Argentinos en Londres y otros charcos Sapo de otro pozo
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Detrás de esta página hay un grupo de seres  humanos que felizmente gozamos de nuestros aciertos y aprendemos de nuestros errores... Contanos los tuyos, compartilos con otros... sapodeotropozo@sapodeotropozo.com.ar

 


 

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MadreSapo escribe Silvia Demetilla desde Londres. Colaboran otras mamas... tan madreSapo como una...
 

El tiempo, la distancia, el paisaje... Todo es distinto cuando estás "afuera". Compartimos a veces con otros argentinos -en esas largas charlas filosóficas que tanto nos caracterizan, con o sin cafecito de por medio - que estar en otro país es "comenzar una nueva vida" Es descubrirse todos los días en nuevos lugares, experimentar en cada momento nuevas experiencias, e indudablemente crecer... Y si bien el dolor de sentirse lejos a veces empaña esos momentos de crecimiento, tal vez, en el fondo todo sea cuestión de tiempo. Porque tanto acá como allá, y a pesar de esa "nueva vida" de la cual hice mención, nuestra esencia seguirá siendo la misma...


 

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Maternidad en el exterior
Silvia Demetilla

  La maternidad implica una serie de cambios permanentes en la vida de cualquier mujer. !Nunca se está totalmente preparada!- asi que quienes sueñan con concretar cuando llegue el momento justo es mejor que se decidan cuanto antes u opten por un viaje al Caribe...  

  Nadie nos advierte de las subidas y bajadas de las etapas previas. Los cambios físicos y emocionales son diarios. Si bien nos llegan a las manos miles de libros y otro tanto de consejos,  también tendremos que romper con muchisimos prejuicios - propios y ajenos- .

  La maternidad no es un idilio aunque tenga algo de mágico indudablemente, sino mas bien un aprendizaje que a veces se parece mas a una carrera de obstáculos mientras suenan canciones de cuna en los altavoces, volver a trasnochar -pero trasnochar en serio, no como cuando ibamos a bailar!,  y un derroche de alegrías y emociones que vale la pena intentar.
 

  Si sumamos a esta irrupción de cambios la emigración del País de origen nos encontramos con un eslabón fácil de quebrarse, una situación de fragilidad que pocas veces es contenida a todo nivel.

Esos son los matices que colorean la maternidad en el exterior…

  Lejos de verse como victimas de la nostalgia, la mayoría de las mamás supera la situación de desarraigo, el enorme cambio de sistema a nivel hospitalario y social, se adaptan entre comillas, y se entregan de manera apasionada a la nueva tarea.

  Pero ser madre, paradójicamente, puede generar muchísima soledad en quien la transita. Soledad de madre que afronta día a día la crianza de un hijo en un país que no habla en su idioma, que no tiene sus mismas costumbres, que no tiene a nadie que la ayude en lo más porque en general sus maridos están trabajando fuera.

  Muchas mujeres profesionales deciden que son ellas quienes quieren criar a sus hijos a tiempo completo, sobre todo considerando que no hay parientes cercanos alrededor.

  El núcleo familiar en general se convierte en un universo mínimo a partir de la emigración. El contacto con la familia de origen es solamente vía telefónica o e-mail, los hijos se crían sin abuelos presentes físicamente, sin primos, tíos, etc.

  En sus ansias de adaptación muchas dejan de hablar su propio idioma, creyendo que así lograrán adaptarse mas fácil o rápidamente negando el idioma madre precisamente, y negándose principalmente el placer de comunicarse con sus hijos en su lengua.
(Leer Educacion Bilingüe)


  Los grupos de encuentro -playgroups- son de muchisima ayuda en esta etapa de integracion. 
 En Londres o donde quiera que estés.
..      
 


MADREsapo
Silvia Demetilla

  “Cuando salgo con mi MacLaren soy una mezcla de ekeko con Vicky, la niñera de Little Britain” venía pensando mientras caminaba hacia casa. Ideas que se me ocurren sobre este oficio nuevo de ser madre…  Alegría despiadada y sueño in crescendo, cansancio sin límites como nunca me hubiera imaginado.  Ayudar a crecer a esta personita que salió de uno y de otro como uno, pero que hará su propio uno.

  Al llegar al departamento puse “Canciones de cuna para los niños del mundo” de Sari Cucién – un CD que me regaló en Argentina mi profesora de canto y que a su vez yo regalé a cuanta nueva madre hiciera falta-, y afloró toda mi faceta de dulzura y ternura. Adiós doble sentidos y sarcasmo. Mi hija llora a los gritos, y la levanto, y la calmo, y la apoyo en su rinconcito, y vuelve a llorar, y vuelvo a levantarla, y se calma, y la apoyo, etc, etc, etc. Minutos cíclicos que pasan como al descuido, minutos que son únicos aunque no pueda verlo todavía.

  Porque por  una sonrisita me puedo olvidar de la pesadez de mi embarazo, de los siete días de contracciones, de la incertidumbre de no saber si estoy haciendo bien las cosas, del NHS, de los cólicos de tres meses con llanto continuo desde las siete de la tarde a las doce de la noche, de los ocho meses que hace que no duermo, de la soledad de criar a mi hija en otro país y en otro idioma –aunque yo le hable todo el tiempo en español-, de no tener recetas ni manuales que me ayuden en esta empresa, de preferir guiarme por la improvisación y el instinto, de no tener consejeros bien y malintencionados cerca, de todo, absolutamente de todo, y permitirme ser feliz.

  Cuando escucho estas canciones… “Duerme, duerme negrito, que tu mama está en el campo negrito…”  viajo hasta lo mas profundo del corazón y regreso a tantas imágenes que nos regalaron muchas madres que tal vez hayan formado parte de nuestras vidas, pero que sinceramente hasta hoy habían pasado de largo en mi registro. La mamá de postal del día de la madre, la mamá madre, la Mamma –mas cerca de nuestras abuelas italianas-, la estatua a la madre infaltable en todas las plazas –si es que todavía no se la robaron-, la mamita linda…

  Ser madre y vivir en el exterior es una tarea doblemente difícil. A veces quisiera tener un hombro donde cobijarme yo también, una hora para ir a la peluquería, tomar un té… Son esas manos que nos faltan para hacernos un poquito mas liviano el día las que se extrañan. Llámese manos de madre, de suegra, de tía, de quien fuera.

  Aquí no hay cinco minutos de respiro que valgan, en general todas las madresapo estamos solas durante el día con nuestros bebés. A veces me río cuando veo las peregrinaciones de cochecitos en los cafés, reuniones inconfundibles post curso pre-parto. O los paseos paternos del sábado a la mañana. Hace poco me encontré sorprendida mirando a un grupo de papás con cochecitos en un café. Muy distendidos los caballeros, solo faltaba que alguno se pusiera a amamantar :)
Sí, sorprendida para qué negarlo, tanta modernidad a Argentina no ha llegado. O eso creo.

  Y lo de amamantar merece un capítulo aparte. Al principio la solución de los feeding room me parecía fantástica siendo madre primeriza. Un lugar donde amamantar tranquila al bebe... Pero con el correr del tiempo la solución empezó a ser una especie de castigo teniendo que elegir lugares para salir donde hubiera, por ejemplo, un Mothercare -para los que no tienen hijos ni sobrinitos se trata de una cadena con Todo para el bebé..

  Además la sensación de encierro y de tener que hacer a escondidas lo mas natural del mundo: alimentar a tu hijo. Cuando viajé a Argentina por dos meses esa experiencia se revirtió totalmente porque allí sí me animé a amamantar en todo sitio público que pudiera, y nadie me miró sorprendido como lo hacían en Londres. Reconozcámoslo, las que por suerte pudimos amamantar no podemos negar que es una sensación maravillosa e inolvidable.
 
  Para terminar les dejo un slogan que espero se haga realidad en el futuro cercano en UK:  ¡Se
a madre a los ojos de todos, amamante en publico!!

   
En Londres o donde quiera que estés...

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Sobre Playgroups, salidas, nombres y libros
Silvia Demetilla
 

  Cuando empecé a escribir Sapo de otro pozo en septiembre del 2002, fue el primer salvo conducto que me permitió aceptar mi realidad de emigrante, y ver que no era la única. Ahora es el turno de Madresapo, otra cuerda de la que agarrarme y agarrarnos aquellas que pasamos por la etapa de ser mamás en el exterior. ¿Con los años tal vez se sumen entonces Madreteen y Sapos de la tercera edad? Solo el tiempo tiene la respuesta....

Capítulo 1- Salidas:
Siguiendo con los episodios casi diarios en que convergen Sapo y Madre me viene a la memoria una salida de la semana pasada en la que estaba camino a Richmond y por esas cosas de la vida decidí bajarme una estación antes y caminar
.  

A los diez minutos descubro que mi hija dormía placidamente y todavía no era ni siquiera el mediodía! Asi que pensé en ir a tomar un café y leer alguno de los libros que había sacado de la biblioteca el día anterior: How to be a DJ- tan mal estoy?, Playing the piano and keyboard, y The complete idiot’s guide to songwriting.

  Triste mi realidad cuando descubrí que en el carrito solo tenia la revista de los Teletubbies! Por que cuesta tanto todo? En fin, munida de mi revistita me decido por un café francés al otro lado del puente de Richmond, me pido una baguette de jamón y queso, y mientras tanto, me consuelo, escribo algo para la página. Segunda decepción del día, el queso de la baguette es cheddar rayado!! Sí, sí, ya se que estamos en Londres, pero no termino de acostumbrarme. La próxima vez me pido una Teletubby Toast.

Capítulo 2: Playgroups:
Otro episodio en que casi los planetas Sapo y Madre son uno mismo ocurrió un día es que estaba en un playgroup en Teddington, zona donde vivo. Se trata de un grupo al que concurren mam
ás y niños menores de dos años y medio. Al principio se suelta literalmente a los nenes entre la gran cantidad de juguetes en una habitación enorme. Entonces la elección de juguetitos, autos, triciclos y entretenimientos varios hace que los pobrecitos se agarren de los pelos porque no saben compartir todavía, es ahí donde las mamás salen corriendo a separarlos, decir sorry mil veces y defender a los mas damnificados (en general mi caso oops!). También se supone que es un espacio social para las mamás, pero da la casualidad que en ese playgroup yo no pude socializar con nadie... Cerca de la hora de cierre del playgroup una viejecita muy tierna se sienta en el piano enorme y toca las rimas y canciones británicas mas conocidas por todos –menos por mi, aparte de Twinkle Twinkle little star. Yo intento con todas mis fuerzas tararear los temas, me esfuerzo enormemente en moverme al ritmo de las canciones, bailar con Perla, etc. Pero ocurrió la última vez que fui que la tierna viejecita se levanto de su enorme piano y vino directamente hacia mi a preguntarme que por qu
é yo no cantaba! Le explique que el Inglés no es mi lengua, etc. etc., pero que estaba cantando de todos modos, y que era una pena porque yo soy cantante, o sea singer. Parece que la viejecita, tan tierna, entendió single en vez de singer! entonces me miro con cara rara, se dio media vuelta y se fue sin decir mas... Final de la historia.

Capítulo 3- El nombre de mi hija: 
Cuando elegimos el nombre para nuestra hija, pensé que iba a ser raro para ella porque de quedarnos en Reino Unido nunca iban a poder pronunciar su nombre correctamente, sobre todo con una R tan fuerte en el medio.

  Pero lo que nunca me hubiera imaginado era que yo misma iba a ser quien no pudiera pronunciar el nombre de su propia hija! Y paso a describir. Cuando me preguntan como se llama mi hija les digo ..., a los cual la mayoría cree que se trata de Bella. Cuando lo deletreo lo escriben mal y en el GP optaron por preguntarme la fecha de nacimiento porque no pueden entenderlo. Como ya me conocen las recepcionistas para hacerse las simpáticas me dicen: Ah! La nena de doble apellido...-Una amiga británica me dijo que pronuncie el nombre tal como es, en español. Pero aun así no logran entenderlo.

Capítulo 4- Chistes aparte:
Recuerdo una vez, estando apenitas embarazada, habl
ando con
Haciendo la torta del primer cumple otras dos mamás recientes y refiriéndome a la maternidad- me suenan las palabras que dije como si hubiera sido ayer- :Es que yo no quiero convertirme en una pelotuda...” Ellas se rieron como si se tratara de un chiste, y yo me sentí conforme en ese momento por haber tenido una salida mas o menos ocurrente.
  Hoy, mam
á y tal vez un poco orgullosamente pelotuda debo admitir que la maternidad transforma al ser humano, femenino en la mayoría de los casos, y nos brinda queramos o no una ración imprescindible de habilidades y aptitudes inexplicables para sobrevivir en la empresa. De otro modo seria imposible... Leeremos miles de recetas de quienes dicen todo saberlo, expertos que tal vez ni siquiera hayan pasado por la experiencia, pero sin embargo a la hora de elegir nos dejaremos llevar por algo llamado instinto, que aunque no pareciera, todavía conservamos en cierta medida.

Otro chiste que solía hacer en mis épocas de "hijos no" se basaba en el hecho de convertirme en Verónica Varano –para quienes no la recuerdan es una modelo argentina que empezó en un video de Luis Miguel y que luego de tener a sus dos o tres hijos se dedicó a presentar programas en el canal de los bebés, promocionar lencería para amamantar, abanderar todo proyecto infantil, y seguir siendo linda.
Concluyendo, madres admitámoslo: todas tenemos algo de Verónica, o sea un bebé a cuestas o un Luis Miguel que nos cante:)

Hasta la próxima
Silvia Demetilla Sapo de otro pozo, desde Londres la ciudad donde no existe el verano.


Las lobas
Gisella Jackniuk

  Rumiaron por la casa sintiendo un olor intenso. Las contracciones clavaban cuchillos en la espalda y las lobas paraban las orejas estimuladas por el sonido sordo de los aullidos. Ellas no estaban invitadas, se habían acercado siguiendo el instinto que sólo las generaciones conocen y no puede ser descifrado por un sólo individuo. Eran parte de un todo, de una historia milenaria que les escapaba el detalle pero sabían que tenían que estar allí. Como una ceremonia indígena o un sacrificio egipcio, era uno de esos rituales que no se preparan, se acude cuando el llamado acerca a los elegidos, esos que tienen que presenciar el nacimiento de una historia.

  Y las lobas estaban allí. Olían, miraban, escudriñaban. Un quejido salió de la habitación, todo se estaba preparando. El macho miraba a su hembra asustado, luego le aullaba tratando de coordinar la electricidad que emergía, pero el quejido era cada vez mas fuerte, rítmico, subía y bajaba, llegaba al pico y él la miraba con la trompa pegada al piso como un perro faldero, luego se acercaba a lamerla y ella se suavizaba pero el dolor, ese extraño dolor no reconocido le azotaba las vértebras, se retorcía. Las lobas se acercaban, sabían que llegaría su turno.

El séptimo quejido llegó a tocar la fibra de las visitantes, se acercaron a la loba y con el hocico la levantaron a los empujones. Cariñosamente pero con seguridad, la empujaron hasta lograr que se levantara, la espalda quebrada y el aullido intenso. La energía envolvía las habitaciones. El macho no salió del cuarto, no era su hora, pero estaba atento a la escena. Cantaba llamando a ese ser con un aullido largo y silencioso.

  Y así pasó la noche, panza arriba, respiración lenta, todos a la espera.

  Y la loba aulló otra vez llamando a la sacerdotisa, quien entre las tinieblas subió a la cumbre cuando el sol todavía no había clareado la casa. Preparó todo para el principio, ya era la hora.

  La loba en el centro con el cuerpo hinchado, el macho con su pezuña afilada al lado mirándolo todo; y ellas girando alrededor, guardianas.

  La loba comenzó a aullar sola, el eco resonaba en el barrio, en los callejones oscuros y en la plaza vacía. Ya la calle se llenaba de gente y la loba seguía con su aullido de noche de espera. Hasta que el eco del último aullido resonó en la casa, todas se sumaron, hasta el macho, quien refregaba el hocico queriendo oler a su cría; y la fuerza, el fuego, la energía lo dominaron todo; y por primera vez salió la Luna, hermosa hija mía, a este mundo.


Sistema de Salud en UK 


 
Hace un
tiempo reuní a 4 argentinas viviendo en Londres para hacer una nota sobre madres en UK.
Hoy me toca muy de cerca esa experiencia –o casi la estoy palpitando- y puedo confirmar algunas de sus experiencias, sinsabores, alegrías y esa sensación rara de que algo está pasando y no sabemos muy bien como va a terminar.

  El sistema de salud en UK es muy distinto del nuestro. En primer lugar aquí tanto unos como otros, embarazadas o no embarazadas, son atendidos por un GP o médico generalista que deriva a un médico especialista sólo en casos in-dis-pen-sa-bles!!
Una mujer embarazada es atendida durante los 9 meses en conjunto por el GP y la midwife –partera, obstetra-. Lo curioso es que la midwife se transforma en “las midwives” porque se trata de un team. No hay garantía  que la misma persona esté presente durante el parto, ni tampoco que siga toda la evolución del embarazo. Creo que este punto es el más penoso del sistema, no tener un seguimiento personalizado. Y no lo digo solamente yo como extranjera, sino que oí decirlo de bocas británicas también.

  Información es lo que no faltará durante todo el embarazo. Libros, folletos, folletitos, muestras gratis, etc, etc, llegan a nuestras manos durante los 9 meses. Los cursos pre-parto son gratuitos en los hospitales, pero recomiendan hacer alguno privado por las dudas. Me inscribí en el curso del hospital y también en el privado, y tuve la suerte de tener a la misma instructora en los dos!! Así que pude chequear la información doblemente.

  En UK existe un amplio porcentaje de mujeres que tienen a sus bebés en sus casas. Las asiste una midwife y sólo son llevadas al hospital en caso de emergencia. También está muy difundido el nacimiento en piletas. El problema es que usualmente el hospital tiene una o dos piletas disponibles, y no se puede reservar con anticipación, con lo cual si están en uso en ese mismo momento no se pueden utilizar.
 

En mi opinión existe una amplia tendencia al no-uso de analgésicos durante el parto. También hay una tendencia naturista que se resiste al uso de pañales descartables, comidas no-orgánicas, todo para no dañar al bebé, etc., etc.- aunque después los veamos preguntando cuál es el límite de alcohol para ingerir durante el embarazo o si se puede fumar mientras se está amamantando -.

  En el manual de los futuros padres británicos  el listado de compras es interminable. A la cabeza figuran los carritos o cochecitos (¿cómo se decía en Argentina?). Los hay de todo tipo, precio y sofisticación. Y aunque no me imagino por las calles de Buenos Aires con uno de esos sin sufrir una tentativa de secuestro, tengo que reconocer que parecen muy interesantes con sus diseños ultramodernos.
En segundo lugar figuran los asientitos para el auto, sin los cuales me dijeron- no se puede sacar al bebé del hospital.

  Aquellos que emigramos, y no heredamos ni cochecitos, ni ropa de otros bebés de la familia, a veces puede resultarnos un problema llegar a reunir todo lo necesario. Pero por otro lado tenemos la ventaja de no recibir miles de consejos indeseables, porque todo el mundo opina o recuerda su propia experiencia, que no siempre resulta de gran ayuda.
Para terminar, en UK la panza no se toca! O por lo menos los británicos no lo hacen. Sólo los extranjeros tocarán sin ningún tipo de pudor la panza de una embarazada y festejarán los movimientos del bebé.  En algunos países, según me dijeron, trae suerte. Y además durante el embarazo la panza se siente como un bien público, es una caricia con afecto y ternura que a la distancia siempre es necesaria…


Cruzando charcos 
    "Ser mamá  (y argentina) en UK..."  
                            (y no morir en el intento)  por Silvia Demetilla

  Jacqueline, Inés, Claudia y Lorena tienen varios puntos en común. Son argentinas. Sus maridos son argentinos. Son mamás y residen en Reino Unido. Esta es una charla en una mesa de café-virtual-real, entre mujeres que decidieron apostarle a una nueva vida… cuatro mujeres que si bien no se conocen entre sí coincidirán -o no- en muchas de sus opiniones y vivencias.
 

Jacqueline, mamá de Brendan de 8 meses, vive en Londres  “Llegué a Inglaterra con un embarazo de 4 meses y al principio me costó acostumbrarme a la diferencia en la asistencia con respecto a Argentina donde estaba acostumbrada a tener mi ginecóloga/ obstetra de confianza que sabía toda mi historia. Tener que ir a un hospital y ser tratada cada vez por gente distinta fue un poco despersonalizado. Por otra parte me gustó la capacidad de decisión en cuanto a cómo querés que sea el parto (desde “labour partners” hasta la música que querés poner!), la variedad de tipos de anestesia, etc.”

Lorena vive en Reading desde hace dos años y medio, es mamá de Agustín y espera su segundo bebé: “Aqui se es mucho más "independiente", te dan bibliografia para leer y ¡seguí las instrucciones !! Si todo va bien al médico no lo ves nunca, ni siquiera en el momento del parto. Yo diría que tienden a ser más "naturales", ¡tu cuerpo sabe que hacer!!!!”
 

Claudia   vive en Bristol desde hace 10 años y es mamá de Patxi de casi 7 años, coincide con la opinión de las otras en cuanto a que las desiciones las toma la mujer embarazada y no el médico como usualmente sería en Argentina, también recuerda: “Para el nacimiento pudieron venir mi mamá, mi papá y mi suegro.   ¡Fue como la llegada de los 3 reyes magos!! Trajeron regalos, mimos y consejos y estaban tan emocionados…    Vivíamos en un flat diminuto, así que los abuelos estaban repartidos en casas de amigos para dormir, pero pasábamos el día juntos y amontonados. Fue un placer tenerlos cerca para la ocasión, pero fue lindo también cuando se fueron y tuvimos nuestra pequeña familia sin interferencias”.
 

Inés, la cuarta mamá del grupo vive en Escocia y resume paso a paso la búsqueda de adaptación e inserción en una sociedad bastante diferente a la de origen, partiendo desde la complicada tarea de encontrar una guardería que se adecúe a las necesidades de su hijo por ejemplo “Llegamos acá cuando nuestro bebé tenia 1 año y tres meses. Tratamos de acomodarnos a la nueva realidad, lo anotamos en un jardín –nursery- , también en música –que le fascina- y lo llevábamos a cuanta actividad podíamos y le gustara, tal vez intentando compensar ausencias".
 

  La diferencia de trato y aproximación hacia los niños es uno de los mayores impactos con los que se ven enfrentadas las mamás argentinas, acostumbradas a una mayor interactividad entre docentes y niños.

Inés: Yendo al punto, salvo la gerente del jardín, que tenía idea de como acompasar nenes, como contenerlos y motivarlos, el staff, en tres semanas jamás se puso a la altura de nuestro hijo para hablarle o dirigirse a él, mejor dicho JAMAS en tres semanas ni siquiera mencionaron su nombre, ni lo tocaron, ni lo acercaron al grupo -y no hablo de cualquier nursery sino de una muy recomendada en esta ciudad-  Observé nenes de hasta dos años y medio atados en sus carritos para dormir, o todos frente a un televisor, o en corralitos, o sentaditos como estatuas en el parque de la “nursery”, o jugando llenos de mocos y baba por horas sin que nadie los limpie. Es de destacar que los nenes se veían menos inquietos, menos activos, mas “moderados. Por suerte, ahora ya conseguimos una nursery con gente idónea”.
 

Lorena::  “Hay cosas que están mucho mas organizadas, grupos de juegos, etc, pero hay lista de espera para todo ¡Agustín ya está anotado en la lista de espera de la escuela primaria desde los 2 años!) ¡Todavía no lo puedo creer!”
 

A la hora de hablar  del sistema de salud Inés describe su experiencia: "A nivel sanitario es dificilísimo. La atención a los niños esta instrumentada a través de las Health visitor, que son unas enfermeras (dicen que capacitadas ad hoc) que pasan a controlar "cuando ellas y su calendario lo indican" el crecimiento del nene. Lo miden –solo estatura-, a veces lo pesan, te hacen preguntas sobre sus comidas y vacunas y listo. No esperen jamás que tenga un pediatra o médico de cabecera que realice los típicos controles de crecimiento. No menosprecio el conocimiento de una enfermera, mi mamá lo fue por muchos años y se especializó en obstetricia, neonatología, y patologías cardiaco pediátricas. Pero no es el contexto de la mayoría de las Health visitors. Y para algo existen los médicos."
 

Si estuvieran viviendo en Argentina la cercanía de la familia, su apoyo y ayuda serían impagables. También sería más fácil conseguir una guardería que se adapte a sus necesidades.  Es aqui donde las opiniones se dividen.

Jacqueline “Pero por otro lado en Inglaterra tenemos un nivel de vida algo mejor, y tenemos más tranquilidad sobre todo, lo que hace que la vida familiar se disfrute mucho más”.
 

Inés no siente lo mismo que las otras mamás."Esto para mí no es mejor en nada y menos sanitariamente hablando" .Tambien se refiere al papel de la familia y del entorno “La distancia por momentos se convierte en un yugo en mi cabeza, añoro para mi bebé los afectos y la forma que “en casa” –Argentina- se canalizan, me pesa que él no esté creciendo en un entorno donde la gente es mas afectiva, demostrativa, pasional, enérgica, etc.”
 

¿Cómo describir la experiencia de criar a un hijo en UK?
 

Claudia sonríe, tal vez recordando su Tucumán natal, y relata: Yo siempre me río y digo que tengo “¡un hijo extranjero!”. Su experiencia de vida es diferente a la mía. Mi hijo vive en una casa que es un mini-cosmos argentino con empanadas, dulce de leche y hablando español, pero el resto de su mundo es británico desde la tele hasta la escuela, entonces él se crió entre dos mundos, cantando y viendo “Manuelita” en video y tambien los “Teletubbies” y “Bob the builder”.Hay una anécdota que ilustra esa sensación de que él es más British que Argentino: Cuando Patxi tendría unos 3 años yo me pesqué una gripe horrenda y estaba en la cama. Cuando él se levanto queriendo su desayuno, yo apenas podía salir de la cama, él me vió tan mal y me agarró la mano con preocupacion. Entonces dándome palmaditas de ánimo me dijo “no te preocupes, mummy, a nice hot cup of tea and you'll feel so much better”. Yo en mi vida tomo té y eso de considerar que una tacita de té es el remedio universal a los males del corazón y el cuerpo es ¡TAN tipicamente britanico!!”


En los hogares de familias argentinas en el exterior, en general, se habla español todo el tiempo, lo cual generará niños bilingües en el futuro.

Claudia: “Desde que Patxi nació yo dije “en esta casa se habla español”. Esa era (y sigue siendo cuando puedo) la regla de oro. Patxi empezó a hablar tarde, casi a los 3 años, o al menos eso creía yo que sólo escuchaba balbuceos. Un día la nanny que lo cuidaba en la guardería me dijo – Patxi speaks so well now-, lo que me dejó absolutamente con la boca abierta- Really?- le respondí. Patxi hacía rato que decía palabras en perfecto inglés, y yo ni enterada… pensaba que estaba balbuceando”.

También se conservan costumbres e identidad, y sobre todo se incentiva la comunicación entre los “argentinitos” y la familia real-virtual.

Inés:  “El vínculo esta generado, lo que hacemos es mantenerlo, alimentarlo…nuestro nene habla por teléfono con la familia, chatea…….¡si! aunque tenga dos años al escuchar el ruidito del chat empieza como un loco a teclear y pulsar Enter. También mira los álbumes de fotos, siempre los pide y va como…rememorando y mencionando los nombres de cada uno, o señalando y diciendo “...abuela, padino,...” etc”.

Jaqueline: “Sobre todo con los abuelos. La webcam es un gran invento”

Lorena: “Agus tiene un album de fotos propio con todos, los reconoce perfectamente, les habla por teléfono bastante seguido y nos vemos con aceptable frecuencia.”

Claudia: En el living de casa tenemos una pared entera con fotos de la familia que está en Tucumán, y Patxi los conoce a todos, aunque sea por fotos que van quedando cada vez mas viejas… Además le cuento siempre de Argentina, de la familia, de las costumbres, de las cosas que son diferentes, etc. Cuando Patxi empezó a ir a jardín de infantes tenía un compañero al que lo buscaban sus abuelos de vez en cuando. Un día me preguntó: ¿Porqué yo no tengo abuelos? ¿Porqué nuestra familia es tan chiquita?”. Mi respuesta fue y sigue siendo que tiene abuelos y una familia grande, pero que viven muy lejos, y que los visitamos cuando podemos, que de todos modos lo quieren mucho y que ésa es su familia”.
 

En el corazón de todos los emigrantes existe la secreta esperanza del regreso, aunque la gran mayoría no puede decir a ciencia cierta cuándo se llevará a cabo el añorado objetivo. Si la situación económica lo permite, estas familias regresan por lo menos una vez al año de visita al país de origen. Pero ¿en qué medida influye esta separación temporaria o permanente de los seres queridos?

Inés: La distancia me pesa en muchas cosas referentes a mi maternidad. Pero no permito que ese peso me paralice, sé sobrevivir –como la mayoría de los que estamos fuera- adaptarme, no pelearme con el contexto todo el tiempo, y mantener nuestras propias costumbres, nuestros sabores, nuestra vida, nuestra forma de ser mas allá de los demás y su ámbito...que pasa a ser parte del paisaje. No creo en nostalgias vacías, o añoranzas gratuitas. Soy muy realista y analista, sé lo que tengo y lo que dejé lejos, para que me entiendan...no creo que los baches o cráteres de Buenos Aires sean interesantes y decorativos accidentes geográficos de las callecitas porteñas, no creo que la inseguridad de allá sea anecdótica como en cualquier metrópolis. Pero también sé todo todo todo lo que Argentina tiene de bueno...y a diferencia de lo que muchos creen..esto no es "esa mentira de primer mundo", y no necesité venir a este lugar para saberlo..”.

Claudia: “La distancia a mí me ha pesado siempre, y con la maternidad me ha llegado a la vez una vulnerabilidad y una fortaleza que no sabía que tenía. Por un lado quisiera tener a mi mamá mas cerca, poder hablar con mi hermana todos los días y compartir la belleza de ver a mi chiquito crecer y cada una de sus maravillosas payaserías y logros. Y me duele el corazón porque a veces ni les puedo contar las gracias que dice porque Patxi las dice en inglés, idioma que los abuelos no hablan. Por otro lado, aquí tenemos independencia económica, el seguro médico funciona (lento pero funciona), las medicinas para los chicos son gratis hasta la adolescencia; y la escuela pública de la vuelta funciona muy bien (y sin paros todos los días). Así que hago tripa corazón, cuento las bendiciones y trato de no pensar en lo que duele y extraño”.

Lorena:  El tema de los sentimientos, la familia y amigos es algo que realmente no se reemplaza. Por el resto, creo que es mejor vivir acá. Agus es fanático del dulce de leche y de los alfajores Havanna! (nos peleamos par a par por quien come más).”
 

Jacqueline: “Criar al gordo prácticamente solos te da mucha pena de a ratos. No sé cómo nos enfrentamos, simplemente lo hacemos día a día”.
 

 ¿Más argentinos que británicos? ¿Más británicos que argentinos? ¿Cómo ven estas mamás argentinas a sus hijos dentro de 10 años?
 

Jacqueline “Depende de cuánto tiempo permanezcamos acá... De quedarnos 10 años calculo que sería más británico que argentino. Es inevitable cuando se crían de chicos en otro país. Aunque mi hijo es nacido en UK, pero es “argentino por opción”.
 

Claudia: “En 10 años pienso que Patxi va a sentir mucho afecto y cariño por Argentina pero se va a sentir británico. Para reforzar los vínculos, pensamos mandarlo por unos meses a vivir a Tucumán con sus tíos o abuelos cuando sea adolescente, creo que va a ser una buena experiencia vivir también un tiempo en el otro de sus dos paises”.

Lorena: “No sé, creo que más argentino que británico porque dentro de casa es como una pequeña Argentina, pero no lo puedo asegurar ya que irá a la escuela y se moverá en un circulo británico”.
Inés no tiene ninguna duda: Feliz en Argentina y 100% argentino.”

 



Probablemente la capacidad de adaptación de los chicos sea mucho mayor que la de los adultos, y la inserción de los “argentinitos” sea tan importante como la conservación de costumbres y hábitos de los argentinos que residen en el exterior. 

"Cuando fue el
último mundial de f
ú
tbol (refiriendose al mundial del 2002), Patxi, miraba los partidos entre Argentina e Inglaterra con enorme interés; se ponía la camiseta argentina y festejaba todos los goles... TODOS los goles, los argentinos y los ingleses con igual alegría, y sufría con todas las pifiadas de los dos equipos. Al final cuando terminaban los partidos quedaba contento con quien fuera que hubiera ganado y a la vez triste cuando perdía “su” otro equipo. Y se enojaba cuando su papa hinchaba “solamente” por Argentina." concluye orgullosa Claudia

 


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"Volver"
Alejandra Perciavalle, desde Nyon- Suiza
 

  En un día nublado y frío como este,  decorado con esta misma lluvia, parca y tímida, llegamos a Suiza a fines del año 99. Hoy, casi ocho años después, mi hijo mayor partió de Ginebra para retornar a su patria y retomar sus raíces.

  La idea surgió como un secreto anhelo que fue rumiando vaya a saber Dios por cuanto tiempo. Luego de siete años de ausencia, para Pascuas, retornamos todos juntos de vacaciones a Buenos Aires. Era un viaje necesario y querido que trajo todo tipo de sensaciones a todo nivel. Para Kevin, que ya venía cuesta abajo con la frialdad imperante en las tierras helvéticas, fue el batacazo final. Ya estando en Baires, me informó que decididamente y luego de hacer el servicio militar suizo, que es obligatorio puesto que el ejército es civil, quería volver a Buenos Aires a tratar de terminar el colegio secundario, cosa que aquí, por diversos asuntos ya narrados, analizados, compartidos y algo superados, había sido imposible.

A mí, en ese momento me pareció una idea brillante y distante. Kevin entraba al ejército en julio, pasaba allí unos 10 meses ya que hay dos opciones: corta con secuelas anuales o larga y definitiva Léase: se hacen 4 meses de instrucción y regresas todos lo años por quince días o se hacen 10 meses de un saque y no volvés nunca más. Como Kevin detesta las armas, la violencia y las órdenes, decidió que la opción de una vez en la vida era la más piola. Yo estuve de acuerdo, sobretodo por que en esos diez meses recibiría un sueldo de 2000 francos mensuales (unos 1700 dólares) que le permitiría ahorrar bastante para comprar su pasaje y mantenerse en el futuro. Aparte, al no vivir en casa, yo podría también alquilar su cuarto con lo cual la economía familiar se vería ampliamente beneficiada. Encima, al terminar la formación militar en marzo podía viajar directamente a Baires y comenzar el colegio y si las cosas no se daban, podía regresar en agosto donde tenía reservada una plaza para seguir el aprendizaje de asistente social y trabajar en la guardería donde había sido contratado en noviembre pasado. Aparte viviría con el abuelo que anda muy aislado y solitario y sería un beneficio para ambos poder profundizar esa relación tan valiosa. Era un negocio redondo por todos lados.

Algo tan simple y fácil no podía resultar en la vida de la Mujer Maravilla en Decadencia, como opté por bautizarme cuando los astros no estuvieron de acuerdo con nuestros planes. Evidentemente en este 2007, la mujer propone y Dios siempre decide otra cosa. Así fue pues que cuando Kevin se presentó a las audiciones preliminares del servicio militar a principios de junio, le informaron que un chico tan sensible, con una fobia aguda y marcada contra los desfiles, las marchas, los uniformes, las armas, las botas, la obediencia debida y las medallas y condecoraciones (sin mencionar su amor desaforado al lujo, la comodidad, MTV, Hotmail y el mp3) era incompatible con los diez meses de permanencia pasiva en uniforme verde. Para felicidad de todos, le ofrecieron la milicia civil y optó por anotarse en catástrofes naturales (tema harto conocido con la experiencia familiar padecida). Le dieron un enorme y pesado par de botas y le dijeron que se presentara a la formación de dos semanas en el mes de marzo próximo.

El chico volvió a casa dos días después silbando bajito y aceptando su nueva vida. Yo, que ya venía rayadita por varios motivos a detallar en otro momento mas propicio y que encima acababa de salir del hospital por una operación menor pero que demandaba reposo, lo tomé con menos benevolencia. En realidad tuve un ataque de locura y odio contra el país, me paré en medio del living y di un discurso adonde escupí de cabo a rabo todas las cosas que detesto de vivir aquí. Fue como vaciar la caja de Pandora, descubrí nuevas vetas de odio por motivos hasta ahora ignorados, fue una catarsis en el fondo muy positiva y reconfortante, que obviamente me dejó agotada, dejó algo perturbados a todos los integrantes del elenco familiar, temerosos al gato y al hamster ruso (nuevo integrante de la familia) y algo confusa a Wendy que hasta ese momento me miraba con admiración absoluta.

Lo que detonó semejante diatriba, fue el hecho de la ineficiencia y el egoísmo de un sistema nefasto que se precia de ser absolutamente maravilloso y que obliga a la gente a ser perfecta, lo cual resulta en un stress espantoso y absurdo, ya que ni remotamente consigue la perfección buscada. Nos obligan a pagar un precio muy alto para nada. 

En un país donde se planifica todo con meses de anticipación y la gente vive como congelada y oprimida en las alternativas elegidas en las eras geológicas primarias, informar a una madre que debe obligadamente plegarse a este sistema nefasto para poder sobrevivir con dignidad y cierta elegancia, solamente con un mes de anticipación que su hijo se queda sin trabajo y sin subsistencia, sin planes para el futuro y sin medios, fue demasiado.

Cuando me di cuenta que atacar la soberbia de un sistema inepto basado en la imbecilidad común de los que lo aceptan y acatan como si fuera una religión, me volvía impotente, me hacía terriblemente mal y no me aportaba ninguna solución, opté por comportarme con un poco mas de inteligencia. Me senté con Kevin y comenzamos a barajar alternativas. 

La primera fue conseguir que le extendieran el contrato de la guardería, que le otorgaba varias cosas: un sueldo mísero, pero sueldo al fin, y el hecho de ser considerado pre-aprendiz cosa que obligaba a su padre a seguir pasándole una pensión, pues por ley y mientras estudien, a los hijos hay que mantenerlos hasta los 25 años. El estado también ayuda en eso (vamos a decir algo positivo sino la computadora se va a prender fuego con tanta rabia) pues le redondea el ingreso para que llegue al mínimo de las famosas tablas sociales que yo tanto detesto. Comunismo con guante blanco.

Luego busqué el medio de conseguir un pasaje barato en alguna línea aérea que no lo dejara varado en ningún exótico lugar del planeta. Eso fue algo más difícil. Acodada cómodamente en esa dificultad, recordé que anualmente junto miles de millas con mi tarjeta de crédito y que las mismas caducan si no se utilizan, así que me aboqué a la tarea de cambiar algunas de ellas por el medio gratuito para que Kevin llegara a Buenos Aires. Eso también fue quijotesco y digno de la Mujer Maravilla en Decadencia. El sistema es perverso puesto que te incitan a juntar millas con todo y luego, a la hora de la verdad, te ponen tantos peros para conseguir lo que te prometieron con tanta benevolencia, soltura y amplitud, que franquear los escollos se convierte en un acto de valentía y perseverancia. Pero contra Internet esas armas juegan poco puesto que un contrincante mudo y obstinado y que encima es el que pone las reglas, no sirve para dialogar ni para negociar. Es como enfrentarse a la burocracia suiza, llene el formulario o no puede jugar y las excepciones no existen. Untada de bronca e impotencia al saber que me costaría 3000 millas más, tomé el teléfono, arma mucho más simpática y parlante que la sordomuda computadora y me conecté con un ser humano real que me informó que lamentablemente con millas los pasajes en general había que pedirlos con seis meses mínimo de anticipación. Obviamente que para Buenos Aires, Montevideo o Chile no había nada hasta febrero. ¡Entonces tuve una idea maravillosa! Para burlar a Swiss y conseguir lo deseado pedí un pasaje vía Nueva York. Había lugar y lo tomé a nombre de Kevin. Luego llamé a Delta, donde acumulé millas imperecederas en el período jurásico cuando vivíamos en Miami y viajábamos por Pan Am en business (glorias pasadas, atesoradas y añoradas) y pedí un pasaje para Kevin de Nueva York a Buenos Aires una semana después. Acto seguido llamé a mi amiga Deliana que vive en Queens y le dije que Kevin pasaría la primera semana de octubre con ella y su familia. De esta forma desenfadada y práctica, logré franquear las temibles murallas de los impedimentos y solucioné con pocos francos, la partida mecánica de mi hijo. Luego de lo cual, cerré el capítulo “medios de locomoción” y me dediqué a solucionar varios de los otros múltiples problemas diarios.

Kevin se ocupó de comunicarse con el ejército para informarles que partía del país y que posiblemente no estuviera de retorno para marzo. Por una vez no hubo problemas a ese respecto pero por supuesto la burocracia imperante en estos sitios, le hizo concurrir a la oficina cantonal donde le otorgaron un papel en el cual constaba su fecha de salida del país. Esto le dispensaría de pagar los impuestos (que de todas formas no paga puesto que no llega ni a palos al mínimo imponible) y lo liberaría, por el momento, de la obligación de hacer el servicio militar. También dicho papel debe presentarse al seguro médico para que lo exima, puesto que aquí es obligatorio por ley, de seguir pagando su obra social. Eso me tocó a mí, pero como fue fácil y sencillo, me dejó un gusto a victoria.

Envalentonada con ese mini-triunfo me aboqué a lo que luego resultó ser lo más sabroso de todo: conseguir el papel de la constancia de que Kevin cursó décimo año. Y en realidad todo lo relacionado con el paso escolar de Kevin en Suiza siempre fue terrible, trágico, agotador y salvaje, y si este último trecho iba en desmedro del anterior, hubiera sido encima verdaderamente desprolijo. Para tener una idea de que aunque una madre cuente con una paciencia elástica, flexible y titánica, esta misma llega un momento que se termina y sobreviene la hecatombe nuclear, noten que los inicios de dicho trámite comenzaron en el mes de julio cuando le solicité a mi vástago mayor que consiguiera ese papel, que debía de ser lo mas fácil de todo. Cuando Kevin llamó en diferentes momentos, y no atendían nunca, supusimos que estaban todos de vacaciones. Aquí las vacaciones son largas y sagradas y los horarios de comida y descanso también, sobretodo para los establecimientos estatales. Por supuesto la ecología les impide instalar un contestador que indique cuando y en qué horario contactar con lo que uno necesita, por lo cual Kevin se volcó a Internet y como tampoco había información de ninguna clase, les escribió un email, que nunca fue contestado e intuyo que tampoco leído.

A fines de agosto, con el retorno de los niños a las aulas, Kevin recomenzó su vía crucis para obtener la constancia escolar. Nos enteramos entonces que la directora había sido cambiada y que dar con la nueva no era tarea fácil. Tras denodados y frustrantes esfuerzos telefónicos, Kevin logró hablar con la misma y esta le comentó que se habían perdido todos los archivos de la institución y que no podía otorgarle nada. Kevin insistió estoicamente, invocó los nombres de varios profesores que debían de recordarlo con o sin sonrisa y luego de una lucha cuerpo a cuerpo vía tubo, la mujer le prometió que le mandaría la constancia por correo. Pasó una semana y no llego nada. Una de las cosas que sí funciona espectacularmente bien en Suiza es el correo. Si uno pone en el buzón una carta antes de las 18 horas al día siguiente arriba a destino. Kevin volvió a llamar a la mujer en cuestión  y esta le informó que el sobre ya había partido. Así pasaron varios días y dos llamados mas, donde la yegua insistía en que había enviado todo y nosotros por supuesto seguíamos sin recibir nada.


Mi sana alegría se iba transformando en un monstruo verdoso y deforme y luego de que la citada amorfa no atendiera a mi hijo primogénito por teléfono en dos ocasiones consecutivas, decidí tomar cartas en el asunto y llamé yo. Me atendió un profesor que me dijo que lamentablemente la susodicha estaba ocupada y no me podía atender y cuando me informó que no sabía en que horario estaría disponible para hacerlo, empecé a relatarle con detalle y tono apocalíptico todos los problemas de mi vida.  Esta táctica estratégica tuvo un efecto inmediato,  el buen hombre decidió que mejor me pasaba con la decana para poder ir a almorzar en paz y librarse de la loca de la casa. Lo que vino al teléfono ya estaba alterado, y yo ya estaba molesta por todas las jugarretas sucias e indignas que una autoridad escolar le había suciamente jugado a mi pequeño-gran hijito, por lo cual el encuentro fue una verdadera coalición que obviamente terminó en colapso abrupto y ensordecedor.  Ambas gritamos desde el vamos, ella aduciendo que ya había enviado la carta, yo reiterando que no la habíamos recibido.

Cuando yo le expuse que estábamos algo hartos de escuchar durante 2 semanas que la carta había sido puesta en el buzón y que eso normalmente toma solo 24 horas, y que nada me gustaría mas que ser informada de que día exactamente había
 introducido la famosa misiva en el buzón, la muy guacha se escudó en que sus múltiples actividades y su trabajo denodado le impedían recordar semejante nimiedad. Encima para hacerse la canchera me espetó: “yo sé muy bien de que alumno me habla” y acto seguido recitó como de memoria prodigiosa el nombre, la dirección de casa y la fecha de nacimiento de mi hijo. Yo, como ya de vuelta de esos trucos ridículos y pueriles y sin poder creer que “eso” con lo que hablaba era la directora de un colegio,  le contesté que siempre ayudaba tener la carpeta con los datos necesarios sobre el escritorio para poder leer la información.

Ella se fue por la tangente helvética –todos se entrenan arduamente para ser siempre neutrales- aduciendo heroicamente que había hecho algo ilegal puesto que los archivos se habían perdido y no quedaba constancia alguna del paso de mi hijo por su institución. Allí le dije que si ellos perdían las cosas, culpa mía no era. ¿Qué respondió la insensata?, que como ella no los había perdido tampoco era su culpa. A esa altura yo ya no sólo no tenía mas paciencia sino que tampoco tenía ganas de seguir perdiendo el tiempo en una discusión tan superflua y sosa con una infradotada que quien sabe por qué problemas de la vida o de su mente limitada no logra asumir sus deberes. Como ya estaba cansada y afónica, le pedí su nombre que por supuesto se negó a darme, y le vaticiné que si en 24 horas no recibía lo que ella tenía la obligación de darme, me apersonaría en sus oficinas para continuar con nuestro agradable intercambio tête-à-tête.

Al día siguiente y portando el matasellos del día anterior recibimos la famosa carta que contenía la atestación de que Kevin había cursado el 10mo año en el Opti de Gland.  Allí surgió otro inconveniente que fue que en dicha atestación no constaba que el chico había aprobado el año.

Pero lo peor de todo fue que Kevin nunca aprobó el décimo año y yo ¡me había olvidado! Recordar que luego de un primer semestre glorioso y con notas eximias por primera vez en su vida, el rebelde sin causa decidió de la noche a la mañana que el Opti no le gustaba y que de todas maneras el aprobar los exámenes no le serviría de nada, fue un trago amargo y duro de pasar por segunda vez. Estuve a punto de sufrir úlcera perforada de estómago y otras dolencias, pero me salvó el hecho de que la fecha se acercaba y ya no quedaba mucho tiempo, ni siquiera para hacerse problema. Decidí que si aparte de rendir equivalencias, tenía que rehacer el secundario entero ese sería su problema y no el mío y seguí adelante con la vida y sus quehaceres.

A mediados de septiembre comencé un curso intensivo de francés y a partir de allí vino la recta final. Ardua, empinada y dolorosa. Wendy partía el martes 25 y Kevin el viernes 28, y a partir del 20 la casa se convirtió en un campamento gitano invadido por un tornado desquiciado.

Ya veníamos mal desde que Nathalie me regaló un placard de 5 puertas que logré insertar en el cuarto de Brandon, para lo cual varios adminículos –incluida una cómoda de 7 cajones- pasaron a morar en el living y en el pasillo de entrada y nunca mas encontraron su lugar en el mundo. Wendy subió de la baulera las 6 cajas de cosas que había acumulado durante su permanencia de 8 meses en suelo helvético, más sus dos valijas y se dedicó a tratar de seleccionar lo que mandaba por correo y lo que llevaba con ella. Finalmente, el lunes 24 aterrizamos en la poste con 5 cajas que fueron despachadas a los Estados Unidos de la forma más económica posible, cosa que igualmente fue onerosa.

El 25 fuimos todos al aeropuerto a despedir a esta chiquilla dulce y maravillosa que logró en escaso tiempo conquistar los corazones de todos nosotros y se granjeó un lugar de honor en nuestra familia. Para que no fuera tan trágico y lacrimógeno como cuando partió a Ruanda en julio, ella prefirió despedirnos a nosotros al pié de la escalera mecánica, viéndonos bajar, y no quedarse del otro lado del grueso vidrio luego de haber presentado su documento y así lo hicimos y si bien fue igualmente triste, por lo menos, ella se quedó como mas contenida.

Volver a casa y buscarla sin encontrarla, sentirla pero no verla, no poder abrazarla, fueron algunas de las cosas que experimenté al extrañarla en los escasos días que me quedaban para acompañar a Kevin. Llegó un momento en que la presión y la pena eran tan insoportables que rogaba por que el tiempo pasara, que llegara finalmente el día de la partida para que el dolor fuera un dolor verdadero y no un sufrimiento anticipado e inútil.

El jueves 27 falté al curso por la tarde y me fui con Kevin a Ginebra a hacer los últimos trámites. Lo acompañé al dentista y luego fuimos a visitar a mi abogada, mi querida Ileana, que como también es traductora pública le traduciría las atestaciones de 9no. y 10mo. y luego les pondría la apostilla para que se puedan presentar en Buenos Aires como documentos legales y válidos. 

Al salir decidimos ir a tomar un café (el último café) a la Fnac y fue allí, cuando estacioné el auto y quedé  parada como de casualidad, justo frente al primer colegio al cual concurrían los chicos en Ginebra, que me di cuenta de que mi primer hijo había crecido y que al día siguiente se iba para siempre. Al contemplar el patio de juegos del colegio, la vida me sopapeó y en un segundo comprendí qué rápido habían pasado los años. Que todo, todas las pruebas, los momentos,  las experiencias duras y felices de tantos años, todo ese futuro incierto que se nos mostraba inmenso, enigmático y vacío al llegar aquí, había sido vivido y se había transformado en un pasado chiquito, que ahora se me escapaba de las manos.

Los recuerdos eran como miles de golondrinas que volvían a Capistrano para la primavera, agolpándose desordenadamente en mi memoria obnubilada por tanta abundancia.

El tiempo se deshizo y mi cuerpo quedó en esta dimensión del presente, pero mi mente huyó al pasado y no cesaba de revivir  esos días que ahora me resultaban tan lejanos y tan distantes. Me envolvió una nostalgia dulce y adormecedora, que me dejó tocar esos los recuerdos tan queridos, pero estaban fríos, cubiertos de nieve, teñidos de color sepia, bañados en melancolía, embebidos de saudades. Del brazo de Kevin caminé hasta la Fnac y pasamos por el cine, ese cine al cual fuimos una tarde al mes de haber llegado a Ginebra, solos él y yo a ver una peli de James Bond con Pierce Brosman. Pasamos por el Mac Donalds y el Burger King cede de tantos cumpleaños, y la esquina donde una vez perdieron a Brandon y lo trajo un policía cuando aun casi nadie hablaba francés.

Una angustia azul me oprimió la garganta. Me sentí paralizada, rodeada, ahogada de recuerdos y momentos pasados, que se enfrentaban a este presente que también se me escurría de las manos y me dejaba sola, aislada en mi gran isla de tristeza. La sensación de pérdida era tan grande, abrumadora y desoladora que no sabía que hacer conmigo, ni que decir y lo único que deseaba era que el tiempo se detuviera y que yo me volviera chiquitita, para poder salir a jugar al jardín de la mano de Kevin.

No quise abrumar a mi hijo con todos estos sentires que tal vez él no sabría interpretar o que seguramente estarían tan distantes de los suyos, de ese presente suyo tan flamante, brillante y prometedor, ese cuaderno nuevo donde hay tantas hojas para llenar, tantas promesas y tanto por vivir. Intuyo que a él también le resultaría difícil despedirse de todo y dar este gran salto hacia el futuro y una nueva vida.

Brandon nos esperaba en casa junto con las valijas que había que terminar. Todo seguía siendo un caos, como para hacer juego con mi estado de ánimo y mi sentir que continuaba aún revuelto, mareado y medio perdido. Cuando ya casi había terminado con el equipaje recordé que debía darle a Kevin su DNI y su pasaporte argentino. El abrió ambos documentos y juntos espiamos las fotos. Un chico de ocho años nos miró desde el DNI y la confusión se sumó a los otros miles de sentimientos. Kevin me preguntó como hacer para renovar ese documento que le explico que le servirá para votar, que tiene que dar el cambio de domicilio y que nunca me voy a olvidar cuando fuimos a Derqui a hacer el trámite. Kevin me mira y de golpe sonríe y me dice, “si… era una oficina fea, pintada de verde claro, que daba a la calle, con una ventana grande y había mucha gente. Mientras hacíamos la cola vos fuiste a la panadería de enfrente a comprar cuernitos…” No me sentí tan sola al comprobar que él también recordaba. Su memoria, iluminada por la antorcha de una foto infantil, le regalaba de golpe pedacitos de su pasado.

El viernes amaneció nublado y frío. Nos levantamos temprano y desayunamos todos juntos, disfrutando de esos minutos preciosos como tantas otras mañanas. Por supuesto nos demoramos más de la cuenta y salimos ya pasada la hora. Mientras los chicos parloteaban y cambiaban la radio buscando algo divertido, yo manejaba y pensaba “llegó el día que tanto postergué, que siempre pensé que nunca iba a llegar o que faltaban siglos para que llegara. Eso que siempre le pasa a los otros hoy me pasa a mí”.

Mientras Barbara me acusaba de demencial senil precoz, por mi –según ella- creciente hipersensibilidad y/o recelo hacia el desorden y la suciedad por no decir “mugre” imperante en los dominios espaciales de mis hijos, yo miraba por el espejo retrovisor a Kevin y el nudo de mi garganta, el de mi alma y el de mi corazón iban adquiriendo proporciones insuperables en las escalas conocidas y vividas. Con sus ojos contemplaba el paisaje y sé que se estaba despidiendo de Suiza, de estos años, y esta vida que tejimos aquí en este tiempo. 

Lo despedimos con alegría, sabiendo que va hacia lo que él eligió, que vuelve a su patria para vivir su experiencia. Y él se fue contento y lleno de emoción.

En el camino de regreso me convertí en una madre con estado regresivo. Me agarró como una ansiedad y un verdadero antojo de ver películas de dibujitos animados. Hasta llegué a sentir deseos de que venga mi mamá y me cuente un cuento, mientras yo la escucho sentada en el piso.

Este dolor de ahora, este sufrimiento agudo que me traspasa y me acompaña solicita y solidariamente a todos lados y en todo momento es un compañero agrio y difícil. Sé, que lo que ahora me parece gigante, inabarcable, abrumador e  invasivo, se irá relativizando con el pasar de los días y de los meses. Cambiará su forma pero no su caudal. Seguirá siendo el mismo dolor, esa ansia de querer volver a lo que fue, de desear revivir lo que ya no está, pero su apariencia se tornará habitual, opaca y  profunda.

Será amortiguado por otras urgencias, otros problemas, alegrías, experiencias, sorpresas. Pero hoy es nuevo, estruendoso, enorme, duro y pesado. Amargo, áspero y espeso. Este dolor que por momentos me envuelve y me deja nostálgica, triste y sin ganas, suspendida en algún lugar, mirando sin ver, estando sin estar, viviendo sin vivir.


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