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Sapo Blog, escribe Silvia Demetilla
desde Londres.

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Detrás de esta página hay un grupo de seres  humanos que felizmente gozamos de nuestros aciertos y aprendemos de nuestros errores... Contanos los tuyos, compartilos con otros...


El tiempo, la distancia, el paisaje... Todo es distinto cuando estás "afuera". Compartimos a veces con otros argentinos -en esas largas
charlas filosóficas que tanto nos caracterizan, con o sin cafecito de por medio - que estar en otro país es "comenzar una nueva vida".

Es descubrirse todos los días en nuevos lugares, experimentar en cada momento nuevas experiencias, e indudablemente crecer... Y si bien el dolor de sentirse lejos a veces empaña esos momentos de crecimiento, tal vez, en el fondo todo sea cuestión de tiempo. Porque tanto acá como allá, y a pesar de esa "nueva vida" de la cual hice mención, nuestra esencia seguirá siendo la misma...


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Llega nuevamente... la Navidad
Silvia Demetilla


El momento de las reflexiones y los balances. El Christmas jumper y el Secret Santa. La música de Navidad que suena en todos los negocios, los bares, pubs y restaurants, ferias navideñas, radio y televisión sin excepción alguna,  con las mismas treinta y pico de canciones que nos vienen comiendo la cabeza desde octubre de cada año y que, milagrosamente, desaparecen el veinticuatro a las doce. El habitual anuncio televisivo del año de John Lewis.
 
Los brindis con amigos y compañeros del trabajo. Los planes para la Navidad y Fin de Año, cerca o lejos de la familia. Los vuelos carísimos y, depende de qué lado del mundo estés, el calor insoportable o el frío gélido. Los reencuentros y la sucesión de tarjetas y saludos, que ya no golpean a tu puerta sino que invaden tu e-mail (como éste precisamente).

La nostalgia por los turrones y la garrapiñada, la sidra o el 'señor champagne', el lechón (aunque algunos más modernos ahora elijan sushi), el vitel tonné, el pan dulce, el arrollado agridulce, la ensalada rusa y la de frutas con vino, para cerrar con los juegos artificiales. Los que no vienen porque no pueden, los que no quieren y los que no vienen porque no pueden pero están con nosotros mirándonos desde algún lugar.
 
Hoy es todo para ayer, porque dentro de una semana ya no queda nadie que lo haga. Y una vez más decimos que lo que no se pudo hacer este 2016 se hará en el 2017. La dieta. El gimnasio. Los proyectos. Dejar de fumar. Anotarse en Tinder. Regar las plantas para que no se mueran. Comer sano. Hacernos vegetarianos. Dormir más.

El ciclo se reinicia en este punto y es bastante difícil no caer en el inconsciente colectivo. Y sin perder la objetividad y la sonrisa, no nos olvidamos que mientras que los viejos eneros nos traían las ansiadas vacaciones en los ardientes veranos argentinos, hoy, a nosotros, nos trae el TAX Return.
Esta lista, incompleta, de fin de año no deja de ser una excusa para enviarles desde Sapo de otro pozo, el sitio de los argentinos en Londres, nuestros más sinceros saludos deseándoles una hermosa Navidad y un generoso Año Nuevo. 
 
PD: De yapa les regalamos la receta de un pan dulce que hicimos con ingredientes que se consiguen en el Reino Unido y queda espectacular. Que lo disfruten. 
 
Hasta la próxima,
Desde Londres, Sapo de otro pozo

Colecta solidaria Escuela El Porvenir en Santiago del Estero

Entre el 14 y 16 de octubre de 2016, Sapo de otro pozo realizó una colecta solidaria de útiles escolares para la Escuela El Porvenir en Santiago del Estero, Argentina.

La Escuela tiene 17 chicos de distintas edades y una sola maestra, Nancy Salazar. Los chicos caminan entre cinco y tres kilómetros por día para atender a las clases.

Por iniciativa de este sitio se realizó una convocatoria a la que acudieron muchos argentinos en Londres. La recepción de los útiles escolares se realizó en el stand de La Tundra Revista en Language Show Live en Olympia London.

También se recibieron algunas donaciones de organizaciones oficiales y otros exhibidores en Language Show Live, como el Instituto Cervantes, el Instituto Francés, Turismo de Argentina, entre otros.

Voluntarios de La Tundra Revista estuvieron recorriendo los stands de la feria solicitando alguna donación para esta colecta.

Las donaciones se harán llegar a la escuela a través de la Sra. Sandra Bogach, madrina de la Escuela a través de APAER, Asociación de Padrinos de Escuelas de Rurales de Argentina.

Apenas un granito de arena, por supuesto que no resolverá las carencias de estos chicos, pero por lo menos es un gesto para demostrarles que nos acordamos de ellos y que esperamos puedan solucionarle, por lo menos, parcialmente la falta de útiles escolares.

 

Gracias a todos los que participaron.


El mate de mi abuela
Silvia Demetilla

Cuando lo traje a Londres, hace ya quince años, no imaginé lo mucho que significaba ni tampoco la cantidad de años que me acompañaría.
El mate de mi abuela está conmigo desde hace bastante más tiempo y fue una de las cosas que me dejó luego de su partida.

Es un cacharrito destartalado, con la loza saltada y la imagen de un auto antiguo impresa. Confieso que tuve que sacarle una foto y agrandarla para poder ver qué auto era...

Cuando era chica mi abuela me cebaba mates de leche.
Tibios, dulces...
Supongo que es el mismo mate... quiero creer que lo es.

Guardar este pedacito de memoria me hace feliz.

Y me hace recordar su sonrisa cada vez que cebo un mate en Londres.

Recuerdo su generosidad y predisposición ante todo, la forma en la que halagaba los rulos en mi época de permanentes. Cuando yo era chica y lloraba, por cualquiera que haya sido el motivo— mi abuela lloraba conmigo. 'Es que llora con tanto sentimiento', decía cuando alguien le preguntaba porqué lloraba ella también.

Otros tesoros que ella me daba eran sus 'famosos' cuadros con papeles de caramelo. Lamento no haber conservado ninguno de ellos en forma física, pero sí en el corazón.

Hace poco le rendí un pequeño homenaje en una revista, donde la ilustración de su portada retrata un par de zapatitos míos que quiero creer que ella me había regalado caminando sobre unos papelitos de caramelos Media Hora. (Ver portada)

'Pasos como raíces' fue el título que elegí para la gráfica. Porque son eso, al igual que el mate.

Antes de casarse, mi abuela había trabajado en una fábrica de confección de zapatos para bebés, 'Zapatos finos para bebés', aclaraba ella. Y ella, que nunca vivió entre lujos y a quien nunca le sobró un centavo siempre se hizo lugar para darme lo mejor de sí, de la forma que fuere.

Hoy conservo y tomo de su mate en un lugar muy diferente del que lo hacía con ella.

Hoy guardo su esencia en un cacharrito con la loza saltada, uno de mis más hermosos tesoros que a los ojos del consumidor no vale nada, pero, que para mí, no tiene precio.   
 

Hasta la próxima,
Desde Londres, Sapo de otro pozo.
 


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Mudanzas
Silvia Demetilla

 

Mudanza, si es buena que venga, si es mala que se detenga.

Me encuentro proyectando mi tercera mudanza durante este año, por lo que imagino que todas deben ser muy buenas.

Claramente a la hora de movernos de casa no estamos pensando que nos pueden cancelar un contrato apenas luego de seis meses, pero puede ocurrir. Y de hecho, ocurre.

Quedarse sin casa es saltar al vacío. Aunque ya dejamos una (o varias) antes, de todos modos la sensación no es nada agradable produciendo una mezcla de desconcierto e interrogantes.

¿Qué hice mal para que después de quince años de haber emigrado tenga que pasar por todo esto de nuevo?

O ¿Por qué me habré gastado los ahorros en tantos viajes a Argentina para ver a mi familia una vez por año?

Si no vivo de subsidios, pago mis impuestos como todo el mundo, trabajo más de doce horas por día (¡y después dicen que los inmigrantes no trabajan!), ¿por qué es tan difícil acceder a una estabilidad a tiempo prolongado y a un crédito de vivienda?

O finalmente, ¿por qué me tuvo que tocar a mí que dos señoritos ingleses decidieran jugarme una mala pasada y alquilarme una casa que obviamente sabían que iba a remodelar cuando presentaron los planos al council apenas un mes después de que me hubiera mudado?

La verdad es que podría estar todo el día tratando de contestar cada una de las preguntas, hacer un análisis con variables que me llevaron al lugar donde me encuentro hoy. Pero voy a decidir hacer otra cosa: pensar que estas mudanzas son puertas que se abren a nuevas posibilidades, a nuevos barrios, nuevos vecinos, nuevas costumbres y a descubrir que, junto a mi familia, tenemos una gran capacidad de adaptación que lo único que pueden producir es crecimiento personal, y en el fondo, un poco de sabiduría.

Ahora, lo único que falta es que reciba la tradicional tarjetita: Sorry you are leaving...

Hasta la próxima. Desde Londres, Sapo de otro pozo.


Volver...
Silvia Demetilla

Creo que cada experiencia es personal, lo que es bueno para unos, no lo es tanto para los otros.

Cada uno tiene que hacer su propio camino y dejarse guiar por lo que le dice su corazón, su instinto... como quieran llamarlo.

Conozco gente que está muy feliz viviendo en Londres y que nunca se irían, pero que dejaron de planteárselo hace mucho y me parece que esa es una de las cuestiones fundamentales o, por lo menos, se han hecho de una coraza que no les permite extrañar demasiado.

Otros que se volvieron, y pasaron por todas estas preguntas que vos te estás haciendo. Y ahora también están felices, les costó mucho al principio volver a ubicarse en el sentido de insertarse mentalmente más que nada, pero reconocen que fue la mejor decisión que pudieron haber tomado.

Me parece que las decisiones tampoco son extremas, o blanco o negro.

Hay que saber ver mirar desde un lado y desde el otro, tampoco dejar cerradas todas las puertas porque uno nunca sabe si va a volver a necesitarlas en algún momento.

Volver no es un deshonor como muchos quieren hacernos ver, es una realidad que cada uno considera de acuerdo a sus propias necesidades.


Llegan las fiestas ¿tan pronto?
Silvia Demetilla

Estamos lejos. Llegan las fiestas (¿tan pronto?)

Se agolpan las sensaciones.

Muchos viajan de regreso y celebran como lo hacían cuando vivían del otro lado del océano. Otros se quedan, nos quedamos... Pasajes horrorosamente caros y vuelos repletos de pasajeros que mueren por comer turrón con cuarenta grados de calor.

Las propagandas de la televisión británica son invasivas y obscenas para quienes se quedan y no tienen familia, para quienes no tienen amigos, para quienes no tienen con quién compartir ese mismo turrón —si es que lo consiguen en algún negocio de importados—.

Cuesta mucho sobrellevar la soledad, la distancia, la nostalgia, y fuera cuál fuera el motivo de la emigración, es en esta época en la que uno se plantea muchas cosas, demasiadas cosas...

Con los años, también, llega el acostumbramiento y la aceptación, —y hasta el agrado—, de nuevas costumbres. El pavo relleno, los budines embebidos en brandy, las frutas secas, las calorías ahora tienen un significado real: subir la temperatura, ya que afuera puede estar haciendo mucho, pero mucho frío.

Es cuando el frío real de la soledad se puede aplacar con nuevas relaciones y compañeros de la misma ruta, con conversaciones vía Skype y brindis virtuales.

Cualquiera fuera tu realidad, ¡salud¡
Desde Londres, Sapo de otro pozo


Tu sitio me salvó la vida
Silvia Demetilla

 

Es difícil poner en palabras lo que se siente cuando me dicen 'tu sitio me salvó la vida en un momento muy difícil'. Quiero entonces ahora yo agradecer, por haberme leído y permitido escribir este blog desde hace trece años. Por haberme dejado compartir mis experiencias con ustedes y saber que no era la única persona que pasaba por estas experiencias tragicómicas de adaptación y desarraigo... Y sobre todo por haberme permitido ayudarlos en la medida de lo posible con mis consejos y sugerencias.

Gracias a los e-mails que recibimos en Sapo de otro pozo de quienes se sienten identificados con nuestro estilo y forma de ver la vida.

Gracias a las colaboraciones que se suman (y ojalá se sigan sumando!!).

Gracias a los que comparten sus sentimientos, sus fotos, sus recuerdos, su pasado y un futuro juntos...
Desde Londres, Sapo de otro pozo


 

 

Quiero volver a viajar

Quiero viajar. Quiero volver a sentir eso que sentí la primera vez que pisé a Londres.
Sorprenderme por sus detalles, mirar con cara de nena algo que no había visto antes, dejarme llevar por sus olores y colores soñando que un día viviría allí. Quisiera volver a embriagarme por el aire de circo ambulante de Camden Town y por la aparente hostilidad de Brixton hasta perderme nuevamente en alguna combinación del subte, o confundir una Street con una Road. O quizás correr por los parques verdes del verano sin temor a caer en el agujero negro de la nostalgia que acontecería...

Quisiera volver a vibrar con el despegue de un avión y tener ganas de ir a los aeropuertos, aunque fuera tan sólo para tomarme un café y ver los aviones aterrizar. ¿Quiénes llegan? ¿Quiénes se van?

Volver a enamorarme de los viajes, y reconocer que esa ciudad que me cautivó hace 20 años pasó de ser un flechazo pasajero hasta un compañero estable, y que esa lluvia de la que tanto me quejo embarra mis zapatos más de lo que hubiera preferido.

Los que fueron sueños se convirtieron en realidad, y la realidad es que esta ciudad me dio y me quitó mucho pero hace a la persona que hoy escribe estas líneas.

Los lugares en los que vivimos nos conforman y nos abrazan, como amantes pidiendo más o despechados que nos ignoran para que armemos nuestras valijas y dejemos de molestarlos.

¿Me habrás querido Londres alguna vez?

Como la mayoría de los inmigrantes, mis valijas siguen siempre listas... aunque tal vez ya sea hora de desarmarlas y darte la oportunidad de que me quieras vos también.

 


Estrenar lo imposible
Silvia Demetilla

Estrenar una agenda es anticiparse a lo que pasara durante ese año. Empezar con ganas, planificar, soñar y pensar en cómo serán esos días por venir.

Otras veces imaginar las futuras preocupaciones y los agujeros negros que acontecerán, algunos conocidos y otros no tanto.

Promesas y deadlines que se cumplirán o que nunca se harán realidad.

Fantaseamos con tener el tiempo en nuestras manos y verdaderamente lo único tangible que hoy tenemos es tan sólo una agenda.

“Quiero hacer cosas imposibles” canta Cerati en mis oídos. Todos queremos, incluso él.

Soñemos una vez más y creamos que se todo se puede, porque si no nos dejamos llevar por esas cosas imposibles que aburrido sería.


Don't Rain On My Parade
Silvia Demetilla

Llega diciembre y un cúmulo de emociones se agolpan por salir ante del fin de año. Una lista de planes que hay que terminar sí o sí antes del 31 de diciembre, incluyendo la compra de regalos, las vacaciones, la comida, despedidas... los ítems continúan.

Presiones de la vida en las grandes ciudades tal vez. O de la vida que nos venden como modernas.

Muchas veces me preocupé por cuestiones superficiales que hacían a la inserción en un medio que no conocía o por costumbres a las que cuesta adaptarse.

Si festejo antes de las doce en Navidad o al día siguiente como hacen los ingleses. Si servimos pan dulce y turrón aunque me cuesten un ojo de la cara conseguirlos (y pagarlos).

Que hay detrás de todo este espíritu navideño?

Con los años me di cuenta que además de un excesivo consumo existe, después de todo, un espíritu navideño en Inglaterra, y un deseo genuino de compartir, y que a pesar de todo es, como ellos dicen, una fiesta familiar.

Dejemos de lado las cuestiones más banales, aunque divertidas, como el secret santa (reunión donde cada uno lleva un regalo para otro sin que se sepa quien lo compró), las borracheras en las reuniones de trabajo donde no se sabe en qué cama puede terminar cada uno y el desfile de regalos excesivamente caros para todos...

En un lugar donde la familia es un tanto diferente al núcleo al que a muchos de nosotros nos vendieron los Campanelli, puede que después de todo las fiestas sean realmente una reunión familiar y la oportunidad de volver a verse luego de meses de no hacerlo.

Esto me hace recordar a mi última Navidad...

Unos días previos a la Navidad del 2012 fui al lavadero a secar la ropa.  Así que munida de dos bolsas enormes de ropa y sabanas me dirigí a la calle principal de Hampton Hill, donde hay un lavadero de mala muerte que, por lo menos, cumple con su objetivo. En el camino ya me extrañó la cantidad de trafico que se dirigía hacia allí. Todos al lavadero? No precisamente...

Esa misma tarde (noche) estaba programado el tradicional desfile y encendido de luces que se hace en la mayoría de los barrios de Inglaterra, donde se encienden las luces de la calle, la gente canta, se emborracha con mulled wine y vende tarjetas de Navidad para obras de beneficencia.

La calle principal, por supuesto, estaba cortada al paso del tránsito, con lo que tuve que estacionar a varias cuadras de distancia, por ende caminar con el peso de las bolsas esquivando a cientos de personas que compartían su excitación ante el desfile de un par de escuelas y chicos disfrazados de angelitos. Todo el mundo sabe lo que pesan las bolsas de ropa mojada... y sino, imagínense.

Dentro del lavadero, por supuesto que no había nadie! Ni siquiera tuve que esperar... me sentí feliz, y por otro lado totalmente excluida de la realidad...

A la salida, y conservando una dosis mediana de felicidad, producto de haber concretado parcialmente mi objetivo, me di cuenta que la procesión principal recién estaba comenzando. La cantidad de público había subido considerablemente y ahora es casi imposible atravesar la muralla humana ante la que me encontraba. Mientras tanto seguían pasando algunas carrozas, la autobomba de los bomberos y muchas personas disfrazadas. De golpe vi un muñeco de nieve enorme en el medio de la calle que bailaba y se movía al ritmo de villancicos, seguido de otros que festejaban sus ocurrencias. Y esa fue mi gran oportunidad.

A la mejor usanza de “chuparse detrás de...” me ubique detrás del muñeco de nieve y comencé mi propio desfile, con las bolsas incluidas. Todo muy surrealista para ser sincera, primero porque yo no estaba disfrazada y segundo porque nunca me hubiera imaginado terminar así.

Pero... la cuestión es que luego de dos cuadras de haber seguido al muñeco que me habría camino sentí alergia verdadera y me causo mucha gracia haber participado del parade pero con mi propio estilo. Por supuesto que nadie en absoluto me dijo algo ni me corrió a un costado, todo sucedió con completa naturalidad... y hasta lo disfruté.

Feliz Navidad desde Sapo de otro pozo...


Halloween o no Halloween, ¿cuál es la cuestión?
Silvia Demetilla

Los argentinos muchas veces nos debatimos en cosas que no hacen a la cuestión.

A la hora de festejar surge esa veta nacionalista que dice que un argentino "no debe festejar Halloween". Puede ser que hace varios años yo también formara parte de ese ejército de personas que no se “traiciona” en sus principios... La verdad que no me acuerdo.

La vida en otras tierras me ayudó, por suerte, a entender y comprender que no porque festeje "fiestas de otros" estoy quebrando mi fidelidad y compromiso por llamarlo de alguna forma. En la escuela de mi hija, una escuela religiosa que no es de mi religión aclaro, festejan fiestas de todo tipo. Desde el año nuevo musulmán al año nuevo chino, e incluso por primera vez este año les permiten hacer una fiesta precisamente de Halloween. Vuelvo a aclarar que estamos hablando de un colegio religioso de este país, donde sus creencias nada tienen que ver con la Noche de Brujas.

Y entonces? Están traicionando sus principios? Creo que no. Simplemente nos están enseñando a padres y alumnos a que uno puede adherirse a festejos y seguir siendo, precisamente uno mismo. Porque les puedo garantizar que en cuestión de nacionalismo, a los ingleses, no hay quien les gane.

Me cuesta entender esas discusiones entre lo blanco y lo negro que suelen sucederse en los medios sociales. Puede que la maternidad también me haya cambiado bastante. O tal vez la edad. O tal vez sean ambas, pero en definitiva vivir y dejar vivir, no hay mejor mensaje para adherirse, si de eso se trata.


A Hard day's night
Silvia Demetilla

 A Hard Day's night
Hace rato que no escribo, porque escribo demasiado…

Escribir se transformó en mi principal ocupación, y ya no es sólo un pasatiempo. Editar, corregir, planificar… para crear.

Y a esto que era una faceta muy chica en mi vida, se le suma plasmar en papel todo lo que puedo y veo, todo lo que deseo y de lo que me entero, y pienso, les puede gustar a otros.

Ser editora no es una tarea sencilla, no vayan a creer. Hay que estar abierto y dejarse llevar por las emociones, vibrar con los textos y bailar con las frases. Y ver, sobre todo ver, con los sentidos.

Escucho canciones que antes no me decían nada o que no las relacionaba con este lugar, y ahora puedo “entender”, y no me refiero sólo al idioma, que ya es demasiado.

Son canciones que me despiertan a la realidad porque fueron creadas en este lugar. Entonces me canta un The Who cuando voy a una feria de motos vintage, o los Beatles a quienes nunca soporté y no entiendo por qué y me dan ganas de ir a Liverpool,  o un The Cure mientras veo el barrio horrible de donde salieron, Crawley, cerca del aeropuerto de Gatwick, o la placa que dice que aquí vivió tal o cual personaje de la música británica, o me canta Eddy Grant en Electric Avenue de Brixton. 

Pero sobre todo descubro y me permito hacerlo sin ningún tapujo ya que últimamente tengo ganas de llenar los interrogantes que me crean curiosidad. Vivir en Inglaterra no es sólo vivir en una isla, sino poder acercarse a infinidad de acontecimientos artísticos, aprenderlos de una forma diferente. Digamos que es uno de los placeres de esta isla, que aprieta por todos lados haciéndonos perder un poco el equilibrio y mareándonos con tanta oferta.

Descubrir –o redescubrir-  música, películas, arte que en su contexto cambia totalmente de color.  No formaron parte de mis raíces y sin embargo tienen muchísimo que ver conmigo ahora. Situaciones que me explican hoy y me ayudan a entender este tiempo presente en el que vivo.

Ladrillos amalgamados con el verdín del tiempo. Iguales a los que ahora relucen en el frente de mi casa...


Emigrar y desandar caminos
Silvia Demetilla

En la vida aparecen caminos, dibujamos porvenires, estrechamos amistades a través de la distancia, desandamos rutas de nuestros mayores, y todo vuelve al mismo círculo, somos más de lo mismo y lo mismo al mismo tiempo…

Haber recorrido el mundo para volver al punto de partida.

Algunos nos fuimos buscando nuevos rumbos, experiencias, porvenires. Otros porque estaban cansados de lo mismo de siempre, de no tener respuestas de quiénes debían tenerlas o hartos de las preguntas.

Y ahí apareció el nuevo lugar, el destino soñado que no resultó ser un jardín de rosas.

Aunque si lo pensamos bien, la rosa por más bella que sea también tiene espinas. 

Espinas que pinchan más de una vez, que lastiman… pero que no hacen otra cosa que mostrarnos nuestra fibra más íntima.

El círculo infinito de las distancias que no se terminan, comienza un nuevo ciclo con subidas y bajadas, con espesores que debemos atravesar para poder crecer si queremos sobrevivir.

Y surge una pregunta casi tonta, ¿qué tal si en vez de llorar y llorar sobre lo que ya no puedo recuperar, sobre el lugar al que puedo ir ahora sólo una vez por año (y con mucha suerte) y en vez de deprimirme profundamente por lo que no tengo veo todo lo que hago a diario me animo a disfrutar de mis pequeños grandes enormes logros?

Conquistar un nuevo sitio con cada paso, enorgullecernos de lo que hacemos, de lo que haremos, y sentirnos libres de elegir en cada momento. Eso es emigrar…


Rescate de relaciones cyberperdidas en el espacio
Silvia Demetilla

Hoy creemos que estamos comunicándonos porque hablamos con una pantalla. Me pregunto dónde encuentro palabras verdaderas que digan, transmitan, ayuden, sostengan, quieran, consuelen… Simplemente que estén “diciendo y sintiendo” mientras escriben…
¿Qué fue de la voz humana? Encuentros, conversaciones que duren más de tres líneas y se empujen con un café…

Hace un par de días una amiga –a quien no conozco personalmente, aclaro, pero que comparte conmigo esta agotadora necesidad de comunicarse “de verdad” – me envió un texto muy interesante sobre los cambios de comunicación. En este breve texto se remarcaba algo que es imprescindible para que dos sujetos logren el contacto: el envío del mensaje y la recepción del otro con su correspondiente aprobación. Parece muy sencillo pero es algo que perdimos hace tiempo. No se puede dar por sentado que el otro recibió el mensaje si no emite una respuesta de algún tipo.

A propósito del tema de comunicación e e-mails quisiera compartir una anécdota que me pasó hace un tiempo…

A veces los vivos no escriben, pero nos escriben los muertos.

Hoy recibí un correo de Nando. ¡Que sorpresa! Justo el mismo día en que fui a un velorio gitano, sólo por curiosidad. Me llamaron la atención la carroza blanca tirada por caballos, las limosinas blancas, los emotivos arreglos florales, los comentarios racistas de los que me rodeaban…

Y mientras estaba pensando en qué hacía yo en medio de tanto despliegue y dolor en la esquina de una iglesia junto a desconocidos me retiré diciéndome que no correspondía que participara por más que tanto me llamara la atención.

Si hasta tuve ganas de llorar.

Ahora, a la noche, entro en mi computadora, y después de casi tres años tengo un mensaje de Nando Botes, mi Nando querido, el Nando que murió sin que yo pudiera volver a verlo y con quien podríamos haber dado vida a tanta música por nacer.

Temblé y me estremecí por dentro, no es posible pensé.

Lo abrí, hay un link, un virus que intenta entrar a mi máquina.

Clickeo desesperada, lo apago, le cierro la entrada. Pero si incluso conozco a los otros remitentes que vienen conmigo. Son sus amigos, todos van a abrir el e-mail de Nando que nos vuelve a escribir después de casi tres años.

Todos seguimos extrañándolo, todos seguimos queriendo escuchar sus dulces palabras, sus mensajes positivos, sus respuestas…

No es Nando, es un maldito virus que viene con su nombre. Cómo se atreven a jugar con la vida, me pregunto.

Ya sé, ya sé, esos e-mails son automáticos, se disparan desde una computadora al azar, y los  remitentes también son azarosos. Pero esta vez eligieron a la persona equivocada, yo también estoy esperando respuestas, y la de Nando era una de ellas…

Por un momento sentí ilusión, por lo menos si todos los vivos responderían de la misma forma las esperas serían menos dolorosas… pero la amistad hoy está bastante devaluada, al igual que el amor y las palabras cariñosas.

Lo que no puedo dejar de pensar es en las coincidencias que en el fondo me hacen creer en que nada es casual.

 


El gen migratorio
Silvia Demetilla



La comunicación y las “distancias” cambiaron tanto en estos años que es prácticamente imposible cortar con nuestro pasado y origen aunque así lo quisiéramos. Hoy prácticamente todos viajan seguido a ver sus familiares, reciben e-mails, hablan por Skype, y si no viajás te enterás –aunque no quieras cada vez que abrís el Facebook- es otra cosa.

Cuando nuestros padres y abuelos emigraron se subían al barco, miraban el nuevo horizonte y cortaban inevitablemente porque no había otra posibilidad. Era para no volver. La comunicación era por carta, y se mantuvieron así hasta que se murieron los más viejos. Los que le siguieron ya escribían con desgano y la cosa se fue perdiendo lentamente porque sus hijos ya no sentían esa necesidad de enterarse de lo que había sido de las vidas de los hermanos y primos de sus padres.

Hoy buscamos a nuestra familia desconocida en Facebook, nos hacemos sus amigos y terminamos comiendo en su casa del otro lado del mundo. Es diferente… y si no lo hacemos nosotros por “equis” motivo, lo harán tal vez nuestros hijos porque siempre existe esa curiosidad de saber de “dónde somos”.

Tengo una teoría sobre el “Gen migratorio” que brota en hijos de inmigrantes- aunque no necesariamente en todos- pero siempre hay uno dentro de la camada que lo tiene. Lo veo permanentemente, lo hablé con mis primos australianos y sólo uno de ellos lo tiene, pero también lo tiene su abuelo que emigró junto a mi padre. Lo tenía mi tía, aunque nunca pudo despegar sus pies de Argentina. Yo también lo tengo.

El gen migratorio en mi teoría se manifiesta de diferentes formas, y es imposible ocultarlo, a la larga sale.

- Estamos siempre en la búsqueda de crear nuevos lazos, queremos saber de dónde venimos porque probablemente eso nos de una respuesta de hacia donde nos dirigimos o porqué somos de tal manera, define gustos y costumbres que se hacen eco en nuestra carne sin siquiera notarlo, resultan naturales.

-Sufrimos el desarraigo mucho más que aquellos que no le prestan demasiada atención al asunto.

-Nos encanta encontrar gente en internet con nuestro mismo apellido. Hacemos árboles genealógicos, nos gusta conocer los nombres de nuestros bisabuelos y tatarabuelos.

-Coleccionamos fotos en blanco y negro de rostros que nos miran y ya no están, pero que nos hablan porque nos legaron ese no se qué de tierras lejanas.

-Comemos y cultivamos higos, cactus, vid, y todo lo que nos haga recordar a aquellos que nos sucedieron, sintiendo una especial devoción por esos pequeños detalles que nos dan un vínculo geográfico con el pasado.

-Somos capaces de recorrer medio planeta para ver de donde vino el abuelo y desandar sus pasos por la callecita que lo vio partir.

El gen migratorio es inquieto y revoltoso. Nos obliga a movernos, va más allá de nosotros.

Aquellos que lo tienen saben de lo que estoy hablando.

VOLVER


Y todavía te extraño...
Silvia Demetilla

Hoy me preguntaron si extrañaba… A lo que yo me repregunto y contesto,  si extraño… pero ¿qué?

Un país podría definirse como una madre que sabe maternar a sus hijos.

¿Extraño a la madre que no sabe maternar? No lo sé.

Extraño la sensación de sentirme protegida y querida, eso sí. Pero con la adultez llegan las certezas. No hay sentimientos que duren para siempre ni protecciones “bienintencionadas” que no nos corten las alas.

Entonces me pregunto qué pasaría si un día dejo ir a todas esas ataduras simbólicas, psicológicas, educacionales, patriarles, como quieran llamarlas. Qué pasaría si me entrego de lleno a la aventura que emprendí hace once años y que todavía no me atrevo a disfrutar.

¿Cuál es el precio que debo pagar por conservar la insignia clavada en el pecho?

Es el precio de emigrar, supongo. Aquí soy y debo ser siempre de donde provengo. Aquí me reconocen como tal, y debo flamear la banderita porque si no la flameo quedo a la deriva, entre dos barcos, sin salvavidas ni chaleco. O más cerca del chaleco, pero del otro.

Las circunstancias que dejé hace once años ya no existen. Hay amigos y familiares que ya no me hablan sin aparentes motivos. O sí, ellos sabrán.

¿Tengo yo derecho a reclamar afecto estando tan lejos? Yo creo que sí, porque en mí no se acabó la fuente y les guardo el mismo cariño, incluso más. Pero como me dijo otra amiga y que a su vez se lo dijo su psicóloga, no todos ven la realidad de la misma forma y es por eso que no podemos obligarlos a ver de nuestra manera. O sea que después de tamaño enunciado yo digo ¿es mejor el laissez faire?. Prefiero el que dice las épocas del todo vale no van conmigo. Emigré sí, pero no dejé de ser quien soy por vivir a diez mil kilómetros de distancia.

Emigrar es aprender a aceptar que el otro está lejos. Que el otro no va a estar siempre que lo necesite, aunque según mi propia experiencia hay muchos que tampoco estaban aunque vivan a pocas cuadras de distancia.

Conozco el mundo que dejé atrás, sus calles, sus esquinas, sus deseos, sus virtudes y defectos. Conozco sus amores y reproches, sus dolores, sus risas, sus esmeros por ser mejor. Pero la diferencia es que nadie conoce mi mundo nuevo.

¿Entonces qué extraño? ¿Un pasado que no fue? ¿un sueño que no se cumplió?

O una voz que no me supo contener en sus brazos y decirme que todo iba a estar bien.

Una promesa que no fue cumplida o la firmeza de lo que no quiero olvidar…

VOLVER


Navidad sin sudor
Silvia Demetilla

 

  Vuelvo a escuchar las mismas canciones todos los años. Y todos los años pienso –y siento- lo mismo. ¡Qué aburrido! Las mismas melodías inundan los negocios, los mercados, los shoppings… La vida diaria se transforma desde fines de noviembre e incluso antes. Aparecen por arte de magia en todos lados, y ya mi cabeza empieza a rezongar… Son tantos que es imposible recordar todos los nombres, pero las canciones son inconfundibles. ¿Saben ellos que aquí es Navidad? Este año me enamoro- pero de otro- y le doy todo mi amor- pero de otra manera- espero no equivocarme. Voy a viajar miles de kilómetros sólo para verte. O viajo para estar con mi familia y la nieve me lo impide. Rudolph y su nariz colorada, el muñeco de nieve que se derrite, pero en familia son algunas de las variantes.

  Infaltables son las transformaciones habituales de aquellos que odian la Navidad pero al final se hacen buenos. Sueño con una Navidad blanca.

  Ideas, ideas que circulan y vuelven a circular como la calesita.

Hace poco escuché una conversación donde un par de vendedores decían cual era su canción favorita de Navidad, y no se decidían entre White Christmas o Jingle Bells. En el fondo los envidio…

  Debe ser por eso que hoy cuando leí un mensaje de alguien que hacía referencia al olor de la Navidad en Argentina como una mezcla de asado con jazmines me dio una cosita interna que no puedo explicar. Puedo extrañar los jazmines, pero jamás imaginé extrañar el “perfume del asado”, sobre todo considerando que no como carne…

  Y es así como finalmente puedo entender que aunque la Navidad sea hermosa con nieve, con luces y con invierno, yo quisiera a veces tener mi Navidad de verano.


El sí fácil
Silvia Demetilla

  Siempre me llamó la atención la gente que recauda fondos para organizaciones de beneficencia en la calle. Funciona muy bien en Inglaterra. Se los ve muy motivados persiguiendo gente por la calle, sonríen, saben como llamar la atención.

  Por supuesto que les huyo en cuanto los veo, no los entiendo, ¿a quien se le puede ocurrir donar dinero en la calle?- pienso- dejar los datos de su tarjeta de crédito a estos chicos divertidos que nos sacan una sonrisa en medio de marchas mundanas. Por otro lado apoyo –aunque sea mentalmente- a toda organización de beneficencia que haga cualquier esfuerzo  por salvar el medio ambiente, los animales en peligro de extinción, los niños con hambre, mujeres maltratadas, etc.

  Hoy fue mi turno. Mientras esperaba en la puerta de un teatro en la zona de Leicester Square se me acercó un chico de remera naranja y carnet en la mano. Ya había huído ávidamente un rato antes de otros dos que habían querido “atraparme” en la vereda de enfrente. Me preguntó cómo estaba e inmediatamente me mostró una foto de un tigre de bengala. En extinción, me dijo, sólo quedan 3200 en el mundo. íEso es poco! pensé para mis adentros, lo sabía, pero no pensaba que eran tan pocos…

  Así fue como descubrí que con un texto desde mi celular podía donar un par de libras y pagar el sueldo de alguien que vigila que cazadores no se hagan con el animal en las reservas donde viven. Me pareció justo. Yo también sonreí mientras sacaba mi celular, y mandé el texto. Luego me ofreció “adoptar” al tigrecito, a lo cual yo ya no estaba tan de acuerdo aunque a mi hija le hubiera encantado. Pero la cuestión es que me pareció un trámite sencillo y limpio, y lo más importante fue que sentí que realmente estaba haciendo algo más que llenarme la boca con que estoy en contra de la matanza de tigres cuando en realidad hago poco y nada para impedirlo.

  La segunda situación curiosa ocurrió cuando regresaba a mi casa en el tren y la persona que iba en el asiento de adelante se dio vuelta y me ofreció un librito. Me dijo “es gratis” a lo cual yo lo miré desconfiada y sorprendida. Me respondió “para la felicidad”. No pude negarme, ¡claro! ¿Cómo iba a decirle que no a alguien que me está ofreciendo la felicidad en un pequeño libro si justamente es lo que estoy tratando de descubrir desde el día en que empecé a pensar? 

  No es poca cosa para ofrecer.

  Lo empecé a leer con reticencia. Dice ser un libro sin intenciones religiosas y puede ser reproducido.
De todos modos cuando lo hojeé me di cuenta que los capítulos siguen en cierta medida el orden de los mandamientos. Me llamó la atención el capítulo de la higiene personal donde recomiendan sobre todo lavarse los dientes  y me dio un poco a qué pensar. Pero tampoco lo critico, los fabricantes de pasta de dientes deben estar más que felices con esto.

  No puedo juzgar la búsqueda de la felicidad de nadie y cada uno es dueño de intentar el camino que mejor le quepa. Yo también busco la mía.

  Ojalá los tigres también encuentren la suya, por lo menos, sobreviviendo.

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Feliz 17 de agosto
Silvia Demetilla


 

  Con el correr de los años viviendo “afuera” las fechas cambian,  se distancian un poco… 17 de agosto, a veces parece que uno no pudiera recordar los inviernos fríos de agosto, el levantarse temprano para ir a la escuela, el uso de la escarapela, el festejo de una nacionalidad…

  ¿Cómo que hoy es feriado en Argentina? Suena una vocecita dentro nuestro. ¿Agosto? Claro, el 17… Los calendarios británicos pasan de largo nuestras fechas patrias, y uno se pregunta si necesita realmente de “fechas” para reconocerse un ser nacional…

  Porque me sorprendo cada vez que hay un feriado en Argentina, y después tengo que adivinar de qué se trata… A muchos les debe pasar. No es ser menos ni estar olvidándose, simplemente es vivir en esta realidad paralela que nos tocó. Y volver a emocionarnos como cuando éramos chicos e izábamos la bandera en el mástil de la escuela… ¡Feliz día!

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Pichichus for export
Silvia Demetilla
 

 

  Hace algo así como diez años tuve la inocente intención de traer a mi gato a vivir conmigo a Inglaterra. Por aquel entonces las leyes eran nefastas si el animalito provenía de un país que no perteneciera a la comunidad europea. Caso, obviamente, de mi adorado felino. Éramos poco menos que portadores de efectos letales que podrían alterar, enfermar, o en el peor de los casos aniquilar a toda la población animal del Reino Unido.

  En mi caso y para empeorar el panorama, “B” tiene un balín alojado en uno de sus muslos, varias heridas de guerra y un par de colmillos menos. Aún así en su juventud fue el donjuán del barrio y dueño de una serenata que opacaría al mismísimo Domingo.

  La única solución era meter al susodicho en centros veterinarios especializados al llegar a Reino Unido, y mantenerlo ahí encerrado en una minúscula jaulita durante seis meses para demostrar que no portaba ningún tipo de miseria. Habría que pensar que si el pobrecito sobrevivía a semejante Guantánamo tal vez no volvería a ser el mismo. No solo debía superar el encierro sino ¡el cambio de lengua! Todo en el mismo viaje…

  En ese momento pensé que era demasiado cruel someterlo a tamaña odisea, así que soporté casi heroicamente y con el mayor dolor que nos separáramos.

  Con el correr de los años algunas leyes se fueron suavizando, pero hoy en día mi gato tiene 15 años y ya no podría de todos modos someterlo a un viaje de 20 horas. Me perdí su vida y muchas de sus hazañas, sus maullidos, ronroneos, y me sigo perdiendo su vejez.

 Para ver el lado positivo del asunto las leyes para ingresar animales a Reino Unido vuelven a cambiar a partir del 2012. No creo que el cambio sea tan inocente sino a raíz de las Olimpíadas, pero de todos modos podemos festejar que Argentina está incluida dentro de los países autorizados -que no pertenecen a la Comunidad Europea- a traer animales con controles que pueden realizarse en el país de origen, menos invasivos y mas rápidos.

  Llega tarde la ley a mi vida, aunque en el futuro muchos menos animalitos y sus dueños pasarán la pena de tener que separarse para siempre.

 

Mas info en
http://www.defra.gov.uk/wildlife-pets/pets/travel/

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Maria Elena Walsh en estos días
Silvia Demetilla
 

al este y al oeste 

  Seguramente mucho se ha escrito y mucho se escribirá acerca de la genial Maria Elena Walsh en estos días.

  Recorreremos su biografía y nos imaginaremos lo joven que era cuando empezó a escribir, sus viajes, sus publicaciones y recrearemos un sin fin de imágenes que tal vez desconocíamos.

  Para mí las canciones de María Elena Walsh son el recuerdo de mi infancia, y también de la crianza de mi hija. Son generaciones de chicos argentinos sonriendo con el mono liso o el show del perro salchicha.

  Es la señorita Alicia enseñándome a tomar el té en el jardín de infantes con la tetera que no se ve.

  Ya de grande, y mientras escucho el cuento del diablo inglés junto a mi hija, es la congoja en la garganta al recordar la barranca de Santa Coloma en Bernal, provincia de Buenos Aires, precisamente lugar donde ocurrieron las invasiones inglesas y donde pasé muchas horas de mi infancia jugando en las mismas tierras en que Tomás –el protagonista de la historia- se encuentra con el diablo –un soldado inglés-  en el medio de la noche y con ‘ña Manuela, una suerte de curandera, que con un simpático acento dice que el soldado habla idioma de diablo.  Hace poco estuve visitando ese rinconcito de mi infancia, las hamacas, la calesita chueca, las sillas voladoras de las que solo queda el eje central, la vieja casona de Santa Coloma...  y no pude dejar de sentirme invadida por el ayer en forma de risa, juegos y travesuras. .  

  El descubrimiento de “Serenata para la tierra de uno” es además un canto a quienes estamos lejos de los pagos. “Porque me duele si me quedo, pero me muero si me voy”… Quien hubiera podido decirlo con mejores palabras.

  No hay mucho para decir, simplemente dejarse llevar de la mano como cuando éramos chicos esbozando  un sincero y profundo gracias por habernos ayudado a entender tantas emociones en forma de canción que seguirán ayudándonos a transitar la vida...

 Conocer Santa Coloma

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El viajar es un placer
Silvia Demetilla
 

  Todos los años durante el mes de diciembre se produce el éxodo de inmigrantes a sus países de origen para festejar Navidad y Año nuevo. Aquellos que se quedan tal vez, añoren no haber podido ir por circunstancias diferentes, digamos escuela de los chicos, pasajes que cuestan demasiado dinero o simplemente les dio fiaca hacer la reserva con el tiempo necesario.

  Y todos los años para esta fecha se producen las mismas demoras, los mismos sacrificios a la hora de viajar. Aunque este haya sido un mes de muchísimo mas frío que los años anteriores y las demoras hayan sido mucho peores…

 Entonces, los que no nos pudieron ir agradecen ni siquiera haberlo intentado y haber podido evitar el padecimiento anunciado al que nos someten no sólo las condiciones climáticas, que parecieran ponerse de acuerdo con las fechas de alta temporada, sino las aerolíneas y aeropuertos en general.

  Viajar se convirtió en un mal necesario pero dista mucho de ser placentero.

  Horas y horas de esperas en los aeropuertos, maltrato a la hora de abordar los aviones, cero consideración para quienes viajan con niños y precios exorbitantes para conseguir un mísero asiento de avión. Sumemos que  si se quiere elegir el asiento hay que pagar un extra en muchas aerolíneas.

  Por eso cuando me dicen “íque lindo! Viajar en avión…” me hago la distraída. Ya no me divierte ni me entretiene subirme a un transporte donde viajo peor que una sardina enlatada y donde se que me van a torturar de algún u otro modo, no voy a poder moverme por más de doce horas, sin contar los traslados entre aeropuertos, los cambios de avión. Como por el momento no hay vuelos directos a Buenos Aires las esperas y trasbordo de aeronaves se convierten en la cereza de la torta. Lo mas sano parecería ser el vuelo de British Airways con escala de dos horas en San Pablo que no implica hacer cambio de avión, pero en general los precios son tan inaccesibles que no todos pueden tomarlo.

  No me hablen del equipaje por favor… Las aerolíneas europeas nos permiten viajar sólo con una valija de 23 kilos a Buenos Aires. ¿Y que hago yo con una valija de 23 kilos para un destino final a 20 horas de viaje? Un destino al que sólo viajo una vez al año.

  No pasarse ni un gramo se convierte en una tarea maratónica y dependiendo de quien nos atienda verá – o no- con buenos ojos que la valija pese 23 kilos con dos gramitos y no nos haga pagar exceso de equipaje.

  íEl carrito por favor! Suele ocurrir que muchas madres y algunos padres viajan solos con sus hijos, y se les niega el carrito para su hijo- si tiene mas de dos años- en la escala. Todos sabemos lo difícil que es viajar con chicos – y los que no lo saben no se atreven siquiera a pensarlo-. Ahora imagínense luego de doce horas de vuelo, llegar a otro aeropuerto de tránsito donde se deben pasar con suerte las próximas dos, tres o cuatro horas, con un crío cansado y sin carrito donde apoyarlo…

  Los controles… El día que vea una estrella fugaz - lo cual es bastante improbable- y pueda pedir un deseo tengo muy en claro cual será: Deseo no tener que pasar nunca más los controles de las botellitas de 100ml dentro de la bolsita meticulosamente acomodados. Ni que me miren como si trasportara una carga pirata de Ferrero Rocher, ni que me pregunten si hice sola mis valijas. Claro que las hice sola, con una balanza en una mano y los ojos tapados, como la justicia misma decidiendo qué es lo verdaderamente indispensable y qué es lo que no merece la pena llevar. Si tengo que llevar 23 kilos solamente por valija, qué sugieren? ¿Que le pida ayuda a la reina batata? No hay otra persona más que la que suscribe que sepa cómo llenar el minúsculo recipiente azul donde tienen que caber los próximos veintipico días de mi vida.

  Y después se asocian entre sí para brindar un mejor servicio al cliente. Hablo de las aerolíneas… Yo supongo que elegirán por sorteo o azar a dos o tres pasajeros –que son los que escriben luego buenas críticas en las páginas de turismo, si no son ellos mismos- a quienes los pasan de categoría, les sirven vino en copita y los saludan con una sonrisa cuando bajan del avión. Al resto, como ganado… Arre arre!

Feliz Navidad para todos.

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El precio de emigrar
Silvia Demetilla

 

Resulta bastante alto, en todo sentido. Hay una regla ineludible que pareciera condenar a quien emigra: “El que emigra viaja, el que emigra llama, el que emigra escribe”.

  Si hablamos de lo económico entran en consideración por lo menos un pasaje anual a la tierra que los vió nacer, reduciendo los ahorros y muchas veces llevándolos al rojo.

  Mientras el emigrante tiene un gasto fijo de pasajes y estadía, a veces duele ponerse a pensar que si los que se quedaron también hicieran el esfuerzo de viajar les ahorrarían unas cuantas libras y les quitarían un poco de responsabilidad.

  Porque ahí viene lo peor, pareciera ser que la responsabilidad de mantener el contacto recae –casi siempre- en la persona que decidió probar suerte en otro destino.

  El emigrante es el que siempre tiene que llamar por teléfono, el que siempre tiene que escribir e-mails  rogando una respuesta, el que tiene que enviar dinero a sus familiares… Y el que a su vez no tiene que olvidarse de su tierra, de su música, de sus amigos, porque ahí también viene el reproche y la culpa, siempre presentes a la hora de pasar factura.

  Por supuesto que no es así en todos los casos, pero en general pareciera ser esa la regla.

  Flexibilidad y adaptación son dos cualidades que con el tiempo florecen en todo emigrante. Ser flexible con las fechas de sus viajes a las más disímiles propuestas, fiestas y aniversarios, incluyendo hacer faltar a sus hijos a la escuela, pedir licencias o simplemente inventando enfermedades.

  Otro riesgo a pagar son las pérdidas afectivas a las que también se verán sometidos.

  Amigos que no fallaban en ningún cumpleaños y que con los años se desenmascaran, se enojan sin motivos aparentes o mueren de la envidia fantaseando con la vida idílica del que se anima a probar otros caminos: familiares que creen que sus retoños están sentados en un hormiguero que supura oro puro en vez de hormigas- y lo más probable es que sean sólo hormigas y que encima les estén picando el culo-.

  Muchas veces la vulnerabilidad los hará tratar de reemplazar rápidamente a esos afectos perdidos o distantes con nuevas relaciones que duran lo que un rayo. Brillan y desaparecen sin dejar rastro con lo cual la cuenta volverá a dar saldo negativo.

  Son muchos los costos de la balanza. Un equilibrio que cuesta sostener, sobre todo porque el emigrante debe saciarse con una recompensa ilusoria una vez al año y pide que le devuelvan en la moneda del afecto todo lo que lleva invertido.

  Es el precio a pagar por salir del pueblito, por animarse a sobrevivir en otros horizontes, y por tratar de encontrar una nueva manada que los reconozca manteniendo algunos de los puntos neurálgicos de su estructura madre.

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Hoy encontré el mundo en una esquina
Silvia Demetilla
 

  Literalmente hablando. Estaba allí reinando entre un par de muebles viejos, una pantalla de velador desteñida y varias latas de galletitas vacías. Anoche hablaba con mi hija del movimiento de la tierra sobre su eje y alrededor del sol. Todas las noches me pregunta lo mismo: ¿para qué sirve la oscuridad? Entonces yo me desarmo en explicaciones, pero ayer, justamente ayer le decía que se lo podía explicar mejor con un globo terráqueo. Y allí estaba el mío, simplemente esperando a que yo lo levantara. Varios transeúntes pasaron antes que yo y a nadie se le ocurrió levantarlo.

Tal vez este mundo era demasiado poco para ellos.

O no veían lo que yo podía ver.

Eso me dejó pensando en que siempre hay algo feo que otros ven hermoso, en todo aspecto de la vida.

Me gustan los objetos con historia, los que tuvieron dueños anteriores y aquellos abandonados a los que puedo darles una vida nueva.

Esta ciudad –Londres- tiene una historia innegable, pero a veces cuesta encontrar la historia más banal de la vida por llamarla de alguna forma. Más allá de los sitios históricos, placas conmemorativas y monumentos yo me refiero a la historia de las cosas simples, de aquellos objetos que no tienen un verdadero valor monetario y sin embargo tienen un valor no tangible.

MingoA lo largo de mi historia en Londres encontré muchos de estos objetos que hasta hoy en día me siguen acompañando: un cáctus velador al que por alguna razón simpre le dijimos pinito, marcos de cuadros que reciclé, “Mingo” –un perro de peluche gigante casi nuevo que encontré mientras asomaba su hocico desde un tacho de basura seguramente recuerdo de algún noviazgo mal terminado, y otros tantos que ya son tan míos que ni recuerdo su orígen.

 

Tengo un escritorio antiguo –que no fue encontrado pero sí comprado a un precio irrisorio en un charity shop-. Investigando en el interior encontré talones de chequeras de los años 60’s de una mujer que vivió en la costa. La busqué en internet pero no la pude encontrar, pero sí pude ver la calle donde vivía esta señora, y por ende, mi mueble. Me hubiera encantado saber a qué se dedicaba. Los cheques que escribía estaban destinados a pagar al jardinero y lecciones de música de sus hijos. Probablemente Lynn redactó allí parte de su propia historia.

También recuerdo a los que no pudieron llegar a mi vida por motivos que detallo: una bandeja de vinilos que alguien había sacado a la vereda con un cartelito diciendo “help yourself” y que no me animé a llevarme porque en ese momento vivía en un departamento chico y mis intenciones eran volverme. A los diez minutos mientras volvía a pasar por la misma calle pude ver al mismo equipo destrozado a pedazos en el medio de la calle. Lo mismo ocurrió con una lámpara de lava en otra ocasión. Será que para algunos lo feo o lo no deseado–o lo lindo y deseable para los que lo levantamos- tiene que ser destruído.

Es cierto que con la crisis ahora se encuentran menos cosas que hace algunos años. Pero para los que tenemos espíritu de recicladores siempre hay alguna oportunidad donde otros no la pueden ver.

No sé si creer en las casualidades. O simplemente pensar que hay un orden y un movimiento de las cosas que nos están buscando.

íQue emoción cuando se cumple el encuentro! Porque este mundo es el mundo que me estaba esperando…

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Cada río tiene su cauce
Silvia Demetilla

  Cuando todo parece apretar mas de lo debido siempre aparece un alivio -temporario o permanente - que nos hace olvidar este ahogo desmedido de que hay algo mal en algún lugar de nuestro ser…

  Las situaciones se mueven como piezas de ajedrez en torno a nosotros, nos confunden muchas veces, pero siempre tienden a recobrar el buen orden para lograr el equilibrio.¿Como es que esto ocurre? No clue diría si hablaría en inglés.

  Si las cuestiones se siguen moviendo mas de la cuenta como terremoto será que llegó el momento de moverlas de verdad, entonces por qué no ayudarlas? A veces son necesarios los cambios para después volver a equilibrarse. Sacudirse con todo, dejar viejas relaciones, amistades que no lo son, casas que no son hogares, paises que no son humanos, parejas que mejor perderlas que encontrarlas, jardines que no florecen, mercados con precios carísimos, ofertas que no son para nosotros…

  Cuando pienso que tal vez no pueda encontrar esos equilibrios que no me dejan conectar con quien soy y con quien quiero ser me desespero. Pero al final del dia – o de varios- todo va volviendo a su cauce, como el río que desborda pero sabe luego cual es su camino sin que nadie se lo indique. Una vez mi tía me dijo : Es cuestión de tiempo. Y qué razón tenía.

  Porque cada río tiene su cauce, aunque no lo reconozca al principio, aunque desborde e inunde tierras ajenas…  Cada río tiene su cauce.

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Facebook te amo, te odio, dame más
Silvia Demetilla
 

  Sumergida en mis pensamientos más indecorosos me pregunto hasta qué punto puede llegar nuestro morbo a la hora de compartir intimidades…

  Todo comenzó un día en que saqué una cuenta en una página llamada Facebook. Dicen que el lava-cerebros comenzó a manera de sitio social donde los compañeritos de una universidad elitista podrían compartir sus fiestas, fotos y confesiones post adolescentes. Pero el boom invadió luego a tantísimos otros círculos ya no sólo universitarios, sino secundarios, primarios y no estaría tan segura si no incluye hasta a jardines de infantes.

  Ahora la pregunta que yo me hago es hasta dónde puedo compartir mi intimidad y hasta dónde quiero saber de la intimidad de todos aquellos que se dicen “mis amigos”.

  Amigos, lo que se dicen amigos, yo no puedo contar más de dos o tres. Las otras son personas a quienes yo aprecio mucho –muchísimo en algunos casos- y el resto algún que otro conocido de la vida.

  Nunca quise tener un millón de amigos, no sabría como responderles sinceramente Roberto Carlos! 

  Yo no niego el valor “promocional” que pueden tener estas páginas y recurro a su uso cuando de eso se trata, pero acá estoy hablando de otra  cuestión…
Por otro lado y bajando a nivel personal ya no quiero enterarme de “tantas cosas”.

  No quiero saber qué hace el noviecito de la primaria, o el que me dijo “estoy confundido” hace varios años,

ni quiero saber cuántos años cumple mi profesor de formación moral y cívica –materia que por supuesto ya sacaron del currículum escolar, me imagino…-

  No quiero ver la borrachera de los bebés que tuve en mis brazos,

  Ni los cambios de soltero a casado, de casado a divorciado, de divorciado a relaciones abiertas, de relaciones abiertas a relaciones casi cerradas, de dolores de muela leves a me saco la muela y busco otro dentista…

  No quiero saber a qué médico visitan y lo difícil que es conseguir turno con el osteópata, ni cuántos puntos les dieron en la operación de apéndice, la cantidad de piedritas que les sacaron del riñón ya no con operación sino con láser… No quiero saber cuántos días les dura el dolor de cabeza, ni si vino el Ratón Perez,  ni si compran en la feria de la Salada trucho pero de buena calidad, peregrinan a Luján o ¡comen sandía con vino!

  Es la vida que me alcanza diría Celeste. A mí me alcanzó y por el momento me está sobrando.

  Yo quiero relaciones verdaderas que me hagan sentir un poco más cerca de todo aquello que dejé y de todo aquello que construyo día a día. Por supuesto que me gustaría compartir mucho más con quienes, a la distancia, tal vez no pueda. Pero ni ellos pueden caminar las calles que yo camino todos los días ni yo puedo hacerme presente de forma más tangible en su día a día. Yo no sé si contándoles lo que comí al mediodía me sienten más cerca. Necesito que suene el teléfono mas seguido y escuchar una voz del otro lado en todo caso…

  Cuando estudiaba arquitectura se decía una frase de Mies van der Rohe –menos es más-  Tal vez menos información pero más contenido. Mas te quieros y te extraño serían un buen comienzo…

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La casa de mi abuela
Silvia Demetilla

   Yo los veo desde afuera… Camino las mismas calles pero hay algo que ya no me pertenece. Tal vez cualquier otra persona que se muda de barrio tenga exactamente la misma sensación, pero presiento que la distancia y el temor al olvido de mi propia memoria acrecienta la magnitud...

   Hoy seguí mis propios pasos de infancia, y casi de casualidad me encontré invitando a mi hija a recorrer las calles de cuando yo era chica... ¿Querés ver la casa de mi abuela? Le pregunté... Ella aceptó encantada, y hasta me pidió si podríamos entrar. No es posible, por lo menos hoy no...

   Así juntas y de la mano, transitamos esas veredas que yo recorría casi a diario aunque no viviera en ese barrio. Pero es que el barrio de mi abuela me dice mucho más que mi propio barrio. Será que fui a la misma escuela a la que fue mi mamá de chica, lejos de mi propia casa.

   Mis amigos no eran los de mi cuadra, ya en aquel entonces la distancia significaba algo para mi… Ramella, Chiclana, y por fin Constitución. La barranca, las mismas casas- ahora abandonadas-. El corazón me late agitado y agarro fuerte la manito de mi hija... Ella baja con entusiasmo los escalones de la enorme barranca, que a fin de cuentas era –y sigue siendo- bastante grande...

   Y por fin la veo aparecer... Dos cortinas de enrollar de negocio, verdes, desteñidas, oxidadas y olvidadas que probablemente no vuelvan a subir jamás... Una puerta de madera - la misma- ahora agujereada y despintada batiéndose en un duelo a perder con su propio destino... Una cadena, varios candados... Y por entre los huecos de la madera se filtran los pedacitos de mi memoria de niña... Alcanzo a ver el gomero, el ciprés, el cedro azul que decoraban mi tía y mi abuela para navidad... el largo pasillo de baldosas donde jugábamos con mi hermana con agua y manguera en los veranos. Huelo el olor a patio mojado... Veo la ventanita desde donde miraba la calle, pero ya no hay nadie que me vea desde adentro... Crecen plantas en el techo. ¡Un hermoso plumero de las pampas! Toco el timbre y me acuerdo exactamente del ruidito, clic, clic. Ya no suena pero tengo su sonido en mi interior. Mi hija también quiere tocarlo. La subo...

   Fueron apenas unos minutos, pero suficientes para transportarme en tiempo y espacio, para volver a sentir el cariño de cerca, para escuchar los ladridos de Kiper y Melú, o el silbido de Pedrito. ¿Estará la jaula? pregunta mi hija. Tal vez, digo yo...

   Es que el tiempo se detuvo en la barranca... y  hasta puedo ver...
- las manos de mi abuela haciéndome cuadritos con papel de caramelos media hora,
- los pañuelos de mi tía y sus enaguas con las que yo era una princesa corriendo por el fondo,
- las gallinas sueltas y algún gallo circunstancial que me corría por el patio para picarme, la quinta que no prosperaba,
- la higuera enorme de la que quedé colgada una tarde,
- la hamaca con una rueda de auto en el medio de la parra,
- la fuente que hice en un pocito -con cemento- para poder poner a la tortuga de agua,
- la tuna madre- que se secó hace años- y de la que milagrosamente conseguí unos brotes – pero esa es otra historia- y crece en dos de mis macetas al igual que el laurel que entraba en una lata de tomates y ahora mide veinte metros de alto,
- las tardes de cartas con mis tíos Nelly y Negro y mis dibujitos de la V con la P que seguramente mi tío me había enseñado,
- la vieja radio a pilas que escuchaban para dormirse,
- la música italiana de unos casettes viejos que sonaron hasta el hartazgo,
- el tango que nunca me animé a escuchar porque el tango era feo y para viejos, al igual que el bandoneón de mi tío que paradójicamente nunca tocaba en la casa pero si en bares de mala fama del barrio,
- el aroma de las pizzas y mi tíos diciendo que no les había salido “tan bien” mientras contabilizaban las burbujas que había leudado,
- los porotos de soja y los libros de yoga de mi adelantada, incomprendida y admirable tía que supo ver tantas cosas antes que los “modernos" de hoy las descubrieran,
- mis tés con hojas de malva que yo misma cortaba entre las plantas del fondo,
- los zapallos que “conseguíamos” con mis amigas de la primaria en quintas vecinas,
- la calle de tierra de la vuelta –paraíso si es que existía hasta que la asfaltaron,
- la zanja cuna de renacuajos donde íbamos a pescar con mi hermana,
- el olor a patio mojado del verano donde jugábamos con la manguera mientras regábamos las macetas y terminábamos bañando a todo aquel que se acercara,
- el club “Margarita” del cual yo era fundadora y presidenta –que mas?-  y que se reunía firmemente una vez por mes a jugar en Santa Coloma – casa histórica a pocas cuadras de la casa de mi abuela donde pasó la noche el coronel Whitedrake en la segunda invasión inglesa antes de seguir marcha hacia Buenos Aires...  Quien hubiera imaginado que mucho tiempo después yo terminaría viviendo en las tierras del coronel...

   Miro desde afuera, pero vuelvo a sentir y a reverdecer... Encuentro y me encuentro. Le muestro a quien yo hoy mas quiero quien fui. Lo comparto porque me hace bien.

   Indudablemente mi raíz ancló en esa barranca y en ese barrio,  en esos besos y abrazos. Hoy desentierro un poquito de mi geocentro pero porque forma parte de lo que soy…de quien quiero seguir siendo todos los días...

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Esas canciones de Navidad
-entre otros temas navideños menores-

 

  Este año quería volver a escribir sobre Navidad pero fue pasando el tiempo y aquí me tienen -23 de diciembre- sin haber encontrado el momento o la inspiración necesaria que el tema requiere…

  Será que hace unos años me entretuve “viendo el espectáculo desde afuera” y tal vez haya sido la sensación opuesta que tuve estos últimos tiempos la que me lleva a pensar y repensar la situación.

  Hace unas semanas fui a comprar al Tesco de mi barrio y estaban pasando la famosa selección de temas navideños de la que nadie absolutamente nadie viviendo en Inglaterra puede escapar. Tengo un sentimiento encontrado con este tipo de musica.   Al principio creí sentirme invadida por el espíritu navideño… A los cinco minutos con el tema de Step into Christmas de Elton John estaba pidiendo pagar a los gritos para poder irme mas rápido… Se sucedieron las semanas  y estas canciones siguieron sonando, sonando y sonando cual cubierta Goodyear… Me imagino el odio de los empleados y hasta puedo entender cualquier represalia no solo en Tesco sino en todas las cadenas que pasan estos compilados… Y para quienes no los conocen sepan que hasta Paul Mc Cartney, Whitney Houston, Mariah Carey, Elvis Presley, Nat King Cole, The Carpenters entre otros tienen sus temas navideños… Lo escucho casi a diario a Wham con Last Christmas llorando porque el año pasado le dio su amor a alguien y lo perdió muy rápido… aparentemente este año lo hará de otra forma… Un tema que detesto es el de Band Aid – Do They Know It's Christmas- como si solo ellos lo supieran…  Chris Rea- Driving Home for Christmas- manejando desde muy lejos y con esperanzas de llegar… Las versiones de White Christmas son innumerables, comenzando y terminando en mi caso con Bing Crosby. Otro infaltable es Let it show, también en versiones varias.

  No hay canal de videos que no pase esta misma selección día y noche. En mi rating de temas sin embargo tengo que reconocer que la canción de The Pretenders - 2000 Miles- es muy buena.    

  Que me desanima un poco? El consumismo extremo y el comprar por comprar, algo que ocurre tristemente en todas partes del mundo. Yo no quisiera formar parte de ese ejército de personas a quienes les lavan el pelo por dentro haciéndole creer que necesitan tener lo último de lo último en todo… iPods, iPhones, plasmas de 2000 pulgadas, wii, jueguitos de los cuales no recuerdo siquiera el nombre encabezan la lista de objetos ultra necesarios para el confort y la vida diaria.

  Ahora enfocándome un poco en el lado positivo de la cuestión admito que ya no puedo imaginarme la Navidad sin frío… Posiblemente demasiado tiempo en UK dirán…
Porque después de haber visto la carita de mi hija abriendo los regalos la mañana del 25 no puedo pensar en abrir los regalos el 24 a la noche sin sorpresa alguna…

  Porque ahora comprendo de donde vienen tantas nueces y calóricas comidas invernales…

  Porque no podía entender cuando me explicaban que en Reino Unido la Navidad es una fiesta familiar, tan simple como eso…

  Porque me parece un lindo gesto recibir cientos de tarjetas –reales, de papel, tarjetas que trae el cartero- les doy pistas: una persona vestida de rojo que no es Papa Noel y que lleva cartas y paquetes casa por casa ¿se acuerdan?- saludándome – en mi caso apenas unas pocas y verdaderas-.

  Y porque me encantan las luces por doquier y ver a la gente contenta, al tipo del newsagent con un gorro de Papa Noel, comprar los regalos para el Secret Santa festejando porque hay algo por festejar…

  Porque tal vez hacia falta que tomara distancia en otro sentido para valorar algunas cosas que estaban al alcance de mi mano y de las cuales no podía disfrutar por un estúpido prejuicio.

  Chin Chin.

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¿Y usted por qué no contesta?

  En tiempos de encuentros virtuales de casi todo tipo y en donde las noticias y comunicación se expande casi la misma velocidad con que se pierden los pares de medias en el canasto de la ropa sucia resulta casi incomprensible la lentitud con que muchos chequean e incluso responden –si lo hacen- su correo electrónico.

  Si consideramos que  hoy en día en general el e-mail reemplaza al malogrado correo tradicional –excepto en Inglaterra donde la señora correspondencia sigue siendo del agrado de muchos, entre los que me encuentro- la pregunta sería, ¿como es posible que los e-mails no sean tomados seriamente a la hora de responder?. Y no me refiero a los e-mails cadena  prometiéndonos la panacea de un deseo por minuto o una maldición si no los reenviamos. No no, no estoy hablando de esos, sino de los e-mails “reales”  en donde contamos nuestra vida y obra con lujo de detalles, o aquellos en los que simplemente preguntamos ¿como estas?, o te invitamos a ver una foto de nuestros hijos mientras crecen, o vaya a saber qué pero es importante para nosotros compartirlo… Compartirlo, es decir, no solo enviarlo por e-mail sino recibir una respuesta del destinatario en el mejor de los casos.

  Aparecen las excusas lógicas
-
se va a tomar su tiempo para responder-
- no tiene tiempo está muy ocupado-
¿y yo no? Me grita una vocecita desde adentro-
-
seguro que le entró a la bandeja de Spam-

¡Mentiras!
El e-mail probablemente fue recibido, le
ído y archivado –con suerte si no fue borrado, con lo cual nunca recordarán lo que les habí
amos escrito y lo que nos iban a contestar. Así nos vamos obligando a conectarnos día y noche esperando esa respuesta, una respuesta que tal vez no llegue nunca. Obviamente no se puede obligar a nadie a responder de forma fehaciente, y tal vez pensándolo bien la “no respuesta” es una forma de respuesta también.

  Un e-mail es sencillamente una forma de comunicación, hay alguien que se tomó el tiempo de escribir esas líneas para nosotros, alguien que pensó en nosotros y que quiso decirnos algo, alguien que espera una respuesta.
Claro, hay excepciones, pero digo en general…

  Digamos que atiendo el teléfono y un amigo me cuenta algo… seguramente respondo, hablo, digo, opino… Bueno, lo mismo debería ocurrir con los e-mails…ya me estoy pareciendo a Bucay en la forma de explicar el problema en cuestión, pero tal vez sea un buen inicio.

  Las redes sociales, tal vez, tampoco ayudan demasiado ya que se va perdiendo lentamente la privacidad de nuestros actos y todo se comparte,.Demasiado… Desde fotos, videos, intimidades varias, gustos, tests absurdos programados por los mismos usuarios con resultados mas absurdos que el mismo test. Nuestro mundo se va convirtiendo en una pantallita por la cual vemos pasar fotos de nuestros contactos y “amigos”, sus cumpleaños, viajes e incluso borracheras. Lo que si estoy segura es que estos círculos sociales –si bien bastante útiles en muchos casos- no pueden reemplazar la privacidad de escribir a alguien puntualmente, a alguien en quien nosotros confiamos y queremos contarle lo que “realmente” nos está pasando. Sirven para distraernos un rato y hacernos creer que tenemos un millón de amigos como hubiera dicho el ilustre Roberto Carlos. Es que la palabra amistad esta bastante devaluada últimamente.

  Por supuesto que todo lo que acabo de escribir puede ser utilizado en mi contra, supongo que aunque en general responda mas rápido que un bombero nadie escapa a la regla… Mea culpa.

  Para ir cerrando me sorprende la rapidez con la que muchos se ofenden vía e-mail/ foro. Pareciera ser que ver las palabras escritas es mucho mas fuerte que escucharlas, en ese caso pueden hacer de cuenta que no nos escucharon.  Las palabras escritas carecen de la expresividad del momento y del lenguaje gestual con lo cual a veces no se puede discernir si se dijo en serio o en broma. Y aunque haya casos en que para demostrar nuestro entusiasmo nos llenemos de signos de admiración o de letras mayúsculas, son versiones que personalmente prefiero evitar a la hora de escribir..  Si alguien se sintió ofendido por este palabrerío probablemente es porque responde al patrón “no responde- ignora- tengo algo mejor que hacer- sencillamente no tengo ganas- mejor me hago desear-ma fangulo! Etc. Etc. Etc ”. Si en cambio duerme tranquilo y estas palabras ni lo rozan ¿le molestaría agregarme a su lista de contactos?

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La venganza del carrito

  Vuelos baratos a casi cualquier destino de Europa viene siendo un asunto de regodeo casi paradisíaco para todos los viajeros. Corren los rumores que se puede viajar por la módica suma de una libra esterlina más impuestos, y a veces es cierto. Solamente hay que saber buscar y tener mucha –mucha- paciencia, no sólo para encontrar el vuelo, sino para viajar también.

  La semana pasada emprendimos un viajecito con mi hija (3) de Londres a Barcelona Reus por Ryanair. Existe la opción de hacer check in online- creo que ahora todas las aerolíneas tienen “y obligan” a sus pasajeros a hacer el check in de esa manera- con lo cual además de ahorrarse el papel e impresión de tickets – porque uno debe imprimir el ticket en casa- se ahorra- supuestamente- tiempo. En mi caso puedo hacer el trámite en casa pero indefectiblemente tengo que ir al aeropuerto a facturar el carrito de mi hija.

  En Londres Luton no hubo ningún problema, pude hacerlo rápidamente y luego de comer algo nos dirigimos a la puerta de embarque. No sé exactamente por qué motivo me demoré y llegué última para subir al avión. Tengo ese pequeño problema de llegar siempre temprano a todos lados y terminar siendo la ultima de la fila…

  Cargando a mi hija con una mano por la escalerita al mejor estilo Ezeiza de los ‘70s, más los dos bolsos de mano- porque nadie absolutamente nadie ayuda cuando se viaja con niños-  no conseguimos dos asientos juntas. De todos modos gracias a la voluntad de una de las azafatas que logró mover a un par de voluntarios pude sentarme con mi hija que les recuerdo tiene 3 años. Aclaro que hubo voluntarios que se negaron a ser movidos de sus asientos, supongo que son tan liberales e independientes que les parecerá normal que una nena chiquita viaje sola sentada entre dos extraños.

  Todo bien, vacaciones relajadas, mucha playa y cero ganas de terminar nuestra estancia en el calido Mediterráneo que encontré mas calido que nunca…

  Toda vacación llega a su fin y el regreso fue otra historia… Me dije a mi misma que debería ir temprano al aeropuerto para realizar el check in del carrito. Al llegar una hora y media antes veo una cola interminable de pasajeros pero me di coraje pensando que se trataba de otro vuelo. A pesar de tener todos mis papelitos impresos tuve que hacer esa mismísima cola por el carrito. Casi la ultima de la fila nuevamente… Luego salimos corriendo para entrar a los controles de seguridad.

  Tengo la delicadeza de llevar todo preparado con anterioridad. Mil frasquitos transparentes desparramados primero dentro de mi bolso, luego en las bolsitas de plástico que cada vez me parecen más chiquitas.  Parece que estamos transportando  un jueguito de química ya que no deben superar los 100 ml. o un comerciante chino con pócimas para todos sus males.  Compré algo para comer durante el viaje y mientras cabeceaba para ver cuanta gente ya estaba haciendo fila para el avión me decía que felizmente iba a subir pronto.

  Estas compañías baratas ofrecen la modalidad de la priority list, o sea que pagando una diferencia uno puede subir antes al avión y sentarse donde desee. Lo único que consiguen con esta forma es una guerra campal entre los que pagaron y los que no, los pobres últimos del rebaño que deben hacer lo que sea para subir antes de los últimos pobres y rezagados del rebaño donde me incluyo.

  Cuando por fin avisté la puerta de embarque la fila nuevamente era enorme e incluso se retorcía de forma inusual dando la vuelta. Amablemente una familia me señaló el final de la fila- donde yo me coloqué sumisamente- mientras que aquellos que llegaban detrás de mí se colocaban en varias filas paralelas. Lo que ocurre es que sin darnos cuenta entonces los pasajeros empezamos a controlar el ingreso y egreso de los pasajeros, guiándolos hacia el final del túnel y trabajando voluntariamente para estas aerolíneas… sin palabras.

  Al comenzar el ingreso al avión vuelven a solicitar que nos dividamos en  dos filas, una para los prioritarios y otra para los no-prioritarios. Se arma una nueva corrida y aquellos que eran antes últimos ahora son los primeros. Soy demasiado respetuosa de los lugares de llegada y siempre respetando a aquella familia que yo tenia delante volvi a quedar ultima, otra vez!!

  Creo que detrás mío quedaron muy pocos incluso una mujer medianamente mayor  acompañada por su hijo de más de 30- suponiendo que fuera su hijo porque para toyboy tengo mis serias dudas. Esta señora – que aclaro no era la típica viejecita dulce y tierna de los cuentos que uno nunca osaría contradecir ni maltratar - no perdía oportunidad de ponerse delante mío cuando podía y comenzó a jugar con ese costado mío que no le deseo conocer a nadie, francamente. Y es que realmente estas cosas me enervan de una forma increíble, ya que viajar con niños es tarea maratónica que sólo quienes la padecen pueden comprenderla.

  En un momento, y luego de avances y retrocesos de esta susodicha, escucho que le dice a su hijo- en inglés, aunque no puedo decir que fuera británica- que me deje pasar porque yo estaba desesperada por subir al avión. Entonces me doy vuelta y le aclaro que yo hablo inglés… a lo cual ella responde que estaba hace mucho esperando, igual que yo le aclaro…

  Seguimos nuestra lenta procesión y en el control de papelitos por enésima vez ella y su hijo lo hacen más rápido con lo cual vuelven a pasar delante mío y hacen fila fuera del aeropuerto… Para este entonces yo estaba tan furiosa que cuando llego al lugar donde estaban todos  el carrito se me escapa de las manos porque debía girarlo  con tanta mala suerte que se estaciona -encaja bien diríamos- con mucha fuerza justamente en los pies de esta amable señora a quien casi le amputo uno de sus pies. Como si mi Mc Laren tuviera vida propia, compartimos ya tantos años que mis manos se convirtieron en la extensión de sus agarraderas, manijas o como se llamen, volante no es - de eso estoy segura- … y después de todo que súper héroe no se sirve de algún elemento para ajusticiar a los malos?-

  A mis ciento treinta y cinco falsos sorry se me escapa un “are you happy now?” por supuesto que refiriéndome a que me habían pasado finalmente y no al lamentable incidente.

  Creo que el hijo se dio cuenta de la maledicencia de su madre y me sonreía de ese modo que se sonríe en UK cuando se piden disculpas y lo dicen todo con la mirada. Mi Aries con ascendente en Tauro no me permitió devolverle la sonrisa y mi respuesta hubiera sido un “Te compadezco en el sentimiento”. Como me gustaría hablar con la mirada…

  Mucho se dice de lo maleducados que son los argentinos, e incluso los españoles. Pero a mi los maleducados no me gustan en ningún idioma…

  La espera total creo que superó las dos horas y media, haciendo fila todo el tiempo… Detrás de mí una pareja de argentinos discutía sobre el origen de la empresa, fantaseaban con crear una compañía con mejor servicio y que cumpla los horarios para hacerle competencia. En un momento ella pregunta “y estos de donde salieron?” refiriéndose a otros tantos pasajeros que cruzaban a pie la pista de aterrizaje y se cruzaban indefectiblemente con los que iban a abordar el avión. Y a mi se me escapa un lánguido “no se…” dejándome al descubierto como oyente de su conversación… Todos sonreímos, hay cierta complicidad que a veces me gusta entre los nuestros…

  Para concluir viajé junto a mi hija, no tuve problema esta vez en encontrar asiento y llegamos sanas y salvas de regreso a Londres. Tengo los mejores recuerdos de mis vacaciones, no así de los vuelos baratos a los cuales tengo que recurrir con frecuencia porque no tengo otra opción… Mi simpática amiga también quizás me recuerde, por lo menos hasta que pueda volver a caminar… 

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Mi argentinidad no pasa por las “y”
 

  No se si alguna vez les habrá ocurrido que cuando conocen a alguien y se entera que somos argentinos empiezan a hacerse los graciosos imitando la forma en la que hablamos… A mí me ocurrió en reiteradas ocasiones… Y sinceramente deja delante de mis ojos a una persona un tanto patética… Es como si yo me pusiera a imitar los sonidos del campo cada vez que veo un pajarito volar por mi jardín, o a rugir cuando veo al tigre en el zoológico… Me imagino lo que pensarán el pajarito y el tigre en cuestión y no me gusta el papel en el que me veo…

  Es bien sabido que todos los países de habla hispana tenemos distintos acentos- entre tantas otras ricas diferencias- y eso a mi entender es un valor a rescatar, el valor de lo diferente y aquello que nos hace únicos.

  Mi argentinidad de todos modos no pasa por las “Y” tajantes ni las “LL” que no suenan a “iuvia”. Y aunque en general conservo mi acento casi intacto luego de haber emigrado durante 8 años, muchas veces- y sólo para que mi interlocutor me interprete sin lugar a dudas- no me inmuto en pronunciar una “LL” como manda la Real Academia Española. Soy menos argentina por eso? Yo creo que no… Ni siquiera me molesta cuando reiteradamente en el programa de radio en el cual colaboro una vez por semana digo Timanfaia en lugar de Timanfaya…He dicho…

  Se que por esto me crucificarían en Argentina… Tal vez…

  Acabo de ver una película argentina que me gustó bastante, “Música de Espera”. Allí se ve a una Norma Aleandro en el papel secundario de la madre de la protagonista, y quien regresa de visita a Buenos Aires luego de haber emigrado a España durante 4 años.

  La protagonista en cuestión (Oreiro) critica  en forma permanente a su madre quien usa palabras “españolas” en reemplazo de modos argentinos. Digamos: giripollas, coño- que se supone son groseras, de todos modos la critica no viene por ese lado-  sino también cuando usa palabras como maletas por ejemplo. Y es eso lo que sí me molesta de la película. ¿Que pretendemos? ¿Que la pobre Norma no se adapte al nuevo país al cual ha emigrado? ¿Cuál es el problema si dice maletas en lugar de valijas? Creo que todo el mundo sabe lo que la palabra maleta significa después de todo…

  Me molesta la falta de tolerancia para con el otro… me molesta el mensaje casi propagandista que dicta que la argentinidad –o la nacionalidad que fuera- se conserva o se pierde al salir de Ezeiza.

  La diferencia nos hace valorar lo que somos, de donde venimos y hacia donde vamos. Pero la diferencia no pasa por el uso de la palabra, el acento y la no pérdida de los modismos locales del país de donde venimos.
La diferencia pasa por la sinceridad de ser quienes somos, donde fuera que estemos…

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Votaciones en UK


 
Hoy se desarrollaron las votaciones en UK. Con total tranquilidad…
Parece un titulo de ficción a decir verdad pero nunca participé de elecciones tan tranquilas como las británicas. Tal vez y a raíz del vestigio de mi memoria cuando clickeo en mi disco rígido la palabra elecciones automáticamente me digo a mi misma -salí con tiempo, puede ser que no estés en los padrones, la gente se desespera por entrar, seguramente habrá una cola de 200 metros, que el cuarto oscuro…, pueden faltar boletas, patatín y patatán, entre otras tantas jugarretas que mi cerebro dispara sin piedad-.

  En síntesis mis suposiciones son vanos desgastes mentales que remiten a una época pasada y lejana… Aquí se entra tranquilamente- reitero-… Yo saco mi pasaporte y lo ofrezco a los fiscales de mesa. No hace falta, con solo decir el nombre y dirección alcanza. ¿Como? Insisto, levanto mi pasaporte en alto para que no duden de mi identidad. ¡Que no! ¿Que alcanza con mi palabra? Con la mía o con la de todos?
Prosigo, luego me dan una boleta (una y solo una) donde figuran todos (TODOS) los partidos por los que puedo optar. Entro a una cabinita parecida a las de teléfonos del interior de un bar, de madera, y que tiene por solo efecto tapar la mano y nada mas que la mano cuando haga una crucecita en el candidato de mi preferencia.  ¿Una crucecita? Si, una crucecita ¡en lápiz! Simple grafito borrable con goma escolar…

  Con el auge de tantos partidos “nacionalistas” y pro salida de la EU mis opciones como extranjera no son muchas. Aún así siempre encuentro algo que me satisfaga.

  Doblo la boleta –sin sobres, pegamentos, firmas ni nada que se le parezca- la meto en una caja cerrada y ¡listo!

  Hasta me saludan al salir…si parezco la marinerita…
En primer lugar elogio el ahorro de recursos, desde la cabinita telefónica hasta el uso del papel que se resume al uso de una sola boleta- cuantos árboles hemos salvado…

  ¿Tal vez yo siga siendo una de las pocas personas que aun creen en el valor del voto?

  Una gran amiga en Argentina que participa activamente en política desde tiempos inmemorables me dice que no vota… Dice que no cree en las votaciones, y si ella lo dice…

  En mi caso tengo que seguir creyendo en mi pequeño y gran derecho a elegir, pero también en un sistema donde no me tomen el pelo constantemente, Aunque lamentablemente se haya puesto de moda también en UK la charlatanería, la corrupción y el pago de hipotecas personales con fondos públicos.

  No quiero dejar pasar otra aclaración final y es que los días de votación no son días de asueto o feriados nacionales. Claro, porque habrían de serlo si se puede votar cómodamente en tan solo 5 minutos? No hay grandes motivos para quedarse pensando dentro del cuarto oscuro tampoco como ocurre generalmente en nuestros pagos porque dudo que alguien decida su voto en los últimos dos minutos, y además recibo las plataformas por correo en mi casa, las leo –las leo, no me interesa escuchar mensajes propagandistas ni gritos a lo caudillo- …-
Elijo y listo. ¿Fácil no?

 

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Técnicas para conducir

  Felizmente puedo conducir por Londres, luego de 8 años… ¿Porque tanto tiempo?
En primer lugar porque el registro argentino no es reconocido como válido en Reino Unido por lo tanto es necesario tener un registro de la comunidad europea para poder conducir legalmente.

  ¿Y por que tanto tiempo sigue retumbando la pregunta en mi cabeza? 
A veces creo que por elección propia…

Y detallo a saber mis sabias conclusiones:
- Temor a cambiar la derecha por la izquierda, y viceversa. No hace falta ser ningún estudioso para saber que en Reino Unido y todas sus colonias se conduce por la izquierda. O sea que hay una nueva variable de dificultades a resolver, por ejemplo,  los cambios hay que hacerlos con la mano tonta por llamarla de alguna forma, en mi caso la izquierda ya que soy diestra. 
¿
Será por eso que en Inglaterra conocí tantos zurdos como jamás en mi vida?

- Si hubiera manejado antes me hubiera costado muchísimo más dar vuelta mis sentidos. ¿En todo sentido? Si, probablemente en todo sentido, porque con el transcurso del tiempo los sentidos se me dieron vuelta casi solitos… valga la redundancia de sentidos.

- Por ultimo, miedo a no poder volver a conducir en Argentina si finalmente lograba conducir en Reino Unido… Desacostumbrarme nuevamente a la izquierda para retomar mi derecha, suena difícil ahora…

  Por si esto fuera poco ahora ya no manejo sola, sino que acompañada felizmente- y vuelvo a utilizar la palabra- por una nena de 3 años que alegra casi todos mis días y amarga todas mis noches. Se suma entonces la dificultad de mantener entretenido al copiloto con una serie de casetes –mi auto tiene casetera, soy vintage, me gusta el sonido de la cinta gastándose en cada una de sus pasadas…¡mentira!...- con canciones infantiles, comida para el viaje, muñecos, agua y otros entretenimientos que solo los que son padres podrán comprender.

  Y justamente hablando de casetes, los charities de la zona donde vivo ya me conocen por ser la única persona que les compra los minúsculos tesoros extinguidos allá lejos y hace tiempo, dicen que con el problema de la crisis hasta subieron sus ventas en el ultimo mes a raíz de mis compras.  Casualmente hoy pude encontrar uno de Simplyred… música que escuchaba hace tantísimos años y me hizo recordar a mis primeras vueltas por las calles cuadriculadas de Buenos Aires –tan distintas de las callecitas con codos y recontrarecodos de Londres, curvas, curvitas, recontracurvitas, rotondas y demás, si hasta a veces da la sensación que los planificadores salieron con un circulómetro para armar el tejido urbano y se les fue la mano-.

  Y fue así que un momento me dej
é llevar mientras escuchaba Stars, sentí que volvía a salir sola en mi auto, que iba a buscar a mis amigas  un viernes por la noche... Suspiré, vi la noche, las estrellas verdaderas e incluso la luna –porque aquí no se ven casi nunca ya que suelen estar cubiertas de unas nubes permanentes que opacan hasta la oscuridad!-, respiré el humo de los boliches llenos de cigarrillo, la música a todo lo que daba, las caras de siempre buscando lo que siempre, los  autos con vidrio polarizado, las colas - ¿tal vez ahora debería decir fila?- en las puertas de las discos, las mesas en la vereda llenas de gente,  los borrachos en la esquina, los bocinazos, las sirenas de la policía, los kioskos…

  Algo me pinch
ó
el globo de repente… tal vez haya sido mi hija llamándome a la realidad y a la reflexión con unos alaridos dignos de Godzilla, el auto de atrás queriendo pasar, o el casete que se había terminado…

  Es cierto, las calles cuadriculadas ya me quedaron del otro lado y tampoco se si las extraño para ser sincera, o por lo menos lo que estoy absolutamente segura de no extrañar es el espíritu asesino con que se conduce en Argentina… Aquí hay una cierta ley de cortesía en el conducir que no me desagrada en lo mas mínimo.

  Por lo pronto cuando me bajaba del auto encontré misteriosamente debajo de un asiento un casete de Virus que me traje cuando vinimos en el 2001 y que seguramente tenia escondido en algún bolsillo por miedo a que me lo quitaran en la aduana por tráfico de adolescencia...  Uno de esos tesoros que nunca hubiera podido encontrar en el charity londinense –o las “caridades”, como solía decirle hace tiempo, palabra que me resulta cariñosa y bienintencionada- Volviendo a Virus, probablemente la reliquia haya caído de algunos de mis bolsillos y ahora retorna a mis manos simbolizando el pasado, la nostalgia…  Ay! Tengo dudas de escucharlo… Claro, si asumo que lo vintage está de moda entonces soy moderna… Viva Virus y Federico Moura donde quiera que estés…

Resumiendo, a veces confundir la derecha con la izquierda puede ser divertido…

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La anécdota del dulce de membrillo

  Ayer el cartero dejó en mi casa una notificación para retirar un envío en el  correo. “Requiere firma y es muy grande para el letterbox” decía.
Siempre fantaseo cuando pasan este tipo de cosas.
¿Que será? ¿Quien lo envía? Nunca dicen quien es el remitente así que sospecho también una sutil complicidad del Señor de los Correos…

  Hoy fui a buscarlo. A lo lejos, cuando la persona de turno me acercaba el paquete pude ver flamear – bueno casi- la banderita. Mi banderita azul y blanca. Fueron 2 ó 3 segundos de duda… ¿Pero como? ¿Desde Argentina? ¿Que me mandaron? En el sobre decía alasVALS y poca gente o bien diríase casi nadie desde Argentina me escribe con ese nombre…

  Estiré la vista y pude entonces leer el remitente. Dice Socorro de nombre. No conozco a ninguna Socorro. Abro entonces el paquete y reluce ante mis ojos atónitos una lata de medio kilo de dulce de membrillo.

  Se me llenaron los ojos de lágrimas. No por el dulce precisamente –aunque un poco también- sino por la acción.

  Hace varios meses recibí a través de mi pagina Sapo de otro pozo un e-mail de una chica argentina a quien no conozco, Socorro. Muy directamente me preguntaba “¿Queres una lata de dulce de membrillo?”

  “Bueno, no se, le dije dubitativamente… ¿Estas en Londres?”

  “Estoy en Argentina- me respondió- pero quiero mandarte una lata de dulce de membrillo para que te sientas mas cerca…”

  Casi sin creerlo le pase mi dirección y al tiempo recibí otro e-mail diciendo que la lata había regresado a Argentina porque nadie la había reclamado, lo cual es posible porque estuve de viaje por un mes. Adiós dulce y bienvenido al tour del membrillo!

  Y hoy, de nuevo, ahora si por fin con el dulce en mis manos…
Yo no conozco a Socorro y se que ella no tiene la necesidad de este gesto para con una desconocida, pero me causa tanta emoción saber que existe gente como ella.

  Esto me recuerda mucho a la película francesa Amelie. Cuando iba caminando apretando el paquete no pude dejar de soñar con ese film- uno de mis favoritos- y me sentí uno de sus personajes que eran felices con tan poco y con tanto…

  Gracias Socorro por este instante, por este gesto. Perdí hace poco a dos amigos, uno tristemente de ántrax, el otro de estupidez… y estas cosas me hacen volver a creer en la gente, en la amistad, aunque no nos conozcamos y tal vez nunca lleguemos a hacerlo.
 

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A todos los argentinos nos haria bien emigrar por un rato

  A todos los argentinos les haría bien emigrar por un rato… Se me ocurre, pensando en tantas actitudes que noto de mis compatriotas… Y no quiero decir con esto que sean –seamos- mala gente. Pero noto tantas facetas que podrían mejorar si todos pasáramos por la experiencia de la emigración, aunque sea por un instante, y tomarlo no como un sufrimiento, un desgarro y un canto a la nostalgia sino como una experiencia de crecimiento como seres humanos.

  Vivir en un país que no es el propio, no hablar el idioma, verse en figuritas para insertarse socialmente –no digo laboralmente porque esa experiencia lamentablemente también existe en Argentina-. No dar por sentado que nos merecemos esto y mucho más… adquirir un poco de modestia y saber esperar el turno del otro – en todo sentido-

  Creo que tenemos cualidades invalorables como seres humanos, pero tal vez si las puliéramos un poquito con una dosis de emigración podríamos darnos cuenta que no somos el centro del planeta, ni los mejores del mundo… “Si te quiero es porque sos mi amor, mi cómplice y todo… “ decía Benedetti. Yo sigo queriendo ser argentina de todo corazón, y también quiero querer un poco a todos los demás…
 

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Verano en UK

  Vivir en Inglaterra es lo mismo que vivir en un sitio donde el invierno reina durante casi todo el año. Muchos lo discutirán porque al primer rayo de sol retrucan con que “el clima no es tan malo después de todo”...

Probablemente como ha pasado con muchos inmigrantes, el  verano ha partido para no retornar... O tal vez haya sido expatriado...

¿Existe el verano en Londres? A veces si, a veces no... Depende... Un día brilla el sol como nunca y pensamos que hemos sido bendecidos ¡finalmente! Prontos a la playa desempolvamos las ojotas que supimos conseguir  y los shorts, las remeritas musculosas y las depiladoras eléctricas. Salimos corriendo hacia el rincón de sol más cercano... Por suerte no nos quemamos tanto como lo haría los locales ya que genéticamente conservamos la memoria de nuestros antepasados argentos, recuerdo de un sol que supo ser más constante y supo asarnos durante veranos verdaderos. Así que probablemente nos protegeremos por demás – como un caso muy cercano que conozco que sale con campera, y hasta gorro –de invierno- en los meses estivales-. La carrerita hacia la playa o rincón de sol más cercano probablemente termine en tragedia... Pronto se nubla, empieza a llover y la temperatura desciende unos diez grados centígrados .

No hay explicación alguna que nos conforme o contente...

Al día siguiente el sol será solo un recuerdo de antaño y nuestro botiquín estará inundado de paracetamol, ibuprofeno, descongestivos y lo que fuera para remediar ese resfrío de verano que nos pescamos... Miramos el pronóstico en Internet y la nubecita con rayitas nos va a acompañar durante varios días más. Agosto… ¿Pero estamos en pleno verano no? No hay consuelo... Solo queda esperar a que ocurra un milagro, que por supuesto nunca ocurrirá, ya que si hay algo bastante confiable es el servicio de metereología.

Una amiga mía –italiana- dice que las playas británicas son todas iguales y sumamente tristes. No conozco tanto, pero por lo poco que visité voy a tener que darle la razón. Sobre todo con el tema de la tristeza... Como el recuerdo de un verano que supo ser, las playas británicas son como un fin de temporada... Playas donde no encontraremos gente Baywatch corriendo, surfeando o simplemente caminando o  buscando caracoles. Y donde están los niños desnudos de tanto calor. Simplemente no existe ese cuadro festivo en Inglaterra. Primero porque se los llevaría el viento volando, segundo porque los pies se les hundirían en las piedras garantizando un verdadero trabajo no solo aeróbico sino de supervivencia digno de la isla de Robinson o Cast Away.

Tal vez baste contemplar un poco las playas inglesas para entender un poco más a su gente. Y tal vez baste contemplar esas mismas playas para entender a un argentino en busca del sol...

Solo a un argentino se le ocurriría ir en pleno agosto –verano británico- a la playa sin paraguas...
 

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Vecinos UK

 Vive en un barrio precioso diría mi mamá... No hay motivos de queja en ese sentido. Las casitas son hermosas, y los jardines del fondo permiten conocer bastante de cerca de los vecinos. De las dos propiedades linderas que me tocaron en suerte una es un galpón sin habitar y el otro una casa parecida a la mía, pero que estaba habitada por una pareja británica con sus dos nenas un poco mas grandes que mi hija.

La familia en cuestión acaba de mudarse pero fueron tema de conversación durante más de un año. Ellos, británicos y jóvenes, siempre riendo y trabajando para su casa, su jardín... ¡Siempre un paso adelante nuestro! Al principio nos comparábamos just for fun como dicen por estos lares- solo para reírnos un poco- , pero con el tiempo nos dimos cuenta que realmente, lo del paso adelante, era cierto.

Paso a detallar algunos ejemplos bastante mundanos, tan mundanos que dan vergüenza... A la hora de colgar la ropa por ejemplo. Si yo lavaba la ropa a las 8 de la mañana -cuando salía a colgarla digamos que serían las 9- la ropa de mis vecinos ya relucía en la soga hacía rato. Ni hablar de mezclar colores, un día todo era blanco, otro día todo era rosa y así los días por venir.  Si por esas casualidades yo terminaba de lavar y colgaba la ropa entusiasmada pensando que había sido la primera en colgar la ropa mi vecina ese día no colgaba... A la hora un chaparrón mojaba todo... Ella había mirado el pronóstico, mientras que yo me había dejado engañar por un solcito tramposo que asomaba a la mañana.

Nunca vi jardín tan cuidado y fructífero como el de mis vecinos. Tenían quinta de vegetales y hasta gallinero. Todo diagramado en un desprolijo modo británico digno de envidia que daba los mejores zapallos, higos, legumbres y tomates. El primer verano pensé que yo también era capaz de tener mi propia quinta. Fui al supermercado y compré semillas. Limpié el jardín, planté las semillitas y ¡me fui a Argentina por un mes y medio! Por supuesto que cuando volví lo único que encontré fue un enorme pastizal... Este verano me dije a mi misma que iba a lograr cultivar aunque sea una chaucha, así que limpié el jardín, volví a plantar y esperé... Pero cada mañana que me asomaba encontraba cada vez menos de mis plantitas. Cada vez mas cadavéricas y mordisqueadas por todos lados… En uno de nuestros encuentros a través de la cerca hablé con mi vecina y me dijo que era un gran trabajo el tema de la quinta. Como ellos parecían ser personas bastante ecológicas por llamarlas de alguna forma le pregunté que métodos usaba para combatir a la multitud de hormigas por ejemplo que se pasean sin  desparpajo por mis plantas. Pasearse sería lo menor después de todo. Me aconsejó agua hirviendo en los hormigueros que es algo que yo no pude hacer... mi religión no me lo permite. Así que traté de usar todos los métodos menos nocivos para tratar de erradicar las alimañas de mi jardín, sin resultado obviamente. A esta lista se sumaron una cantidad indescriptible de babosas de los más extraños colores y caracoles. Mientras tanto la quinta de mis vecinos crecía con toda la fuerza del cariño que le ponían quienes la hacían supongo. Finalmente me decidí por una batería de insecticidas que dieron buen resultado, supongo que hice lo mejor que pude... Tengo muchas aspiraciones ecológicas, pero sinceramente este año me dí por vencida en ese aspecto.

Una semana antes de mudarse mi vecina se ofreció a ayudarme en el jardín. Me sorprendió muchísimo ya que no creo que sea muy común que tus vecinos se crucen con sus palas, rastrillos y otras herramientas de jardinería. Pero ahí pude verla realmente en acción. Tenia un equipo profesional de jardinería, mientras yo trataba de plantar y cultivar ¡con las herramientas de juguete de mi hija! En menos de una hora limpió todo el jardín, trasplantó plantas y me dió unas semillas para plantar en macetitas chicas. También una plantita de zapallo que es, hasta el día de hoy, la única que dió frutos. Unos zapallos gordos y hermosos, con un sabor riquísimo. Y pensar que creía que los zapallos del supermercado eran orgánicos…

Unos días mas tarde mis vecinos se mudaron... Y debo reconocer que sentí pena porque que a pesar de no verlos tan seguido –solo a través de la cerca en charlas ocasionales-  ni de  haber compartido grandes momentos con ellos me dió tristeza verlos partir, sobre todo porque parecía que ella tenía un gran aprecio por su casa, y en especial por el jardín... El verano siguió su curso, yo seguí cultivando mi quintita y hoy en día puedo decir que me alegra haber aprendido algo nuevo.

Hoy asisto a la muerte del jardín de mis vecinos ya que la persona que se mudó a la casa contigua-  y a la cual no conozco-  parece creer que el jardín no existe y dejó morir a todas las plantas, mientras la gran cantidad de zapallos, higos y tomates se pudren bajo el sol y la lluvia. El lugar donde estaba el gallinero se transformó en un cráter donde parece haber caído una bomba nuclear. Nada me causa mas desolación que ver la transformación de lo que fue un Edén.

Eso me da que pensar en lo importante que es dejar herederos en el arte que nos toque en la vida... ¿Pero como se transmite el amor y el cariño por algo tan especifico a alguien a quien no conocemos?

Supongo que el espíritu del jardín de vecino ahora reina en mi casa entonces...

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Especial de Navidad
 

¿Cuál es la palabra que se irá repitiendo en nuestros oídos con crecimiento progresivo desde fines de octubre? ¿Vacaciones? ¿Viajes? ¿Argentina? No. A mi entender es “Christmas!”.

Este año las publicidades, sobre todo en televisión, comenzaron de forma temprana. Hacia finales de octubre ya podíamos ver ofertas para adornar la mesa navideña, regalos de todo tipo- especialmente perfumes, joyas, CD’s y playstation. Hasta un programa que no llegaba a diciembre decidió despedirse con una gran fiesta navideña con sus conductores e invitados vestidos para la ocasión, incluyendo a Kylie Minogue vestida de Mamá Noel- quiero decir, Santa. ¡Y estábamos tan solo en octubre!

No voy a repetir la frondosa lista del año pasado, pero estoy asombrada del ingenio humano que se las rebusca para inventar objetos navideños que no nacieron para ser adornados con estrellitas ni con nieve artificial de cotillón. Esta “Christmas season” – porque aquí es una estación, o temporada bastante larga, hubo cafés especiales como el de Starbucks, “Christmas blend”, que dice claramente en su publicidad “para disfrutar en la temporada festiva”. O sea que, después ¿no puedo? No me quiero olvidar de la pizza navideña de Asda, cortada en forma de arbolito, donde la mozzarella vendría a representar
la nieve, y lo peor d
e todo, las rodajas de salame vendrían a reemplazar a las bolas coloradas.

La sucesión de films navideños no escapa a los que ya hemos visto y revisto en la televisión abierta. “Milagro en la calle 34” y “The Grinch” encabezan la lista. Esto me hace recordar aquel film de Bill Murray –que no tiene nada que ver con la Navidad- pero sí tiene que ver con la repetición de situaciones, “El día de la marmota” (Groundhound day), donde el protagonista se levanta y vuelve a vivir todos los días las mismas situaciones. Así como en el capítulo de la marmota se sucederán las mismas despedidas con los compañeros de trabajo que el año pasado, las mismas borracheras programadas, la misma lista de regalos, los mismos 80 % de argentinos volando de regreso a Argentina entre el 5 de diciembre y el 5 de enero, y la lista sigue. Déjă vue!

Hace poco, y por pura curiosidad, hicimos –dijo el mosquito- una encuesta entre nuestros amigos ingleses preguntándoles qué festejaban en la Navidad. La mayoría respondió que se trata de una fiesta familiar y casi ninguno la vinculó con motivos religiosos. Mi humilde duda es si la extensa cantidad de diferentes cultos que residen en Londres festejan la Navidad de esta misma manera tan fanática o simplemente se adaptan a la invasión de los medios, y terminan festejando aunque no quieran.

Otra curiosidad con la que fuimos sorprendidos esta temporada fue el pesebre Navideño del museo de cera Madame Tussauds, muy criticado por la Iglesia Católica y atacado el último fin de semana por un visitante al museo. Allí David y Victoria Beckam representan a José y María, mientras que George W.Bush, Tony Blair y el príncipe Philip representan a los reyes magos. Hugh Grant no fue muy beneficiado en esta puesta, donde recibió el papel de pastor mientras que Kylie Minogue –muy popular por estas tierras- hace de angel. Claro, en Buenos Aires todavía no tenemos un museo de estas características así que es imposible hacer cualquier paralelismo, pero por qué no soñar por cinco segundos e imaginar qué celebridades locales podrían representar el cuadro. ¿Maradona? ¿Florencia de la V? ¿Guido Suller? ¿Pampita? Candidatos no faltan seguramente.

Hoy recibí una llamada telefónica del mismísimo Santa, que empezaba diciendo “Oh, oh, oh! I’m Santa…" y terminaba con que había ganado un viaje a Disneyworld. La verdad que nunca me quedo escuchando los mensajes grabados de publicidad telefónica, pero en este caso lo hice. Me dio pena cortarle a Santa…

Para ir cerrando, y sobre todo para no ser tildada de pertenecer al comando anti-Navidad porque a mí también, para qué negarlo, me gusta brindar a las doce (ni a las diez y media, ni a las once y cinco, ¡a las doce señores!) comiendo mis doce pasas de uva y pidiendo tres deseos para el próximo año. Como decía, ya que todo vino por anticipado en Londres este 2004, yo me anticipo a lo que veremos durante el próximo mes de enero, los miles de cadáveres de arbolitos de Navidad secándose en las veredas y esperando a ser recolectados para convertirse en lo que el futuro les tenga asignado en la cadena de reciclaje – o por lo menos eso espero. Algunos dirán que estos arbolitos si bien son naturales fueron cultivados especialmente para ser eso: un arbolito de Navidad y nada más, para adornar las fiestas familiares de todo Reino Unido, que son muy lindos y pintorescos, que a nadie le importan las miles de pequeñas hojitas que despiden cuando invariablemente luego de ser cortados empiezan su carrera contra el reloj para secarse lo mas lentamente posible, que no hacen ningún daño ecológico al cortarlos ya que no formaban parte de ningún bosque natural o reserva, que el Amazonas queda lejos, en fin, las justificaciones serán muchas.

Por mi parte me reservo el derecho de seguir festejando la Navidad a la vieja usanza argentina, adornando mi arbolito de plástico y brindando a las doce. Me faltarán Papá Noel, los fuegos artificiales – que aquí también se anticipan y son en noviembre aunque por otro motivo-, la ensalada de frutas, y alguna abuela salpicándonos de sidra en los ojos.

Feliz Navidad para todos los que la festejan. Feliz fin y comienzo de año para todos.

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Amistades congeladas

   Una amiga mía que ahora vive en España me dijo una vez "es que yo acá me junto con gente que en Argentina nunca me hubiera juntado..." Y a mi esa frase me quedó rebotando porque creo que en gran medida a todos los que emigramos nos ocurre algo similar.

  A lo largo de estos años (8 ya!) conocí muchísima gente. Algunos partieron de Londres y paradójicamente es con ellos con los que tengo algún que otro contacto vía e-mail. (un amigo en Korea y una amiga de Bulgaria que vive intermitentemente en Londres a los cuales los aprecio mucho.)

  Muchos de los que siguen estando y yo consideraba “medianamente” amigos ya no lo son, la vida nos va separando y resulta que los lazos no son tan fuertes.

  Tengo amigos en Londres? Hoy puedo decir que no, sinceramente no los tengo. Tengo conocidos? Muchísimos… Tengo alguien con quien compartir algún problema intimo? No, y eso es lo más difícil.

  Conservo algunas de mis amistades de Argentina. Mis mejores amigas siguen viviendo allí, son dos.

 También están las amistades que uno no se da cuenta que las tiene hasta que las pierde, por ejemplo el caso de Nando – músico con el cual tocaba y crecimos musicalmente hablando en Londres y que falleció inesperadamente en noviembre del 2008 - . Ahora tengo contacto continuo con su madre y su hermana de Madrid, nos escribimos y compartimos memorias. Hay una amistad?  No lo se… Hay una conexión porque yo fui una pequeña parte de la vida de su hijo/hermano pero son relaciones que me hacen bien. El tiempo dirá…

  Sinceramente creo que una de las pocas cosas que extraño de Argentina son los cafés con mis amigas, la referencia de haber crecido juntas, poder reírnos de lo que vivimos...

  Para concluir y como explicación una de mis mejores amigas me dijo algo muy importante, que si bien es cierto que tuvimos un pasado común no seguiríamos siendo "amigas" si no hubiéramos creado una conexión, intercambio e interés en el presente. Hay relaciones que quedan congeladas en el tiempo y esas tampoco sirven...


Mis casas

  Desde que vivimos en Londres nos mudamos unas cinco veces (sin contar las primeras semanas en que nos mudamos dos o tres veces dentro de la misma sharehouse).

Mi hija, de dos años, ya se mudó dos veces. Yo no me había mudado hasta los 19 años, e incluso con mi familia.

De todos modos para mi, mi casa del corazón sigue siendo la de Argentina. Como nunca decidí irme mi casa está como yo la dejé, con mis cosas, muebles, adornos, libros, historias… Cada vez que vuelvo desempolvo un poco y vivo allí. Me encanta reencontrarme con quien fui… pero también me da muchísima tristeza cada vez que veo que algo se deterioró por el paso inexorable del tiempo, y cuando me tengo que ir siento un desgarro por dentro…. Desde que me fui se me secó un árbol hermoso y otro acaba de caerse por la tormenta. Cada vez que vamos mi hija es feliz en “la casita de Argentina”, pero yo se que ella siente que su casa es esta, la de Londres.

Antes de quedarnos en Londres viajábamos por diversión –o para huir de Argentina- y recuerdo mi ansiedad por llevarme pequeños recuerdos o pedacitos de momentos vividos, esas cositas que uno guarda sobre todo cuando es turista.

Desde que vivo en Londres nunca mas compré recuerdos ni souvenires, porque como tengo la certeza de que volveré a irme no quiero “juntar cosas”, entonces hasta me desprendo de cosas todo el tiempo…las dono a charities, las regalo...

Hace poco fuimos a visitar a una amiga a España y todas las noches Perla llorisqueaba y me pedía que quería ir a “la casita de Perla”. Cuando estábamos de regreso, y ella empezó a reconocer desde el auto el barrio en donde vivimos empezó a gritar “esta es la casita de Perla!!” como alegría. Ahí me di cuenta que tengo que decidir pronto por una casita para mi hija y para mi.

 


Exacerbación del ser argentino

Da la casualidad que viajo a Argentina a conocer a mi sobrinito y coincide que tienen lugar las elecciones nacionales. Mi madre me busco en los padrones pero ya no estoy, no se si se debe a que en algún momento me borraron o hice el cambio de domicilio. Y no es que me muera por votar pero creo que es importante hacerlo, por lo menos si justo coincide que estoy en el país. En el exterior no voto, pero creo que debería hacerlo, no entiendo como todavía no lo hice…

El otro día le comente a una amiga mi situación a ver si ella sabía que tengo que hacer y su respuesta fue: Ni idea, que raro que te interese votar...

Ella es muy amiga mía, desde el secundario, y es del grupo de amigas que siempre veo y sigo en contacto permanente, y la verdad que no lo tomo como una respuesta personal, quiero decir, directamente de ella, sino como una respuesta general de como nos ven a los que vivimos en el exterior.

A decir verdad los argentinos que vivimos en el exterior vivimos una exacerbación del ser nacional, no digo que seamos mas argentinos que los que viven en Argentina, pero tenemos un idilio permanente con la argentinidad. Nos emocionamos cuando escuchamos el himno nacional, nos ponemos la escarapela!!! cosa que no hacíamos desde la escuela primaria, corremos detrás de todo espectáculo de tango sin importarnos si los bailarines sepan lo que es el 2 por 4 o bailen una mezcla de danza jazz con espectáculo erótico, asistimos a los homenajes que organiza la embajada a los ex- combatientes de Malvinas, San Martín y otros próceres con menos publicidad, organizamos cenas a beneficio de comedores infantiles, etc. etc. En muchos sentidos nos volvemos más activos. Será que a través de ese movimiento nos acercamos un poco…

Sentimos - y no es joda, es fisico-  que somos argentinos las 24 horas del día, porque el medio nos hace sentir así, somos de afuera, y todo el mundo nos pregunta de donde somos. Parece que al decir de donde somos estamos diciendo a donde pertenecemos en realidad y asi podemos ubicarnos en los nichos donde se coloca a la gente.
Hombre, mujer, edad, profesión, nacionalidad… inmigrante…
 

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Ser y sentirse extranjero

Somos extranjeros. Eso no hay quien lo dude. Somos, lucimos, hablamos  y sentimos diferente en una tierra donde la luz en el verano se extiende hasta las diez de la noche, y donde nuestros cuerpos no llegan a adaptarse a los efímeros y oscuros dias invernales.

No reniego de serlo –extranjera- pero últimamente detesto que me pregunten de dónde soy. A veces ni siquiera tengo que abrir la boca, o sólo basta con decir un yes, o pedir un vaso de agua para que llegue como una condena a mis oídos : Where are you from? Italia? España? Francia? Pero nunca, nunca se les ocurriría que vengo de mucho mas lejos, de mucho mas al sur, casi de donde se termina el mundo… Tanto se me nota digo yo? La última vez un vendedor de una farmacia, luego de haber dicho dos palabras wn inglés me dijo: Do you speak Spanish better than English? A lo que respondi : Of course.   Y yo se que no lo hacen por maldad (no así el caso del vendedor de la farmacia, tal vez – Insisto, se que no es maldad, y a veces hasta tampoco por curiosidad en verdad- sino por ser polite, porque hay que hacerlo… Es una especie de disparador automático que sucede, llega y es obvio que si escuchan a alguien con acento diferente o apariencia dudosa – en el sentido de que no pueden distinguir exactamente de que punto de la tierra viene como lo harían con un indio o un árabe, el manual de politeness dice que tienen –deben- preguntar. Porque aquí hay un manual para todo, y si no existe se lo inventa. Pero nada queda librado al azar.  Todo tiene su manual de instrucciones, hasta la Coca Cola que en la tapita dice Open by hand por ejemplo.

Qué distinto de Argentina, donde el único manual que conocí en mi vida fue el Kapelusz de cuarto grado, y donde a nadie (a nadie!!) se le ocurriría mirar un manual de instrucciones antes de encender un artefacto, de cocinar una comida que viene semipreparada o de probar las luces del nuevo auto familiar. Somos amigos de la improvisación, para que negarlo? Los manuales son una pérdida de tiempo en la mayoría de los casos y preferimos dar rienda suelta a nuestro raciocinio antes que perder 5 ó 10 minutos sin poder probar el nuevo artefacto por ejemplo.

La ansiedad nos mata…Será por eso que me preguntan de dónde soy tan seguido? O porque sencillamente me cuesta leer los manuales? Aunque últimamente debo reconocer que uno que otro miro. La adaptación es lenta, pero llega.

En fin… bienvenidos a Londres, tierra de excentricidad, de colorido y de mucho gris por contraste; de pocos días soleados y nubes casi eternas; tierra de libertad y de manuales de instrucciones. Y tambien de conservación casi religiosa de hasta el último escarbadientes que usó Sir Elton John en su último asado, pero eso lo hablamos en otro capítulo.

 


Qué es ser un “Sapo de otro Pozo”?

Supongo que todos tenemos una respuesta más o menos parecida... Se puede ser “Sapo...” durante un rato, durante un tiempo, o durante toda la vida. Esa es una situación personal en la que no vale la pena profundizar demasiado. En los últimos tiempos muchos argentinos nos vimos, no diría yo obligados, pero sí con mayor incentivo a alejarnos de nuestra circunstancia... algunos lo harán por poco tiempo, otros por mucho, quien sabe...

Y mientras tanto? Mientras tanto sigamos creciendo, sigamos comunicándonos, sigamos sembrando... Una vez leí una frase que decía que sólo se podía volar si se tenían buenas raíces... y eso es lo que quiero compartir con ustedes... “Sapo de otro pozo” donde quiera que te encuentres...


Sólo con Argentinos? NOOOOOO!!!


  La situación se repite una y otra vez. Al conocer algún compatriota surgen siempre las preguntas de rigor: Hace cuanto estás acá? En qué zona vivís? De qué vivís? Repitiendo casi de memoria una especie de interrogatorio que me hace acordar de mis días de Domingo matinée en Electric Circus de Quilmes… Para finalmente pasar a la pregunta del millón: Y conocés muchos argentinos?  La respuesta me sorprendió varias veces por la similitud, casi exacta: Si, pero no me junto sólo con argentinos eh??????

Supongo que es de público conocimiento que viviendo en una ciudad tan multicultural como Londres es casi imposible juntarse “sólo con argentinos”.  Pero tampoco estaría mal juntarse, y de hecho la mayoría lo hace (lo hacemos),  pero me pregunto si es necesaria la aclaración…

En estos ocho últimos años de mi vida, vividos en Londres, conocí infinidad de argentinos y creo que ése es un cambio de mentalidad que los emigrantes de otras generaciones no pudieron disfrutar. Porque no se trata de estar todo el tiempo llorando al lado de una pava y un mate, sino de seguir disfrutando de nuestas costumbres y de compartirlas. De darse una mano cuando es necesario, de hablar de la misma forma, de reirse de los mismos chistes, de saludarse con un sólo beso (ni dos ni tres, sólo uno),  de reducir en cierta medida el fantasma de la soledad.  De ser solidarios… Y de no seguir negando de dónde venimos y quienes somos. 

Varios conocidos de otros países latinoamericanos me confesaron una cierta envidia de la unión argentina, ya que ellos no tienen puntos de encuentro o intercambio con sus compatriotas en Londres.

Ahora puedo también comprender el espíritu de esas pequeñas sociedades de fomento que tantas veces ví desparramadas en los barrios argentinos, esos clubes ucranianos, checos, italianos, o de donde fueren.  Esos pequeños espacios donde tantos inmigrantes se reunían simplemente para compartir una charla.

Tantos inmigrantes, como nosotros…


La Fantasia del olvido


Al principio las preguntas vía e-mail eran casi diarias: “Contame que estás haciendo, como es tu vida... ¿Conseguiste trabajo? ¿Tenés amigos nuevos? ¿Cuánto cuesta un café? ¿Y a cuánto cotiza la libra? ¿Cómo está el tiempo? ¿Hace frío? ¿Hace calor? ¿Cuándo volvés? ¿Venís para Navidad? ¿Extrañás????

Lentamente los e-mails van espaciándose, al igual que las preguntas, los interrogantes... Lentamente se va develando el misterio... Si hasta parece que ya a nadie le interesara lo que uno está haciendo en esta remota isla... Si hasta parece que siempre hubiéramos estado acá, que nunca hubiéramos emigrado, que ya no sorprende a nadie las mil y una aventuras nuevas que florecen día a día... Si hasta parece que fuera muchísimo más interesante saber de las vidas de aquellos que se quedaron, las amigas que se van casando o cambiando de novios, los sobrinos que van naciendo, los padres que se jubilan, en qué playa de la costa argentina planean sus vacaciones este año los amigos que todavía nos quedan, el programa nuevo de Flavia Palmiero por Canal 9, o porqué sacaron del aire “Rebelde Way”...
Todo parece muchísimo más interesante... a la distancia.

La Fantasía del Olvido, bien podría ser el título de un tango argentino. Pero resulta ser en este caso el enigma que sobrellevamos muchos de los que elegimos vivir “afuera” a medida que el tiempo pasa y “dejamos de ser noticia”. Es la misma sensación de mudarte a tu primer departamento solo, pretendiendo que nadie ocupe tu lugar en la casa que dejaste, que nadie use tus cosas, que todo siga igual de algún modo. Y la realidad proclama que no se puede vivir de lo que no fue, vivir a medias pretendiendo estar en dos lugares a la vez. Que el riesgo del olvido existe para qué negarlo... pero también se abren nuevos caminos, nuevos espacios, nuevas búsquedas y nuevos hallazgos. Y que todo en esta vida es cuestión de elección. 


En busca del cafe perdido

¡Mozo! ¡Un cortado!

Durante mucho tiempo la búsqueda del café perfecto fue una de las grandes cuentas pendientes de nuestra  vida londinense. El café en Argentina es un sitio de encuentro con amigos, de charlas, de reuniones de trabajo, y en mi caso de escritura. Fue así como todos los fines de semana salíamos a recorrer a pie distintos barrios, especialmente los de los alrededores a donde vivimos, buscando un café, o sea… un café, ¿soy clara? La decepción no tardó en llegar, aunque nuestras expectativas tardaron un poco más en ceder. Los cafés típicamente británicos constituyeron nuestro bautismo de fuego. Pero la idea de compartir un café con porotos con salsa siempre estuvo lejos de nuestras ambiciones en la vida. Paralelamente las cadenas de café pululan en casi todo Londres –menos en Raynes Park donde yo vivo…-. Los cafés de cadena o cadenas de cafés según desde qué lado se miren ofrecen TODOS lo MISMO de la MISMA forma, TODOS los cafés igualitos, en las MISMAS tacitas, casi con el MISMO gusto, casi con el MISMO precio, etc, etc.

Lo único distinto es que allí somos recibidos por un empleado que cambia todas las semanas- y no los culpo, quienes pasaron por las cadenas saben de qué estoy hablando- y nos pregunta SIEMPRE lo MISMO, aunque jamás nos preguntará ¿lo MISMO  de SIEMPRE?.
Lattes, capuccinos o mochas en tazas chicas, medianas y grandes. IGUALES. Lugares acogedores – e IGUALES- en cierta medida, pero carentes de identidad –mas allá de la de la cadena obviamente- un standard que nos aplana y nos desdibuja las diferencias e intereses.

Londres, la ciudad que nunca duerme, ¿o estoy viendo otra película? La verdad es que si no quiero dormirme y pretendo tomarme un humilde cafecito mejor me voy a dormir y espero hasta la mañana siguiente porque va a ser casi imposible conseguir un café abierto después de las 7 ú 8 de la noche.

¡Y yo deseando todavía tomarme un cortado…! A propósito ¿quién dijo que el idioma español es más largo que el inglés a la hora de la traducción? Después de dos años de tomar enormes cafés que no tenía ganas de tomar me animé a traducir la palabra “cortado”. “A single espresso with a bit of hot milk”. La primera impresión que tengo es que no entendieron lo qué les pedí y la segunda casi la certeza de que me van a traer cualquier cosa. A veces acierto, otras, por suerte, no.

Hace tiempo, en una de las Newsletters de Sapo de otro pozo, escribí un llamado a la solidaridad que tuvo una sola respuesta. Allí imploraba por un café decente en Londres y Lloica Czackis me sugirió ir a Maison Bertaud en el SOHO. No se equivocó.

Aún no pierdo las esperanzas de encontrar otros, está en mi naturaleza.


Maldigo mi suerte

¿Cuántas mañanas me levanto con ese sentimiento y esa pregunta sin respuesta “¿Qué hago en esta isla? ¿Por qué no estaré en otro lugar? ¿Hasta cuándo?

Cuántas veces maldigo el hecho de haberme ido, de haber juntado mis tres porcas miserias como diría mi abuelo calabrés y haberme animado a descrubrir nuevos caminos.

La verdad es que casi ninguno de los que vivimos en el exterior somos “lo mismo” que éramos por los pagos en un ciento por ciento. Como en toda regla existen algunos casos,  pero yo diría que son de laboratorio. La gran mayoría hemos probado al menos una nueva profesión, nuevos estudios y conocido distintas formas de vida (en Argentina hasta lo que yo recuerdo no existe el flatshare con más de 2 o 3 personas por ejemplo).
Al  final del día seguramente ésta sea una posibilidad que nunca hubiéramos tenido en nuestro país, donde nuestros destinos (si Dios y los gobernantes de turno lo permiten…) hubiera estado planamente escrito desde el principio hasta el final, donde no nos hubiéramos animado a ser “otra cosa”.

Y es ahí donde aparece el factor sorpresa que al principio sorprendió, pero hoy en día no sorprende a nadie valga la redundancia. ¿Y a quien puedo asombrar si le cuento que de arquitecta pasé a ser cantante, de cantante a peluquera, y de peluquera a acomodadora de un cine o investigadora en una Universidad de Kazakiskán? ¿A los argentinos en el exterior? Ni soñarlo!!!

Por supuesto que hubiera preferido que nada hubiera ocurrido en Argentina, que todo hubiera seguido igual o parecido, que ningún chico hubiera muerto de hambre… Pero esa es una realidad que nos tocó vivir tanto a los que estamos afuera como a los de adentro. Y en mi caso, como en el de tantos otros, nos cambiamos de lado del mostrador, pero seguimos atendiendo.


Cuanto más me acerco, más lejos estoy. . .
       La iglesia de la autopista a Ezeiza...  La iglesia de la autopista a Ezeiza...  La iglesia de la autopista a Ezeiza...

Viajar de regreso –cuando digo “regreso” me refiero, todavía, a Argentina-, sea por unos pocos días o por una estadía prolongada me produce una inmensa sensación de alegría, pero paradójicamente también me muestra un espejo que empieza a  distanciarme de un territorio que creía conocer. El tiempo no se detuvo mientras estuve afuera, el tiempo siguió transcurriendo sin mi presencia. Hubo cambios… Mi acostumbramiento al nuevo sistema donde emigramos hace más de 4 años fue vital para lograr sobrevivir en esta nueva realidad que elegimos. En consecuencia y casi sin quererlo apareció una sensación que creía imposible de sentir: extrañar el nuevo “hogar…”

Para aquellos que estamos en el exterior, Argentina, sigue siendo el referente de muchas de nuestras actividades –para algunos más, para otros menos- y a mi entender lo seguirá siendo siempre. Pero es cierto que aunque no queramos aceptarlo, la distancia existe y va creciendo con el correr del tiempo.

Argentina sigue siendo nuestro cordón umbilical pero es inevitable tender nuevas redes y crecer hacia otros horizontes. ¿Es valido tratar de sobrevivir dejando a un lado las sensaciones dolorosas de la partida para reemplazarlas por otras nuevas?
¿Será el comienzo del olvido?
 
¿El fin de la nostalgia de emigrante?
No lo sé…

El idioma, la familia, los amigos, son nuestros puntos de conexión más profundos. Son los que nos permiten seguir atados a nuestras querencias, a nuestros recuerdos, a nuestras esquinas – que aunque hayan sido demolidas seguirán en nuestra memoria como el pueblito de Italia del abuelo.

Para terminar quiero hacer hincapié en aquello que yo llamo de forma simpática “doble vida”. Somos aquellos que vivimos en realidades paralelas, podemos sentirnos cómodos tanto acá como allá, desarrollar actividades en ambos lugares, etc. Si es beneficioso o no, tampoco tengo la respuesta. Sólo sé que nuestro cerebro puede encargarse perfectamente de conectarse y desconectarse en estos mundos tan distintos en los que elegimos vivir. Obviamente que esta “doble vida” tiene un precio: no dejar de ser un pasajero en tránsito por la inmensa realidad…


Atentado en Londres  
7 de Julio de 2005

Londres

Estamos bien, gracias por preguntar. Gracias a todos los que nos escribieron y se comunicaron.

Ayer 7 de julio, hoy… Fueron días raros porque hay mucha información desparramada en los medios, hay gente contando lo ocurrido, o gente imaginando lo que ocurrió… Pero paradójicamente poco se sabe acerca de qué es lo que en realidad pasa. Recomiendan no ir al centro de Londres, sólo en casos absolutamente necesarios. El transporte ya fue restablecido casi en su totalidad.

Ayer, 7 de julio, fue un día extrañísimo. Vivo en Londres hace 4 años y presencié - como muchos- todo por televisión. Aunque estaba cerca, me sentía lejos. Muchas veces tuve la sensación de ser un espectador horrible de sucesos que aunque efectivamente sabía que estaban ocurriendo  pasaron tantas veces en los últimos años que uno deja de creer en lo que ve.

En la televisión de aire británica no mostraron escenas de caos, ni gente llorando ni gritando… Nada. No se parecía a ninguno de los atentados de los que hemos sido testigo en los últimos años- 11 de septiembre, Amia, Embajada de Israel, o el mismísimo Cromagnón. Entonces no sabemos muy bien en qué creer.

Sabemos que los hechos ocurrieron pero lo que no distinguimos es si los atentados se tomaron en forma natural, casi inevitables, o si no los mostraron para no sembrar más pánico entre la población. Me inclino a pensar en la segunda opción.  Tampoco sabemos qué tan grandes fueron los daños, aunque sí se conoce el número de muertos. Aparentemente no hubo compatriotas afectados por los atentados. Sólo testigos presenciales que la casualidad quiso que estuvieran cerca de los hechos. Como una amiga que se mudó a Russel Square apenas dos días antes y escuchó la explosión del ómnibus desde su habitación.

De todos modos, con o sin víctimas argentinas, nos queda una sensación de angustia inevitable, como si no se pudiera estar seguro en ninguna parte del mundo. Como si formáramos parte de una guerra donde sólo inocentes mueren casi sin darse cuenta.
 

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