una casa inglesa haciendo una cuarentena por un virus mientras que en la radio pasarían esa canción muchas veces, casi a manera de himno, algo así como el 'Resistiré', pero de los ingleses.

 

Pressure, pushing down on me,
pressing down on you, no man ask for.
Under pressure that burns a building down,
splits a family in two, puts people on streets.

 

   Mi casete de Queen no duró mucho. Se ve que de tanto pasarlo se gastó la cinta o que el radio grabador de doble casetera lo mordió cuando lo puse del lado que no funcionaba —siempre había un lado que andaba y otro que no—. Entonces empezó a trabarse, las rueditas no giraban y hubo que hacerle una operación de esas que se les hacía a los casetes: agarrar un destornillador diminuto, abrirlo, sacarle los carretes con mucho cuidado y pasarlos a la carcasa de un casete con menos suerte o que no nos interesara volver a escuchar. Creo que le había tocado el cuerpo de un TDK y con el tiempo terminó perdiéndose en el fondo de un cajón junto a otros casetes sin referencia cuando se le despegó la cinta Scotch donde había escrito Hot Space en fibra.

Amélie Poulain y la anécdota del dulce de membrillo

Ayer el cartero dejó en mi casa una notificación para retirar un envío en el correo. “Requiere firma y es muy grande para el letterbox”, decía. Siempre fantaseo cuando pasan este tipo de cosas. ¿Qué será? ¿Quién lo envía? Nunca dicen quién es el remitente así que sospecho también una sutil complicidad del Señor de los Correos…

Hoy fui a buscarlo. Ya desde lejos, cuando la persona de turno me acercaba el paquete pude ver flamear, o casi, la banderita. Mi banderita azul y blanca. Fueron dos ó tres segundos de duda… Pero ¿cómo? ¿Desde Argentina? ¿Qué me mandaron? Nadie me envía nada desde hace siglos...

Crisis y corona

Crisis. De todos los colores. Al principio, podría resultar hasta pintoresca la cuarentena. Pero, con el correr de los días, la realidad se va apoderando de la fantasía.

 

Estar de este lado del mundo puede ser más cómodo, no lo podemos negar, más efectivo y menos trágico en algunos sentidos, aunque el número de personas fallecidas y el costo para la humanidad toda sea enorme.

Desde aquí podemos resolver convenientemente mayoritariamente nuestros temas pendientes online, acceder a nuestros pagos, impuestos, muchas personas pueden incluso trabajar y seguir operando con cierta normalidad.

Pero ¿qué pasa cuando tenés asuntos no resueltos del otro lado del mundo o cuando querés ayudar a gente que está viviendo en lugares donde la cosa online no funciona del todo bien o que no forma parte de su accesibilidad diaria?

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